Alerta de peligro: fanáticos obsesivos

Empresarios de la cultura pop prefieren vender entradas a cuidar la creatividad

La cultura pop ha generado que una nueva especie de grupos de fanáticos crezca y ejerza casi tanta presión como los grupos terroristas en el mundo pero blandiendo las redes sociales y los foros de debates nerds como sus armas, aunque (la mayoría de las veces) sin llevar el fanatismo hasta consecuencias tan drásticas.

Ejemplos del accionar de estos fanáticos y de la presión que ejercen sobre los creadores de los productos culturales sobran. Uno de ellos fue la reacción de los fans de los cómics de Marvel cuando los creadores de las aventuras del Capitán América dieron a conocer que el héroe había sido un agente de Hydra durante toda su carrea.

Este hecho sumamente predecible dentro del hilo conductor de la historia ha provocado que legiones enteras de fanáticos se colocaran frente a los teclados de sus computadoras y elevaran sus quejas a las casillas de correo –con dudosa existencia– de los artistas y ejecutivos detrás de la película del Capitán América. Algunos de ellos han incluso amenazado de muerte a Tom Brevoort, editor de cómics en Marvel.

Y esto no es poco común. Las amenazas de muerte se han convertido en una figurita repetida en la vida de muchos trabajadores que se vinculan a las artes y cuyo trabajo despierta fanatismos irracionales. Ya sea por darle un giro particular a un personaje dentro de una ficción, como la muerte de Jon Snow en Game of Thrones, o por escribir una crítica negativa de una película de Batman; en estos días las amenazas fluyen libremente desde los grupos de fanáticos.

Es válido entonces recordar que la palabra "fan" es una abreviación de fanático, definido por el diccionario de Oxford como "una persona celosa hasta la obsesión y cegada especialmente por una religión extrema o una causa política". El mal comportamiento de los fanáticos dentro de la cultura pop, entonces, tiene algunos ecos de las luchas políticas libradas hoy en los medios de comunicación. Desde los 'Bernie Bros' hasta los 'Trumpistas', ahora todo el mundo está cada vez más enojado y el contacto directo entre aficionados y las figuras públicas alienta estos comportamientos.

Gran parte de esta problemática en la cultura pop se debe a que se le ha dado a los fans demasiada influencia sobre el proceso creativo de los productos culturales. Incluso más de un director de cine ha reconocido en entrevistas que los grandes estudios a veces toman decisiones a nivel de guión que luego no son del agrado de los fans y los productores se ven obligados a reversionar o crear películas nuevas, venderlas como secuelas y retractarse dentro de dichos filmes de muchas de las decisiones tomadas anteriormente. Todo para no perder público.

Marvel, por ejemplo, ha hecho un buen trabajo haciendo que el público sienta cómo invirtió emocionalmente en sus productos. Y esa inversión emocional se traduce en ganancias reales, ya que cuatro de las 15 películas más vistas de todos los tiempos pertenecen a la firma de los superhéroes. Esta relación podría poner en riesgo los futuros logros del cine

Fuente: Sonny Bunch - The Washington Post

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