A la caza de los donantes para Siria

ONU pidió US$ 3,18 mil millones para la crisis humanitaria, un protagonista cuenta las urgencias
El de ayer fue un día clave para Raúl Rosende y para los 13,5 millones de personas a las que representa. Es uruguayo y dirige la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios en Siria, desde donde se atiende a los afectados por una guerra que comenzó hace casi cinco años. Ayer se celebró en Londres la conferencia anual de recaudación de fondos para la crisis, una jornada en la que se procuró conseguir miles de millones de dólares para atender las necesidades de los más urgidos en el planeta.

El presupuesto que elaboró su oficina fue ambicioso: US$ 3,18 mil millones para 2016. Y habría que sumar el pedido de un plan hermanado con el suyo, el de atención a los refugiados, para el que se solicitan US$ 4,55 mil millones. (Aquí se puede ver el presupuesto completo).

Hace unas semanas Rosende estuvo en Uruguay y, en diálogo con El Observador, dio detalles de cómo se concretan las donaciones para aquellos que no tienen agua, luz o casa, directamente.

"Los donantes tienen tres posibilidades: ayudar a los que siguen en Siria, atender a los refugiados que van a países más lejanos o poner recursos en la atención a los refugiados en los países de la región como Líbano o Turquía. En el primero de esos países hay un tercio de población refugiada (un millón de personas), y en Turquía son más de dos millones", introdujo.

Las operaciones de la ONU usualmente son financiadas por los países ricos. En el caso de Siria, los tres principales donantes son EEUU, el Reino Unido y la Unión Europea. También figuran los nórdicos, Holanda, Canadá, y Japón. Y los países del Golfo: Arabia Saudita, Catar, los Emiratos Árabes Unidos.

¿Cómo se consigue recaudar tanto dinero? Gran parte del trabajo consiste en hablar con los países donantes, mantenerlos informados sobre las necesidades y las actividades. En el caso de Siria, además, ocurre lo mismo que en otros conflictos donde fracasan las gestiones políticas, apunta Rosende: de alguna manera, la comunidad internacional intenta reparar eso y pone sus esfuerzos en lo humanitario. "Se invierte mucho dinero porque no hay una solución política", indica.

Ayuda, asimismo, la presión de la gente que, gracias a la televisión, se entera de lo que ocurre en esa parte del mundo y exige responsabilidad a sus gobernantes.

También está el rol de los negociadores, que buscan captar la mayor cantidad de dinero para la crisis que atienden.

"Siempre hay mucha competencia por recursos. Es horrible decirlo, pero es así. Hay otras crisis: Irak, Burundi, Palestina, que siempre capta mucho dinero, y Colombia, que este año seguramente también lo hará. Cuando estás en un país, tenés que convencer a los demás de que tu problema es el más grave", señaló Rosende, que está en el terreno prácticamente desde el comienzo de los enfrentamientos y que ha visto el aumento de las necesidades de sus habitantes, así como la huida de más de cuatro millones de personas hacia otros países y el desplazamiento de más de siete millones de personas en el mismo territorio sirio.

Donaciones riesgosas

Los que más sufren en esta crisis, aclaró, son los que siguen viviendo en el país. "En Turquía se han integrado, muchos tienen trabajo y el país pone mucho dinero. En el Líbano es más difícil, para Jordania también. Pero sin duda siempre los más necesitados son los que están en Siria", comentó. El riesgo de ayudarlos es que los fondos se desvíen hacia grupos armados.

"Eso es un problema que se da especialmente en las zonas dominadas por el Estado Islámico", puntualizó. "Aún cuando no se tenga la intención de financiar grupos rebeldes, cuando se da dinero para hospitales o alimento en esas zonas hay que controlarlo muy bien", explicó. Y esta es una de las razones por las cuales esas son las regiones donde se recibe menos asistencia.

Allí operan menos ONGs debido a la falta de seguridad y a las presiones que reciben. Rosende contó que una institución que era apoyada por su oficina en esa región decidió cerrar. "Tenían una clínica en Raqqa. Llegó el Estado Islámico (EI) y les indicó que la prioridad en la atención la tendrían que tener los combatientes heridos. Los de la ONG se negaron, su prioridad eran los niños y las mujeres. No se lo permitieron y ellos se retiraron".

Hospitales en cuevas

El grueso de la ayuda humanitaria en Siria se concentra en zonas controladas por la oposición, por el gobierno o por la rama local de Al Qaeda.

El presupuesto de ayuda para Siria en 2016 presentado ayer en Londres aumentó más de 10 % respecto al año anterior. Es que, a medida que el conflicto avanza, la crisis humanitaria se agudiza. "Parte de los recursos que estamos movilizando en este presupuesto son para construir hospitales fortificados que resistan a los bombardeos", explicó Rosende. Es evidente que los sanatorios-búnkers son más caros que los comunes. Pero son bien necesarios.

"Se calcula que hay un ataque cada dos días a hospitales, dispensarios o centros de Salud en Siria. Nunca vimos algo así, en ninguna otra guerra", detalla el experto en ayuda humanitaria. Las ONG están optando por instalarse en cuevas en las montañas o bajo tierra, en lugares donde no puedan ser bombardeadas. Y a eso se suma la falta de gente, pues por ejemplo en Alepo el número de médicos es 5 % menor al de antes de la guerra.

Rosende insiste. "El tema de los hospitales es dramático. El bombardeo a un sanatorio en Afganistán en 2015 fue muy ocasional y hubo un drama. En Siria es algo sistemático y lo realiza la Fuerza Aérea", comandada en última instancia por el presidente Bachar al Asad.

Ese acostumbramiento a la tragedia siria se ve en otros aspectos. El funcionario de ONU recuerda que en los 90, cuando la guerra en los Balcanes, hubo un escándalo a nivel global tras el bombardeo del mercado de Sarajevo, donde fallecieron 45 personas. En Siria varios mercados han sido bombardeados y solo en enero murieron 4.680 personas, 150 por día y sin escándalo.

Los que viven, malviven

En el país funcionan las escuelas pero se calcula que la población infantil que no asiste es un 50 %. Muchos maestros se fueron del país o las instituciones quedaron destruidas, lo mismo que los mercados, hospitales, camiones o carreteras.

Para ayudar a imaginar cómo vive hoy un sirio, Rosende pide situarse en la ciudad de Alepo. La mitad está controlada por el gobierno y la otra parte, por la oposición. Una calle oficia de barrera con obstáculos. Del lado opositor hay bombardeos permanentes sobre civiles. Usualmente caen barriles bomba (recipientes cargados con explosivos, metales y clavos que causan un gran daño) y prácticamente no hay electricidad. El agua es muy esporádica, con suerte llega dos veces por día. El invierno que se vive es más crudo que el de Uruguay, con temperaturas bajo cero. Sin calefacción, sin comida, con miedo y tal vez sin paredes.

El plan presentado ayer pretende asistir a 13,5 millones de personas. El rubro al que se dedicarán más fondos es el alimenticio, seguido por la infraestructura y la salud. De los US$ 2,89 mil millones que se solicitaron en 2015, se consiguió el 43 %. Este año necesitan que aumente ese porcentaje.

Raúl Rosende es director de la Oficina de ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios en Siria. Es uruguayo y hace 25 años que trabaja para ONU en emergencias humanitarias. Aunque se acostumbró a dormir con ruidos de cañoneos de fondo, nunca se vio en peligro en Siria y no se imagina haciendo otra cosa. Vivió en Damasco pero ahora sigue la situación desde Turquía.

Ofrecieron US$ 10.000 millones

Los países donantes de Siria que se reunieron ayer en Londres ofrecieron más de US$ 10.000 millones para atender los dos planes que ONU planteó para ese país y para los de la región que padecen las mayores consecuencias del conflicto. Se superó el objetivo inicial de US$ 9.000 millones, pero aún así falta que a lo largo de año los gobiernos concreten sus promesas y efectivamente destinen los fondos.

Populares de la sección

Acerca del autor