Al rescate de un Blanes Viale

Cuatro expertos japoneses llegaron a Montevideo para restaurar
la pintura Las Manolas, una pieza del uruguayo Pedro Blanes Viale
Así restauraron Las Manolas un grupo de expertos japoneses

Hace tiempo que Las Manolas, una de las pinturas más célebres del artista uruguayo Pedro Blanes Viale, estaba en mal estado. Las autoridades del Museo Blanes, donde forma parte de las piezas en exposición, estaban en la búsqueda de una solución. Hasta que vino desde el otro lado del mundo.
Cuatro restauradores japoneses llegaron el mes pasado a Montevideo para hacerse cargo de esta tarea, que comenzaron el martes 21 y terminaron el domingo 26.

La llegada de los expertos desde el país del sol naciente de alguna forma tiene que ver con la localización del Jardín Japonés detrás del Museo Blanes. Cristina Bausero, directora del centro, dijo a El Observador que al asumir su cargo en 2013 quiso encontrar alguna manera de darle un significado a ese lugar. "A algunos les parece una cosa preciosa, pero a otros les parece una contradicción que haya un jardín japonés dentro de un jardín francés", señaló en referencia al denominado Jardín de los Artistas, el parque que rodea el museo.

Bausero comenzó entonces a intentar un acuerdo de colaboración con la Embajada de Japón, a modo de "retorno" para el museo por poder instalar en su predio una ventana hacia la cultura de aquel país.

Visto bueno

Tras varios intentos fallidos con los diplomáticos anteriores, fue durante la gestión de la actual embajadora de Japón en Uruguay, Keiko Tanaka, que Bausero recibió una respuesta positiva.

"Conversamos sobre las posibilidades de un apoyo económico y en el diálogo apareció la Fundación Japón (una organización cuya misión consiste en promover el intercambio cultural internacional entre el país asiático y otras naciones) que nos consultó en qué materia nos podía apoyar. Surgió que fuera con el envío de profesionales, y a mí se me ocurrió que fueran restauradores", recordó.

De Japón vinieron Takayasu Kijima (catedrático en restauración en óleo de la Universidad Nacional de Bellas Artes y Música de Tokio), Yuko Tsuchiya (coordinadora general de restauración del Museo Nacional de Tokio), Mamiko Yasuda (aspirante a doctora en conservación y restauración de la Universidad de Bellas Artes de Tokio) y Terumi Nonaka (supervisora de la oficina de tecnología de conservación del Museo Nacional de Tokio).

Restauración Las Manolas
Al reencuadrar la pintura se ajustó la tensión del lienzo sobre el bastidor
Al reencuadrar la pintura se ajustó la tensión del lienzo sobre el bastidor

La directora del Blanes dijo desconocer el costo exacto de la gestión, e informó que la Fundación Japón se hizo cargo de todo.

Luego de consultar a la comunidad local de restauradores (que no es muy grande debido a que no existe una carrera dentro del país para formarse en este rubro), las autoridades del museo consideraron que las obras a restaurar fueran tres o cuatro de las más pequeñas.

Sin embargo, finalmente se decidieron por Las Manolas, una de las de mayor tamaño (2,10 metros de ancho por 2,30 de largo), porque es uno de los mayores atractivos del Blanes. En palabras de Bausero, "todos los que visitan el museo quedan enamorados de la pintura".

El proceso

Antes de llegar a Uruguay, los restauradores recibieron información acerca de la situación en que se encontraba la obra, dijo Kijima a El Observador.

Si bien le habían dicho que solamente había desprendimiento de pintura, al llegar se dieron cuenta de que las partes en que la pintura había caído eran pocas, pero que la suciedad del lienzo era notoria. Para corregir el primer problema, Kijima utilizó un pegamento fabricado a partir del pescado (normalmente utilizado por restauradores de arte), mientras que para la limpieza usó amoníaco de baja concentración. El bastidor, además, se había roto en varias partes, por lo que antes de reenmarcar la obra fue necesario arreglar la estructura. "Esta vez la pintura quedó excepcionalmente bien reencuadrada", dijo Kijima.

Con pequeños hisopos empezó la primera etapa del proceso. "Cuando estaba limpiando la pintura me di cuenta de cuán sucia estaba. Sin embargo, luego de la limpieza el color realmente resaltó. Me emocioné mucho porque el color era realmente hermoso", afirmó el restaurador. "Me di cuenta de que el artista tenía muy buen sentido de los colores. También pude entender que tenía muy buenas habilidades. El artista era excelente", señaló en referencia a Blanes Viale.

Ahora, el personal del museo deberá encargarse de enmendar el marco original de la obra, que también está deteriorado.

Limpieza Blanes
Con pequeños hisopos los expertos japoneses comenzaron la restauración, que implicó una limpieza del lienzo
Con pequeños hisopos los expertos japoneses comenzaron la restauración, que implicó una limpieza del lienzo

La restauradora uruguaya Claudia Barra fue una las personas que tuvo permiso para observar el trabajo de los nipones. "Me impactó la dinámica de su trabajo, la organización, la dedicación. Trabajaban muy concentrados, sin parar. También son muy humildes con su conocimiento. Expresaron, compartieron, dialogaron sobre los materiales", dijo Barra a El Observador.

Junto con su colega Matilde Enhardt, Barra estuvo encargada de restaurar El Juramento de los Treinta y Tres Orientales, de Juan Manuel Blanes, y remarcó que no vio mucha diferencia entre los materiales que utilizaron los japoneses y los que ella emplea normalmente. Sin embargo, comentó que en algunas áreas de Las Manolas los restauradores invitados usaron papel washi en lugar del papel que se usa normalmente para restauraciones.

El papel washi es un material muy resistente fabricado con materias primas como bambú, cáñamo, arroz y trigo, más otras plantas de la flora nipona. Es muy fino y da a la obra que se restaura una durabilidad y resistencia mayor que las que se alcanzan con el papel normal. Por su valor como material tradicional de Japón con más de 1.300 años de historia, la Unesco declaró al papel washi como patrimonio inmaterial de la humanidad. Durante sus días en Uruguay, Kijima y Tsuchiya brindaron un par de charlas para conservadores y restauradores locales acerca de esta técnica milenaria.

Dada la reducida comunidad de restauradores que hay en Uruguay, Bausero remarcó la importancia de la creación de una cátedra en esta disciplina en el país. "Ya Uruguay tiene artistas que tienen mucho tiempo. No tenemos obras renacentistas, pero sí podemos decir que tenemos obras que tienen más de 100 años, entonces es importante que nos ocupemos de su restauración", dijo.

La directora del Museo Blanes tiene en su agenda la restauración de pinturas de Pedro Figari, aunque su concreción deberá ser planificada con detenimiento, dijo, porque el museo no tiene restauradores residentes y el presupuesto con el que cuenta es acotado.

Restauración Las Manolas
Para la restauración de <i>Las Manolas</i>, hubo que retirarla del marco y del bastidor, ya que este último también estaba dañado.&nbsp;
Para la restauración de Las Manolas, hubo que retirarla del marco y del bastidor, ya que este último también estaba dañado.

Restauración estructural

La restauradora uruguaya Claudia Barra destacó que una pintura requiere una restauración "de urgencia" cuando el deterioro es estructural. Los daños que se pueden considerar de este tipo son, por ejemplo, el desprendimiento de pintura, las grietas, roturas de tela, que la tensión del lienzo sobre el bastidor no sea la suficiente o que haya contaminación microbiológica, por hongos o insectos. Barra señaló que en estos casos se debe actuar en el corto plazo, ya que estos daños pueden generar otros más graves o irreversibles. Pese a que el personal del museo en el que se encuentran las pinturas está preparado para detectar este tipo de daños, muchas veces ayuda la alerta por parte de los visitantes atentos.

Restauración visual

Otras razones por las cuales se puede tener que recurrir a una restauración son aspectos visuales, que no son tan urgentes. Esto, por ejemplo, incluye la suciedad sobre la obra o que el color esté venido a menos. Este tipo de restauraciones no es crítica para la conservación de la obra, sino más que nada para tener una apreciación y una lectura correcta de la obra. De todas maneras, es importante que las condiciones ambientales donde se encuentra la pieza sean las adecuadas una vez que se finaliza la intervención. Entre las variables que deben cuidarse están la temperatura, la humedad y la iluminación. Todos estos factores pueden enlentecer el deterioro de la pieza a través de los años.

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