Advertencia muy oportuna

Lo más importante de la disertación de Ricardo Pérez Manrique fue su gran énfasis en la necesidad de la separación de poderes
El pasado miércoles 9, con motivo del muy necesario acto de recordación de la Noche de los Cristales Rotos que realiza anualmente la organización judía B'nai B'rith, correspondió al doctor Ricardo Pérez Manrique, presidente de la Suprema Corte de Justicia (SCJ) para el año 2016, el rol de orador principal de la noche y su intervención fue más que oportuna.

El prestigioso magistrado, luego de recordar lo acontecido la noche del 9 de noviembre de 1938 en Alemania y Austria cuando la furia nazi se desató sin frenos de ningún tipo contra buena parte de la población judía que habitaba esos países, marcando ya indeleblemente el rumbo que iba a tomar la persecución del Tercer Reich contra el pueblo judío, realizó un minucioso análisis jurídico del atropello que ocurrió entonces y de la sistemática violación de los derechos individuales tanto del pueblo judío como de otros habitantes de la Alemania nazi que vino a continuación.

Observó también la alambicada construcción teórica de juristas del nazismo para justificar que la única ley válida era la ley positiva dictada por las autoridades competentes de un Estado sin tener ninguna relación o aun en contra de los derechos inalienables y universales de los ciudadanos. Y mostró luego como los juicios de Núremberg vinieron a reconocer los límites de la ley positiva y la imposibilidad de que autoridades competentes se vinieran a amparar en estas leyes y en el principio de la obediencia para justificar los horribles crímenes que cometieron. Crímenes que aún es necesario recordar porque no son cosa del pasado y aún en nuestros días se siguen dando (Ruanda, los Balcanes, el Estado Islámico, Somalia, entre otros).

Pero creo que lo más importante de la disertación de Pérez Manrique fue su gran énfasis en la necesidad de la separación de poderes y la independencia de la Justicia, como garantía de los derechos de los individuos. Lo recalcó por activa y por pasiva, y lo ilustró con célebres citas del maestro Eduardo J. Couture, entre ellas aquella de que "cuando los jueces tienen miedo, los ciudadanos no pueden dormir tranquilos". E hizo referencia a que "sin poderes judiciales independientes no existe República ni estado de derecho".

Ello, por supuesto, es válido para la Alemania nazi y para cualquier otro país en cualquier otro tiempo. De la independencia de la Justicia depende la República y por eso, aunque esto no lo dijo Pérez Manrique pero se puede interpretar de sus palabras, los autócratas modernos como Hugo Chávez, Nicolás Maduro, Ricardo Ortega, Evo Morales y sus seguidores lo primero que buscan es anular la independencia de la Justicia ya sea de un punto de vista formal, por desconocimiento de sus pronunciamientos o por ahogo financiero.

No deja de ser significativo que las palabras del presidente de la SCJ se hayan expresado en una ocasión tan solemne y ante un auditorio tan selecto, integrado por las principales figuras del Poder Ejecutivo y en momentos en que desde el FA surgen, cada vez con mayor insistencia, voces clamando por una reforma constitucional del Poder Judicial que va irremediablemente a quitarle independencia por donde quiera que se lo mire. Y en momentos en los que también desde el Poder Ejecutivo existe una denegatoria a ampliar el presupuesto del Poder Judicial, obligándolo a cerrar juzgados. Tanto la continua insistencia de la reforma, reduciendo o aguando las facultades de la SCJ y del Tribunal de lo Contencioso Administrativo (cosa que curiosamente se da en momentos en que ambos tribunales han actuado con energía ante los excesos del Poder Legislativo y de instituciones del Estado), como la restricción financiera cuando se gasta con holgura en otros rubros, marcan un preocupante avance sobre la independencia judicial.

No podría pues haber sido más oportuna la advertencia de Pérez Manrique ni más adecuando el momento y el lugar elegidos para formularla. La tentación de extender el poder del Ejecutivo no es solo propio del Tercer Reich. Es algo permanente aun en las democracias más sólidas y maduras. Ojalá que las palabras del presidente de la Suprema Corte de Justicia no caigan en saco roto ni en el Poder Ejecutivo ni en el partido gobierno.

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