10 cosas que usted debería saber sobre la ley de femicidio, y bánquese la reacción

Se aprobó un agravante del homicidio que, al final, no servirá para nada. Estas son las razones
1. La enorme mayoría de quienes apoyaron en el Parlamento crear la figura del femicidio y connotados miembros de la judicatura coinciden que el paso legislativo no va a contribuir a mejorar la situación de violencia doméstica que es lo que se busca combatir. La ley de femicidio "no va a tener un efecto de disuasión", declaró el presidente de la Suprema Corte de Justicia, Jorge Chediak. A su vez, la senadora frenteamplista Daniela Payssé dijo que no será una fórmula "mágica".

2. Algunas voces justifican la aprobación de este agravante del homicidio en que será "una señal" para el Poder Judicial. No queda claro qué significa "una señal". Una señal ¿para qué? La Justicia debe aplicar la ley. Por otra parte, no es la primera vez que la abrumadora cantidad de leyes que hay en el ordenamiento judicial uruguayo sigue creciendo no porque se busque solucionar un problema o llenar un vacío sino para dar "una señal política". Menuda política legislativa.

3. Particularmente el oficialismo incursiona en una contradicción a la hora de votar esta medida ya que por años cuestionó a los partidos tradicionales por impulsar el aumento de penas como forma de combatir el delito. Para ningún delito parece funcionar el aumento de penas ¿pero para este sí? ¿Por qué será que ingresan en esta contradicción sin hacerse demasiado problema?

4. Posiblemente la respuesta a la pregunta anterior haya que buscarla en la multitudinaria marcha que tuvo lugar el Día internacional de la mujer. El tema, más que un asunto de política criminal, huele a proselitismo electoral por dónde se lo olfatee.

5. Los agravantes ya tipificados para el homicidio, que son varios y variados, aluden a formas y circunstancias en que se comete un crimen, pero no a la persona. Juristas como el abogado Juan Fagúndez, que calificó a la norma de "Frankenstein legal", dijo que es inconstitucional ya que agrede el principio de que todos somos iguales ante la ley.

6. El punto anterior abre un flanco de debate difícil de rebatir por los defensores de una nueva tipificación. Si se busca amparar a una persona por su situación de fragilidad, ¿por qué se excluye a otros colectivos que también son débiles desde una perspectiva criminal, como los discapacitados o los niños? Hay más de 2.000 denuncias por año de abuso contra niños. Si, como se sostiene, los delincuentes conocen las leyes que van a violar al momento de delinquir, un padre de familia violento sabrá ahora que la ley será más benévola con él si mata a su pequeño hijo que a su mujer. Se podría perfectamente parafrasear al coronel Kurtz y sus últimas palabras en el film Apocalypse Now: "El horror".

7. Con todo lo grave que implica la violencia doméstica como fenómeno social, la nueva norma no puede defenderse en función del volumen del problema si se está hablando de homicidios de género. En 2016 hubo 265 homicidios, de los cuales el Ministerio del Interior registró dentro de la categoría violencia de género a 16. Muertos en rapiñas hubo el doble pero no se plantea aumentar esas penas porque, como se ha dicho, la mayoría oficialista rechaza que aumentar penas sea una solución al delito.

8. El énfasis que se ha puesto en reclamar una medida represiva que, como otras, revelará su ineficacia en combatir el problema de fondo, no tuvo una contrapartida en planteos para rehabilitar al homicida, al violento, básicamente hombres, cuando los trabajos de orden psicológico han demostrado dar resultados. Con esta norma quizás el violento esté algún año más en prisión pero cuando salga será el mismo violento, o peor, que entró. Y quizás haya una nueva víctima en su horizonte, ya que no existen en el país a nivel estatal programas específicos para atender a esta población. Si una parte del odio que genera el violento se pudiera transformar, no en perdón ni misericordia, sino en algunas dosis de razón, quizás se podrían evitar futuras víctimas.

9. La ausencia de políticas de rehabilitación y la ubicación en un segundo plano de la violencia ejercida no contra mujeres mayores de edad sino contra niños y niñas, es un combo en el que seguramente se encuentre parte del origen de la violencia doméstica. El psicólogo Robert Parrado dijo recientemente a El Observador que en un estudio que realizó (único en la región) con más de 100 hombres abusadores sexuales, el 100% había sido víctimas de abuso en su niñez. Una lógica similar funciona con los violentos. La no atención a tiempo de los niños violentados por sus mayores (hombres y mujeres) y la desatención de esos mismos sujetos cuando ya mayores perpetran actos agresivos, conforma una dinámica perversa sin comienzo ni final, una noria de violencia perpetua.

10. Es altamente probable que, de acuerdo al nivel de tolerancia social imperante, esgrimir alguno o todos estos argumentos le hagan a uno ganarse el mote de "machista".


Comentarios

Acerca del autor