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Por Joaquín Ramos

Faltan inversores

Hace unas semanas se publicó un rumor de que un magnate japonés le pagó a los guionistas de la Warner Bros. para que produzcan un capítulo de el Correcaminos y el Coyote, en el que el segundo...



Hace unas semanas se publicó un rumor de que un magnate japonés le pagó a los guionistas de la Warner Bros. para que produzcan un capítulo de el Correcaminos y el Coyote, en el que el segundo finalmente consigue atrapar al primero. Pueden disfrutarlo en youtube o googlearlo y verán el tan esperado final. Con el dinero pueden hacerse muchas cosas, pero ésta seguro fue una manera original de gastarlo.

Mito o verdad, muchas personas se habrán sentido a gusto o complacidas por el capricho del señor Lee (ese no es su nombre, lo desconozco, pero nos evita el tener que referirnos a dicha persona como el “magnate japonés”). ¿Quién no ha deseado que el pobre e infeliz Willy Coyote atrape al Correcaminos? ¿Quién no se ha enternecido con los ojitos tristes de este animalucho flaco, cuando, una y otra vez, sus planes se volvían en su contra? Si recordamos Armagedon, Steve Buscemi, en una de las reuniones previas al lanzamiento de la nave espacial, expresa que se siente como el Coyote sobre uno de sus cohetes Acme y quiere saber si será de esa manera el despegue, porque “nunca le fue muy bien al Coyote”. Incluso hay quienes pueden haber perdido la cordura ante la repetida imposibilidad del Coyote de atrapar al Correcaminos. Un ejemplo de lo anterior ocurre en la película que interpretan Denzel Washington y Russell Crowe (Virtuosity, 1990), donde Denzel debe atrapar a Crowe, que es un asesino virtual llamado SID 6.7. En dicha película, Washington en realidad era un policía psicópata que había perdido la cordura con el trauma de que el Coyote nunca había podido atrapar al Correcaminos.

Habrá otros señores Lee con algunos deseos frustrados y ojalá que estén leyendo esto, pues me encantaría, por ejemplo, que alguien le pague a Hanna & Barbera por dejar que Tom atrape al perverso de Jerry (conozco unos cuantos que odian ese ratón) y se lo coma muy lento, disfrutando cada pedacito; o que Alan Harper (Two and a Half Men) junte el coraje necesario para no dejar exprimirse por su ex mujer. También me encantaría que Quentin Tarantino nos cuente qué había dentro de ese maletín en Tiempos Violentos (Pulp Fiction, 1994), aunque en el fondo trato de engañarme y pienso que había algo similar al contenido del portafolios en el video clip de León Gieco “Ojo con los Orozco”.

Señor Lee, ¿usted no quiere saber para qué eran las tres conchas de metal ubicadas encima de los retretes en El demoledor (Demolition Man, 1993)? Sylvester Stallone lo pregunta dos veces en la película y el resto se reía de su ignorancia, pero nunca le contestaban. Al parecer era una nueva manera de higienizarse luego de ir al baño. John Spartan (Sylvester) maldecía frente a una máquina que expedía multas en papel, pues nunca aprendió el funcionamiento de las conchas metálicas.

Pero lo que más quisiera en la vida, Sr. Lee, es que William Wallace (Corazón Valiente, 1995) no confíe en el blandito de Robert Bruce Jr., ya que el leproso de su padre lo había traicionado. Digo, ya le había fallado una vez y los ingleses lo compraron en una batalla, ¿qué necesidad de volver a confiar en él? ¿El decrépito padre de Bruce Jr. no pudo morirse de lepra un par de días antes? No, tuvimos que soportar la tortura a William y nunca vimos cómo el leproso moría.

En fin, hay muchos guiones por retocar, sólo faltan inversores…

Joaquín Ramos


Fecha: 30/10/2009 | 15:03 | Montevideo, Uruguay

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