Agroquímicos: un mal necesario

Cambió el modo de hacer agricultura y esto produjo que se usen más agroquímicos; a pesar su impacto negativo, no hay una alternativa
Por Lucía Núñez y Macarena Saavedra

A pesar de que hace cien años se utilizan, en los últimos tiempos los agroquímicos pasaron a tener un rol protagónico en la producción de Uruguay, un país esencialmente agrícola. Pero su creciente popularidad no necesariamente es celebrada por todos. Por el contrario, despertó enemigos y con ellos nuevas dudas sobre sus efectos sobre el ambiente y la salud de la población.

Marchas de organizaciones sociales que piden que se prohíba su uso; denuncias por fumigaciones cercanas a centros poblados, escuelas y cursos de agua; multas millonarias de la Intendencia de Canelones a productores rurales por malas prácticas y la prohibición de fumigaciones aéreas en el departamento son algunas de las repercusiones que ha tenido la práctica en el último año. La situación encendió una alerta y presentó a las autoridades de gobierno el desafío de continuar su desarrollo económico junto con los agroquímicos, pero con un sistema normativo y de control no del todo preparado para reducir su impacto al mínimo.

Insumo inevitable

Como país agrícola ganadero, la economía uruguaya se sustenta en gran parte de lo que produce el campo y vende a través de las exportaciones. En este esquema de desarrollo, los agroquímicos juegan un rol importante.

Consultada por El Observador, la docente de la Maestría de Ciencias Ambientales de la Facultad de Ciencias, Gabriela Eguren, dijo que como país agroexportador "es impensable" que Uruguay produzca sin la utilización de fertilizantes o plaguicidas, ya que permiten que nada interfiera en el crecimiento de los cultivos y por lo tanto la producción sea mayor. Si bien se puede reducir el uso de pesticidas a través de la implementación del policultivo -que consiste en intercalar diferentes tipos de cultivo y de esa manera las plagas son autocontroladas- esta alternativa solo es válida para producciones de pequeña escala.

Los beneficios de la utilización de agroquímicos fueron tan notorios que el modelo de producción agropecuario comenzó a priorizarlos y en los últimos 17 años las importaciones de fertilizantes aumentaron más de 30%. De acuerdo a los últimos datos del Ministerio de Ganadería (MGAP), en 2015 se importaron 546.691 toneladas. El pico más alto fue en 2013 cuando se importaron 981.052 toneladas.

Para el secretario técnico de la Cámara Nacional de Fertilizantes y Fitosanitarios (Canaffi), Humberto Almirati, el incremento en el uso de agroquímicos también se explica por el aumento del área agrícola, como el caso de la soja que en la actualidad supera los mil millones de hectáreas. Según Almirati, desde la década del ´60 las producciones "incrementaron sobre la base de fertilizantes y agroquímicos", adoptados como un "insumo básico".

"La producción bajo ningún concepto se va a regir por el parámetro de riesgo de salud o riesgo medioambiental, no lo podés hacer", dijo a El Observador el titular de la Dirección de Servicios Agrícolas del MGAP, Federico Montes, quien coincidió en que la producción no puede prescindir de los agroquímicos, no solo porque aporta a la producción sino también a la calidad del producto. "Cuando nosotros 20 años atrás íbamos a comprar un kilo de manzanas o duraznos era normal que hubiera un gusano adentro. Hoy por hoy, eso no pasa", expresó.

Vacio y dudas

"En Uruguay la actividad agropecuaria es muy importante desde el punto de vista económico pero también es un factor de contaminación muy creciente. Si nosotros no compatibilizamos eso, los sucesos que hemos visto en el Santa Lucia o Laguna del Sauce van a seguir dándose y va a ser cada vez más complicado", dijo Alejandro Nario, director nacional de Medio Ambiente.

Los efectos que surgen del vínculo entre el medio ambiente y la actividad agrícola cada vez toman mayor notoriedad pública. En el caso de los agroquímicos, los principales problemas ocurren cuando el producto es arrastrado por el aire hasta zonas pobladas o incluso otros cultivos (lo que se conoce como deriva o contaminación cruzada). También cuando pasa al agua, donde las consecuencias pueden ser peores si se utiliza para consumo o riego.


El MGAP pasó de recibir 30 denuncias al año en 2010 a tener 140 denuncias en la actualidad, de las cuales el 60% son por casos de deriva y solo el 10% termina con una multa. El resto de los casos, no pueden confirmarse, aseguró Montes.

Para la academia, esta realidad se explica por la falta de información sobre los efectos de los agroquímicos y la ausencia de una normativa regulatoria clara.

Según explicó Eguren, a pesar de que hay un buen control y conocimiento de los productos que ingresan al país, hay un "vacío de información importante" sobre la aplicación de estos productos (dónde, cómo, cuánto) y los residuos quedan en el ambiente ante la falta de un "monitoreo o control sistemático". Asimismo, señaló que no existe una normativa que defina con exactitud la cantidad de dosis por hectáreas y frecuencia con las que se pueden aplicar, sino que hay "recomendaciones".

"La producción bajo ningún concepto se va a regir por el parámetro de riesgo o medioambiental", Federico Montes, director de Servicios Agrícolas del MGAP.

Si bien el MGAP realiza inspecciones preventivas, la mayoría de las veces depende del "control ciudadano" para poder actuar. Al recibir la denuncia, el ministerio inspecciona y toma muestras. El reclamo tiene validez cuando se constata la presencia de la sustancia y que se infringió el proceso de aplicación que detalla la etiqueta del producto. Para el MGAP, la etiqueta es entendida como "un documento legal" que cumple el papel de norma y que, en caso de ser violado, conlleva a una multa de un valor máximo de hasta 2 mil unidades reajustables (más de US$ 61 mil a valor actual de la UR). "Si vos utilizás correctamente el producto y respetás el tiempo de espera (que detalla la etiqueta), tenés cero problema", agregó.

Falta de protección

"Algunos dicen que no todos los plaguicidas matan, pero para nosotros son diseñados con ese fin", sostuvo la directora del Departamento de Toxicología de la Facultad de Medicina, Amalia Laborde.
En el Centro de Información y Asesoramiento Toxicológico (CIAT) reciben reportes de personas con síntomas que reflejan alteraciones respiratorias, digestivas, cardiovasculares, cutáneas como consecuencia de la exposición a agroquímicos. Por plaguicidas agrícolas y veterinarios confirman entre 250 y 280 casos anuales. Para la especialista, "probablemente" también exista la exposición crónica a los agroquímicos, que por estar en contacto prolongado durante varios años generen consecuencias a largo plazo.

"Todavía las prácticas de uso de plaguicidas siguen siendo en muchas partes inapropiadas. Estimamos que hay un gran número de trabajadores que no están utilizando la protección personal adecuada, pero que además no están trabajando en las condiciones que se lo permitan", indicó Laborde.

Agroquímicos

En ese sentido, el inspector general de trabajo, Gerardo Rey, reconoció que persisten carencias con respecto a las condiciones en las que se desarrolla el trabajo en el campo y sobre la capacitación a los trabajadores para el uso adecuado de protección.

"El sector del agro es uno de los que merece una vigilancia mayor nuestra porque comparativamente con otras actividades tiene una siniestralidad más alta", dijo. Del total de los accidentes laborales en el área rural y forestal, relevados por el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS), el 9% corresponden a la ganadería y agricultura. En todo 2015 fueron 3.207. Por esa razón, y por el uso más intenso de agroquímicos, es que comenzaron a realizar una "vigilancia especial" del sector.

Un informe realizado por el Centro Universitario Regional Litoral Norte, de la Universidad de la República, sobre los procesos destructores para la salud vinculados a la manipulación de agroquimícos en Young, confirmó que los trabajadores están expuestos a riesgos por falta de protección.

"Cuanto más precarizado el trabajo, los riesgos se ven más potenciados porque son ritmos más acelerados o a destajo, en base a lo que se trabaja y no un ingreso fijo. Se busca reducir el tiempo de trabajo y ahí los riesgos de accidentes, de salpicaduras, o el equipo de protección personal no se prioriza y los riesgos se ven acentuados", dijo a El Observador uno de los dos encargados del informe, Nicolás Rodríguez.

Pero a pesar de que se haya multiplicado el volumen de plaguicidas que se utilizan en el país, desde el CIAT no notaron un aumento de la cantidad de personas intoxicadas. Entienden que se debe a que los productos tóxicos se utilizan mejor o que son las mismas personas las que están expuestas.
Educación

Tanto la academia como el gobierno, coinciden en que la utilización de agroquímicos es un mal necesario. En el mundo no apareció hasta el momento una alternativa para su uso que genere un menor impacto en el ambiente y en la salud de las personas, sin perjudicar los niveles de producción.
"Hoy no veo una alternativa a corto plazo. Sí puede ser una política de Estado de querer tender a generar un sistema de producción orgánica. Ahí el paso previo es diversificar mucho más la producción y apostar a la calidad y no a la cantidad", dijo Eguren. Pero aclaró que esta opción es difícil de implementar, ya que el mercado de productos orgánicos no es tan grande.

"La actividad agropecuaria está siendo un factor de contaminación creciente", Alejandro Nario, director de Medio Ambiente.

Por esa razón, al menos a corto plazo, los países deberán adaptarse a ellos. Para la doctora en Ciencias Ambientales, el camino a seguir es mediante la apuesta al "uso más racional" de los agroquímicos. Esto es, evitando usar cantidades mayores de agroquímicos cuando no es necesario y, por el contrario, limitar su aplicación solo para los momentos en que el cultivo sí es más vulnerable a la competencia por las malezas.

"Cualquier actividad humana va a generar una interferencia en el medio porque tampoco vamos a volver a la época de la caza y la pesca. Pero sí podés controlar un poco el daño y tratar de reducirlo", agregó.

En tanto, para el MGAP también es necesario continuar trabajando en la línea de más controles y análisis de los productos que se utilizan. "Uruguay tiene condiciones de dar garantías a nivel de salud y medio ambiente. Lo que tenemos es que reforzar las líneas, los controles, ser rigurosos", sostuvo Montes.

En ese sentido es que el MGAP anunció esta semana la prohibición del uso de cuatro productos agroquímicos considerados de alta peligrosidad para la salud humana y el medio ambiente. Montes dijo a El Observador que la idea es seguir avanzando y que para 2017 se prevé detectar aquellos productos con efectos alergizantes o sensibilizantes sobre las personas.

Por otra parte, habló sobre la necesidad de enfatizar la educación sobre estos temas ya que, a su entender, Uruguay tiene "dificultades serias" sobre cómo emplear estos productos, cómo prevenir problemas de salud y cómo evitar que su aplicación perjudique el medio ambiente.

"Podremos tomar otras medidas, pero la número uno es utilizar las cosas bien. Si Uruguay respeta las condiciones de uso y seguro de manejo fitosanitario y cumple las normativas en el país, seguro que gran parte, la mayoría de los problemas no los tendríamos", señaló.

Un nuevo modelo con nuevos problemas


Las críticas a los agroquímicos suelen estar enfocadas en los efectos que tienen sobre el medio ambiente. Sin embargo, en primer lugar, su uso también surge como respuesta a un enemigo ambiental mayor: la erosión de los suelos.

Entre la década de los 90 y principios de este siglo, el modo de producción agropecuario cambió del laboreo tradicional a la siembra directa, sustituyendo el arado de la tierra por el uso de herbicidas. Estos productos químicos matan la vegetación sin romper el suelo, lo que antes obligaba a los productores a cambiar de chacra continuamente. Para los expertos en agronomía, este cambio significó una gran ventaja porque permite realizar agricultura de forma continua, por más tiempo y más rápido.

Sin embargo, al igual que como ocurre con los antibióticos, la vegetación tiene la capacidad de generar resistencia a los herbicidas, por lo que estos suelen ser reemplazados por productos "más sofisticados y más potentes" que permitan "lograr el mismo efecto", aseguró el ingeniero agrónomo Eduardo Blasina.

En Uruguay, el uso de glifosato genera uno de los "problemas más importantes" en este aspecto ya que su uso produce malezas resistentes, dijo el titular de la Dirección de Servicios Agrícolas. Montes reconoció que la resistencia de herbicidas representa una "alarma importante" y del mismo modo opinó el director nacional de Medio Ambiente, Alejandro Nario, quien dijo que la "resistencia" es de las mayores preocupaciones.

En ese sentido, la alternativa que los expertos presentan para disminuir o evitar que se genere resistencia a los herbicidas es la rotación de cultivos.

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