¿A quién perjudica el muro?

El muro que Trump quiere establecer perjudicará más a los Estados Unidos que al resto del mundo

Cuenta un veterano y experto periodista norteamericano que cuando Donald Trump se inscribió en la campaña por la nominación del Partido Republicano su hijo le preguntó si tenía posibilidades de ganar. El respondió: cuando aparezcan las primeras encuestas, se desinfla. Cuando aparecieron las primeras encuestas con Trump a la cabeza, su hijo volvió a preguntar y su padre le dijo: hay muchos candidatos y aún no han empezado los debates, para fin de año (del 2015) ya Trump estará fuera de los primeros lugares o habrá abandonando. A fin de año, luego de los debates y del abandono de varios candidatos, Trump seguía arriba. El joven volvió a preguntar por las chances de Trump y su padre dijo: no ganará ni una primaria. Cuando Trump perdió en Iowa pero ganó en New Hampshire, el padre comenzó a preocuparse tanto como su hijo pero le dijo que era un triunfo efímero y que los candidatos aceptados por el establishment del Partido Republicano, terminarían prevaleciendo. Pero esos candidatos fueron abandonando uno a uno (Bush, Marco Rubio, Carson, Christie, Fiorina, etc). Y en la reciente primaria de Indiana, cuando Trump derrotó con amplio margen a los dos que aún quedaban en carrera –Ted Cruz y John Kasich- se la despejó totalmente el camino a la nominación pues tanto Cruz como Kasich abandonaron la carrera. Entonces el joven preguntó a su padre: ¿podrá ganar Trump las presidenciales? Su padre pensó un poco y dijo: va por detrás en las encuestas pero después de lo que vi, todo es posible.

Y el “todo es posible” hace correr un escalofrío en los gobiernos de las principales capitales europeas,en muchos países sensatos de América Latina y en mucha gente que detesta el populismo de cuarta que ha desplegado Trump para hacer carrera y que defiende el Estado de Derecho contra los Chávez, los Maduros, los Evos, y contra los muchos que desprecian las instituciones republicanas sin haber llegado a la presidencia. Desde construir un muro en la frontera con México (y además que lo paguen los mexicanos), hasta prohibir la entrada de musulmanes, pasando por expulsar a 11 millones de inmigrantes indocumentados y por establecer aranceles del 35% a productos venidos de China, a los automóviles importados de México y sancionar a empresas norteamericanas que producen en el exterior para vender en Estados Unidos (ya ha tenido duros cruces con Apple y otras empresas del sector tecnológico).

Y no solo “populismo de cuarta” sino un desconocimiento total de cómo funciona la economía americana en un mundo global (una guerra comercial con México perjudicaría más a Estados Unidos que a México) ya que México importa de Estados Unidos más que Alemania, China y Japón combinados. Muy parecido por cierto al de varios sectores políticos de izquierda vernácula que rechazan de plano todo lo que implique apertura comercial y aplauden todo lo que sea una barrera al comercio (claro, hasta que se ve como nuestro comercio comienza a menguar).

Trump además se ha caracterizado por distinguir a los “buenos y a los “malos” (los políticos de Washington, los CEOs de las multinacionales que llevan sus fábricas de un lado para otro, los inmigrantes legales e ilegales que sacan trabajo a los americanos nativos), Y por proponer soluciones fáciles para “hacer a los Estados Unidos grandes otra vez” (muros, barreras arancelarias, retirarse del mundo y dejar que el mundo se arregle, eventualmente negociar una quita a la deuda externa –qué bien se llevaría con Cristina Kirchner- aunque ello implique el primer default de la historia americana y perjudique más a los fondos de pensiones americanos que son los mayores tenedores de deuda soberana).

En definitiva, el muro que Trump quiere establecer, ya sea el físico con México, el económico con el resto del mundo para volver a las épocas del nefasto proteccionismo y el político que exhibe xenofobia hacia los inmigrantes, desprecio hacia los países que reciben ayuda militar de Estados Unidos como Corea del Sur, Taiwán, y otros muchos territorios amenazados, es un muro que perjudicará más a los Estados Unidos que al resto del mundo. En un mundo globalizado, no es posible aplicar la táctica del avestruz y meter la cabeza en el suelo. Seguro que le cortarán la cabeza. Basta pensar qué hubiera pasado si Estados Unidos no se hubiera unido a los Aliados en la lucha contra Hitler. Ser el más grande, como quiere Trump, implica asumir derechos y responsabilidades por igual. Desechar las responsabilidades es propio de personas que no entienden nada de libertad y sí de totalitarismo. Ni Estados Unidos ni el mundo necesita esa clase de personas al mando de su país.


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