Abrazo. ¡Click, click! El silencio entre Vázquez y Mujica le complica la vida al gobierno y potencialmente al FA

Operación del ex mandatario advierte riesgos del rumbo de colisión
El ex presidente José Mujica vive haciendo política y esta semana puso en aprietos al hoy mandatario Tabaré Vázquez, quien va perdiendo influencia política a medida que transcurre su mandato.

Fue la senadora Lucía Topolansky la encargada de entregar un petardo a manera de regalo para el Día de Reyes. Primero en La República y después en El País, la legisladora dijo que su sector preferiría al ministro del Interior, Eduardo Bonomi, de regreso en el Parlamento. Claro, dijo, que esa decisión corresponde al presidente de la República. Más tarde, fue el propio Mujica quien volvió a enviar el mismo mensaje en una entrevista concedida a Subrayado de canal 10. Si la unión de dos puntos es una línea y tres una figura, la oposición advirtió con claridad que el Frente Amplio estaba preparando el terreno para el ansiado relevo del ministro.

No se trata de un ministro cualquiera, es el más viejo de las administraciones de gobierno junto al de Ganadería, Tabaré Aguerre, y quien ha recibido más palo de todo el gabinete. Y ante las voces de blancos, colorados e independientes el presidente se sintió obligado a mover. El sábado 7 de enero ordenó informar en la página web de Presidencia que se había comunicado por teléfono con el ministro del Interior para transmitirle respaldo a su gestión y la de su equipo.

Tuvo que salir a la cancha en pleno enero para apagar la fogata armada por Mujica, que con cuatro palitos es capaz de incendiar la pradera. Ahí está el mensaje, el faro de verano que previene al presidente sobre las consecuencias de mantener el rumbo de colisión. Si Vázquez se mantiene sin diálogo con Mujica, tendrá que atenerse a las consecuencias. Hoy fue un operativo alrededor de un ministro, mañana puede ser más grave, sobre todo cuando el Frente Amplio perdió la mayoría parlamentaria y tiene por delante una discusión presupuestal.

Desde ya surgieron voces desde la constelación mujiquista tendentes a aumentar impuestos, eliminar exoneraciones tributarias a inversores e incrementar el gasto cuando el déficit pisa el 4%. Si Mujica amaga con pedir cambio de un ministro que recién ahora puede disfrutar de un cambio en las cifras de seguridad (las rapiñas bajaron 3,7% en todo el país), tampoco tendrá problemas en complicar la gestión en áreas de similar sensibilidad. Mujica y Vázquez nunca fueron amigos. Son dos caudillos que mutuamente se necesitan.

El actual presidente está enojado por el legado que recibió –rojo en las cuentas, problemas de infraestructura y sorpresas como las de ANCAP– y Mujica siente el frío polar desde el vazquismo, que contrasta con la admiración que despierta su figura en el exterior del país.

De la misma forma que le caben reproches y críticas en su calidad de gestor de gobierno, Mujica exhibe un nivel superior a la hora de hacer policía. Tiene enorme capacidad para complicarle la vida a Vázquez y para el Frente Amplio puede convertirse en boya o ancla desde el punto de vista electoral.
Mujica se esconde a plena luz, es difícil, casi imposible verlo venir.
Así que, más tarde o más temprano, más vale que ya se preparen los camarógrafos, periodistas y fotógrafos. Abrazo. ¡Click, click!


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