Adiós a los Batlle: una despedida añorada, y ahora temida, por los blancos

Los colorados se desfondan pero los nacionalistas se guardan el festejo

A finales de la década de los '50 y principios de los '60 apareció en el habla de los uruguayos una de esas frases hechas que son utilizadas para dar por terminado un asunto o para despachar a una persona; una de esas despedidas del tipo de "chau, no va más", o "adiós que te vaya bien".

"Adiós a los Batlle", se decía en aquellos años en relación a las victorias electorales de 1958 y 1962 que por primera vez llevaron al poder a los blancos y cortaron la saga protagonizada, entre otros, por Lorenzo Batlle, José Batlle y Ordóñez y Luis Batlle Berres.

Sin embargo, los nacionalistas se equivocaban: los Batlle (faltaba Jorge) o el batllismo, volvieron una y otra vez al gobierno y sólo permitieron que los blancos regresaran a él por la rendija que en 1990 abrió Luis Alberto Lacalle.

Tras la crisis del Partido Colorado que por estos días se agravó aún más, el Partido Nacional tal vez pueda proclamar que el batllismo tradicional se mantendrá lejos del poder quién sabe por cuánto tiempo.

Pero la noticia llega en un tiempo histórico muy particular, el de la casi hegemonía de la izquierda frenteamplista, lo que convierte el desfondamiento colorado en una mala nueva para los herederos de Manuel Oribe.

Según las últimas encuestas, después del paso al costado de Pedro Bordaberry, los colorados están hundidos como nunca en la preferencia de los uruguayos. En cambio, los nacionalistas, acostumbrados al llano de la oposición, aparecen como los únicos capaces de arrebatarle el gobierno al Frente Amplio.

Si no es en esta elección quizás sea en la que viene, pero los nacionalistas parecen destinados a llegar al gobierno tarde o temprano, mientras que a los colorados los amenaza el casi ostracismo político.

No obstante, las vueltas de la historia son imprevisibles. Aquellos históricos mano a mano con los colorados en los cuales los blancos siempre llevaban las de perder, mutaron en este presente de predominio de la izquierda, dentro de un sistema electoral en donde los partidos tradicionales han tenido que acostumbrarse a coincidir para juntar sus votos en el balotaje.

Ahora que la izquierda se muestra asolada por el descreimiento de muchos de sus votantes, los blancos precisan como nunca a los colorados para que, en la segunda vuelta, se sumen a la candidatura de Luis Lacalle Pou, de Jorge Larrañaga o del que le toque.

Se dirá que, de cualquier manera, la eventual diáspora colorada irá a parar mayormente a las filas del Partido Nacional en una primera vuelta. Pero en esa instancia también estarán acechando, entre otros, el nuevo Partido de la Gente de Edgardo Novick y el Partido Independiente de Pablo Mieres quienes deberán decidir luego si le piden a su gente que se jueguen entre los contendientes del balotaje.

Además, hay que esperar para saber en qué manos quedará el Partido Colorado después de la deserción de un Bordaberry que le aseguraba un apoyo casi irrestricto a los blancos en la segunda vuelta.

Los blancos siempre soñaron con volver a decirle "adiós a los Batlle". Pero seguramente nunca pensaron que el precio podía ser tan caro.


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