Adrián Caetano: una carrera cinematográfica marcada por la violencia

El director y realizador uruguayo corrobora en su próximo filme, El otro hermano, una carrera signada por historias de dolor y sufrimiento
Por Matías Castro, especial para El Observador

Disparos, golpes, muertos. Ambientes turbios, cárceles, prostitutas. Y más disparos. Lo que ve el lente del director uruguayo Adrián Caetano ha estado signado por la violencia prácticamente desde sus inicios en el mundo audiovisual.

Su carrera comenzó en Argentina, donde vive, en 1992, pero empezó a cobrar notoriedad seis años más tarde, cuando estrenó el largometraje Pizza, birra, faso. Desde entonces, la violencia ha atravesado la mayoría de sus productos, lo que se ha convertido en un sello personal.

Hizo televisión de autor en recordadas series como Tumberos y Disputas, ambas producidas por Marcelo Tinelli, antes del furor global por las series de TV. Después volvió al cine, y desde entonces ha intercalado su tarea entre la pantalla grande y la chica.

Por estos días, el estreno en Argentina de El otro hermano, su noveno largometraje de ficción, lo encuentra en plena fajina televisiva. Al tiempo que promociona esta adaptación de la novela de culto Bajo este sol tremendo, de Carlos Busqued, prepara el inicio de una serie sobre Sandro que será emitida este año por Telefé.

Ha sido un proceso vertiginoso entre la finalización de la película, sus primeras presentaciones en Miami y en Argentina y la preparación de la ficción seriada.

Es serio, al principio puede parecer parco, pero siempre tiene algo para decir y una reflexión sobre su trabajo y los medios con los que trabaja. "Lo que me ha pasado siempre es que el paso del tiempo es lo que me permite tener una conclusión sobre mi trabajo. Desde Pizza, birra, faso me pasó con todas las películas que hice", contó a El Observador. La pregunta era sobre cómo se había sentido al ver su último filme terminado, después de estar años sumergido en el mundo sórdido, sucio y violento que retrata la película. "Plasmé lo que me propuse, pero no puedo emitir un juicio como si no fuera mía porque hasta hace menos de dos meses estaba muy metido en la película, con la mezcla y la música. Ahora, cuando la vi en (el festival de cine de) Miami no pude evitar pensar lo que cambiaría, cosa que me pasa con mis películas más viejas", dijo.

De Córdoba a Buenos Aires

Caetano nació en el Cerro en 1969 y tiempo después se mudó a Córdoba, Argentina. En Buenos Aires, en 1992, hizo su primer cortometraje, Visite Carlos Paz. Ahí mostraba cómo la idílica ciudad turística era en realidad un hervidero a punto de estallar.

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Algo parecido hacía en Calafate (1994), su segundo cortometraje. En Cuesta abajo (1995), el corto fantástico que rodó para una película colectiva de la que surgieron directores que luego hicieron carrera, como Daniel Burman y Lucrecia Martell, se mostraba como un narrador visual de pulso clásico. Pizza, birra, faso (1998) y Bolivia (2001), sus dos primeros largos, lo convirtieron en un autor al que prestarle atención en el Río de la Plata a principios de este siglo.

El cine es acción y no intenciones, decía en ese entonces para afirmar que no le gustaban las películas que buscaban demostrar algo. Esos dos primeros largometrajes podían haber sido alegatos sobre los jóvenes marginales y los inmigrantes, pero eran películas que evitaban facilismos y lugares comunes, siempre con la violencia como eje, implícita o explícita.

"Mi primer mediometraje, La expresión del deseo (1998), era también muy crudo. Más que esta película (El otro hermano)" dice. "Aparte fue filmado en blanco y negro, cámara en mano. No era gore como esta película, pero era despiadada", expresó.

Puede sonar contradictorio, pero Caetano afirma que la violencia lo incomoda. "La paso mal. Con la escena de la violación (en El otro hermano) la pasé pésimo. Si bien yo estaba ahí filmando y era todo actuación, no puedo soportar la incomodidad porque no es una violencia erótica o preciosista, que vos disfrutes. Porque con la violencia uno la pasa mal, es siempre incómoda y despreciable", reflexionó.

Diferentes estilos

Su forma de tratar la violencia ha variado según la historia que le toque contar, pero afirma que no le gustan las películas de "violencia estilizada". "Para eso miro películas de karate, que son muy exageradas".

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El actor Leonardo Sbaraglia y Adrián Caetano durante el rodaje del último filme del uruguayo, <i>El otro hermano</i>
El actor Leonardo Sbaraglia y Adrián Caetano durante el rodaje del último filme del uruguayo, El otro hermano

En Un oso rojo (2002) hizo más bien un wéstern urbano heredero de la mejor tradición estadounidense, pero con aires argentinos. En Crónica de una fuga (2006) insinuaba las torturas antes que mostrarlas, para darle más peso a la sensación incómoda de opresión, al miedo y al sometimiento de un grupo de presos políticos. Francia (2010) tenía la tensión y la agresividad entre adultos vista a través de los ojos de una niña (la propia hija de Caetano). Mala (2013) tenía algunos momentos muy sangrientos para contar la enrevesada historia de una sicaria que ejecutaba solo a hombres violentos.

"Hay una idea casi monopólica de que el entretenimiento tiene que ser aliviador y no inquietante", dijo a propósito de la incomodidad que puede generar con su obra y la libertad con la que trabaja. "Por eso uno tiene que ser honesto en su propuesta y ofrecer lo que quiere contar. El resto te excede, como las reglas del mercado", señaló, y ejemplificó con el cine francés o italiano, que hoy está casi ausente en la cartelera cinematográfica y en el pasado era posible ir a la matiné y ver filmes de esos países. "El espectador y la oferta de hoy no son los mismos de años atrás".

"El otro hermano es la primera película en la que no laburo el fuera de campo, porque todo lo que hay se ve y no se escatima información visual", contó. Esto se debe, según dijo, a que la novela original –cuya adaptación le exigió cuatro años de trabajo con la guionista Nora Mazzitelli– era extremadamente gráfica, sangrienta y densa.

El otro hermano

Uno de los giros que le agregó fue darle mucho humor negro al personaje interpretado por Leonardo Sbaraglia, quien va corrompiendo todo a su paso, sobre todo al personaje de Daniel Hendler.

Pantalla chica

En televisión ha variado los temas y los enfoques, y no siempre logró convertir los trabajos de encargo en proyectos de autor. Lo hizo con la serie Uruguayos campeones, filmada en Uruguay. En ella no había tanta violencia como en la argentina Disputas, en la que descuartizaban a un hombre con cuchillos eléctricos, o en Tumberos, que fue posiblemente su trabajo más personal en ese medio.

Justamente, en Tumberos hacía una suerte de declaración sobre la violencia cuando en la secuencia del motín en la cárcel, la más brutal y explosiva de la serie, sustituía a los actores por niños que representaban sus papeles.

La cárcel como eje de una serie volvió el año pasado, esta vez con Caetano como coautor de la exitosa El marginal.

"La violencia radica mucho en una actitud muy inmadura e infantil", razonó Caetano. "Un niño llora cuando tiene hambre, pega para defenderse. Hay una cosa primitiva que en un niño es comprensible e inofensiva, que en una persona grande es terriblemente pernicioso. Por la fuerza que maneja un adulto, por la posición social, especialmente si es un hombre, esa cosa primitiva se convierte en algo peligroso".

Su próximo trabajo lo alejará de la violencia por un rato. Sandro de América se ocupará de contar la historia del Elvis argentino, y la truculencia no tendrá lugar allí. Aunque sin dudas pronto volverá.

El marginal trailer


El arte y el éxito comercial

El dilema entre lo artístico y el negocio está presente en el cine, pero Adrián Caetano discrepa con que tenga que ser así. "Se instaló que lo redituable es algo lícito. Antes no tenía siquiera lugar en un debate artístico. Con ese criterio hacer guerras estaría buenísimo porque es un negocio para naciones enteras".

El cine y la televisión

Para Adrián Caetano, la TV es más cruel que el cine, sobre todo porque los autores están "supeditados a leyes de mercado esotéricas". "De a ratos creo que la televisión es un lugar que está apareciendo y que se va a transformar en un espacio de libertad, y a veces creo que no, que es solo una ilusión mía".

Sangre Roja

Es el primer documental que dirigió, en 2005. Retrata al Club Independiente de Avellaneda a través de testimonios históricos y vivos. Se puede ver en YouTube.

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NK, el documental

Un encargo que realizó con imágenes de archivo de Néstor Kirchner. No era condescendiente y fue descartado por los productores, que mandaron hacer otra versión. Está en YouTube.

Series de televisión

Caetano ha trabajado para la televisión, siempre con miniseries, pero rara vez pudo convertirlas en obras tan personales como sus películas.

2002 - Tumberos
Un abogado de clase alta termina preso por un asesinato que no cometió y se enfrenta al mundo carcelario, en el trabajo más libre e imaginativo de Caetano en TV.

2003 - Disputas
Contaba la historia de cuatro prostitutas y la dueña del prostíbulo. Mucho sexo, crimen y alguna truculencia, en un encargo al que Caetano le pudo agregar su sello.

2004 - Uruguayos campeones
Dos hermanos enfrentados por el poder en el club Rampla de Montevideo, en una serie escrita por Caetano, Oscar Estévez y Luciana Piantanida.

2010 - Lo que el tiempo nos dejó
Este proyecto creado por Sebastián Ortega fue una serie de seis unitarios que ficcionaban episodios de la historia argentina en ocasión del Bicentenario.

Películas destacadas

Entre cortos y largometrajes, Caetano ha dirigido 19 películas en algo más de 20 años, muchas de las cuales también fueron escritas por él.

2001 - Bolivia
Fue su primer largo en solitario y lo llevó hasta Cannes. Contaba la historia de un inmigrante ilegal en Buenos Aires, con un fuerte foco en la tensión cinematográfica.

2002 - Un oso rojo
Fue la revelación de Caetano como realizador de fuste. Un delincuente (Julio Chávez) sale de la cárcel y vuelve a su barrio para reunirse con su familia y cobrarse viejas deudas.

2009 - Francia
Una niña es testigo de la agresiva convivencia entre sus padres (Natalia Oreiro y Lautaro Delgado), quienes están separados pero deben compartir techo por razones económicas.

2013 - Mala
Es su película más criticada por su aparente pretenciosidad. La protagonista es una asesina (Florencia Raggi) que solo mata hombres culpables de violencia doméstica.

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