Actuar ante la crisis venezolana

La situación en el país se ha despeñado a un nivel tal que mal puede nuestro gobierno seguir tratando de nadar entre dos aguas
Cuando Donald Trump fue electo, Nicolás Maduro comentó esperanzado: "Nada puede ser peor que (Barack) Obama" para su patético régimen. Pero si creía que el nuevo gobierno de Estados Unidos no aumentaría sus presiones contra el desastre venezolano, se equivocó de medio a medio. El secretario de Estado designado por Trump, Rex Tillerson, profundizó las censuras al chavismo y apoyó resueltamente los revividos embates del secretario general de la OEA, Luis Almagro, para restituir en Venezuela algo de democracia y de respeto a los derechos humanos y para abatir la pavorosa crisis humanitaria de su población.

Almagro, que de sus simpatías con el chavismo cuando era canciller del expresidente José Mujica ha pasado a un drástico combate a sus excesos, declaró a El Observador que los miembros de la OEA deben decidir sobre la aplicación de la cláusula democrática para suspender a Venezuela del organismo continental si no endereza su rumbo. Ya ha sido invocada por Brasil, Paraguay y Argentina, pero está pendiente una decisión formal.

Almagro enfatizó que la mediación pacificadora del Vaticano no dio los resultados esperados y que la situación es "cada vez más autoritaria" e "insostenible". Señaló el derrumbe institucional, la existencia de presos políticos y una crisis humanitaria y social en la que "muere gente por no poder tratarse enfermedades crónicas, por la desnutrición infantil, por la falta de productos de la canasta básica".

En expreso acuerdo con Almagro y con el peso de la posición de Washington de suspender a Venezuela de la OEA, Tillerson afirmó ese curso si Maduro no restablece la institucionalidad democrática, libera a los presos políticos y termina con las violaciones a los derechos humanos. Las declaraciones de Tillerson auguran un futuro más complejo para el chavismo, que puede epilogar con un deseable bloque mayoritario en la OEA para suspender del organismo a un oprobio continental como el régimen de Maduro. Las acciones ya tomadas o anunciadas en otros campos por Trump generan reprobación en muchos países. Pero es elogiable su decisión de agudizar las presiones para que Maduro y sus adláteres pongan fin a sus desmanes o, si los mantienen, sean borrados de la comunidad americana.

El tema resulta espinoso para el gobierno uruguayo. Remoloneó con las medidas contra Venezuela en el Mercosur, impulsadas por Argentina, Brasil y Paraguay, por efecto de la desubicada tolerancia y hasta apoyo a Chávez y a su penoso sucesor Nicolás Maduro, que sobrevive en muchos sectores del Frente Amplio. Pero la situación política, institucional y social en el país caribeño se ha despeñado a un nivel tal que mal puede nuestro gobierno seguir tratando de nadar entre dos aguas. La administración Vázquez no puede eludir más la actitud responsable de actuar contra el régimen de Maduro, no solo por compromiso con el estado de derecho sino también por solidaridad con el castigado pueblo venezolano y por respeto a los derechos humanos que el Frente Amplio proclama defender.

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