Alfredo Zitarrosa: de no olvidar

A unos pocos días del megaespectáculo que celebrara los 80 años de su nacimiento se hace obligatorio un repaso a la obra del mítico cantautor uruguayo que aún hoy sigue pesando en la música local como pocos
"Y ésa fue la única vez que Dios no supo quién era Dios". Así concluye Eduardo Galeano un microrelato que imagina a Alfredo Zitarrosa cantando milongas en las puertas del paraíso y a Dios escuchándolo casualmente.

La imagen describe hiperbólicamente la fascinación que el artista puede provocar cuando se lo escucha cantar el género que más transitó y en el que creó sus mejores canciones. Al igual que Gardel, la voz de Zitarrosa parece sonar cada vez mejor y el tiempo no ha hecho mella en su obra. Al contrario, ha aumentado su encanto y su leyenda.

Pero, aun siendo una parte fundamental de su trabajo, el aporte de Zitarrosa a la historia de la música popular uruguaya no se basa solo en su gran voz. Desde sus inicios como artista profesional en 1964, Zitarrosa construyó una manera de entender la música de este lado el mundo que fue única e irrepetible y que tuvo además una enorme repercusión popular en el Río de la Plata y en gran parte de América Latina.

En su obra las raíces folclóricas rurales se mezclaron con la música urbana del tango y las guitarras adquirieron un enorme protagonismo rescatando la tradición de dúos, tríos y cuartetos de ese instrumento en la música rural y ciudadana del Río de la Plata.

Zitarrosa fue un letrista con una honda conciencia social, pero también un compositor de temas intimistas y personales, responsable de algunos de los mejores canciones de desamor de la música uruguaya. Fue a la vez un tradicionalista y un renovador. Ayudó a definir y a cimentar las tradiciones culturales uruguayas, pero también demostró que esas tradiciones seguían vivas, podían cambiar y aceptar nuevas influencias.

Tiempos de identidad

Parece increíble, viendo la trascendencia que tuvo su obra, que Zitarrosa se dedicara profesionalmente a la música casi de casualidad.

Según el propio músico contó, el disparador de su carrera fue la necesidad económica estando fuera del país. Su primer aparición pública fue en 1964 durante un programa televisivo en Perú al influjo de un amigo que le consiguió el trabajo en el que ganó US$ 50. Repitió la experiencia en programas radiales en Bolivia. Volvió a Uruguay hecho cantante para sorpresa de muchos.

Hasta ese momento, Zitarrosa trabajaba como locutor radial y periodista. También era poeta. En 1959 había ganado el Premio Municipal de Poesía por el libro inédito Explicaciones, libro que permaneció sin editarse por decisión del autor.

Pero, tras la experiencia peruana, nunca abandonó la faceta por la que sería conocido.

En 1965 edita El Canto de Zitarrosa, un primer EP de cuatro canciones. Tres de ellas (Milonga para una niña, Mire amigo, Recordándote) de su autoría. Un año después se edita Canta Zitarrosa, su primer disco.
Milonga para una niña - Zitarrosa

Llama mucho la atención apreciar cómo ya en ese primer disco está todo lo que hizo a Zitarrosa ser Zitarrosa.

Este primer larga duración solista es probablemente su mejor disco de canciones. Aquí están, por ejemplo, algunas de sus más recordadas milongas de desamor como Milonga de Ojos Dorados, De No Olvidar y Milonga para una niña.

Zitarrosa no fue el primero en intentar una canción uruguaya basada en los géneros musicales que identifican a esta parte del mundo. Estuvo acompañado por sus contemporáneos Daniel Viglietti y Los Olimareños, entre otros, quienes fueron a su vez continuadores de pioneros como Osiris Rodríguez Castillos, Amalia de la Vega y Anselmo Grau.

Canta Zitarrosa aparece en un momento clave en la música nacional donde la búsqueda de una identidad musical propia, diferenciada del folclore argentino, estaba en su apogeo. El álbum sigue esa línea pero a la vez reivindica –al igual que hacían Los Olimareños y Daniel Viglietti- la libertad creativa. En el largo texto incluido en la contratapa del disco, Zitarrosa dice: "Canto como puedo, volvería a decir, como siento y quiero cantar (...) Aparte las teorías y posturas estéticas o históricas que puedan adaptarse con respecto al canto nuestro, considero ser el más importante aquel supuesto que hace a la libertad de creación(...)".

Hoy resulta gracioso, aunque demuestra lo que era el aire de los tiempos, que Zitarrosa se tome el trabajo de "justificar" la inclusión de cuatro zambas de su autoría, pese a ser un ritmo de origen argentino: Recordándote, Si te vas, No me esperes y Zamba por vos (cuatro de sus mejores temas, por otra parte).

Guitarras

Doña Soledad Zitarrosa

Canta Zitarrosa fue un éxito popular tan que rivalizó en ventas con los discos de los Beatles. Convertido en una de las figuras fundamentales de la canción uruguaya de origen folclórico, siguió un camino ascendente en su popularidad y en su creatividad al acometer sus siguientes álbumes Del amor herido (1967), Yo se quien soy (1968) y Zitarrosa 4 (1969), todos grabados en Buenos Aires. En esos discos están incluidas las canciones que se convertirían en clásicos de la música latinoamericana como Pa'l que se va, Del amor herido, Doña Soledad, Que pena o El violín de Becho.

En esos discos de los años 60 está el gen del "sonido Zitarrosa", marcado por su voz y por las guitarras.

Zitarrosa no fue el inventor de la formación del cuarteto guitarrístico pero sí fue quien más lo desarrolló en su obra a lo largo del tiempo.

Los grupos de guitarras han estado presentes en la música uruguaya desde sus comienzos. El origen de la formación viene del tango –tríos de guitarra y contrabajo o guitarras y guitarrón- que cultivaron desde Carlos Gardel a Alberto Mastra y tuvo también su derivación folclórica rural.
Zitarrosa juntó esas dos vertientes y las convirtió en la marca registrada de su propuesta,
especialmente de sus milongas.

Pese a componer y cantar muchas canciones de géneros musicales y temática rural, Zitarrosa le dio a la música popular un aire urbano que venía del tango y de su propia experiencia vital. La milonga fue el vehículo ideal para hacer esto ya que el ritmo siempre tuvo las dos vertientes, aunando además la parte africana –nunca del todo asumida en el tango.

Exilio y literatura

En el convulsionado Uruguay de los primeros años de la década de 1970, Zitarrosa sufrió distintas prohibiciones incluso en etapas supuestamente democráticas. En 1973 editó el álbum Adagio en mi país, que abría con la canción que daba titulo al disco y que se convertiría en un himno de la resistencia a la dictadura, perdurando en el tiempo como un clásico antibélico y un tema de esperanza social y política.

En 1976 tuvo que abandonar Uruguay, comenzando así un largo periplo que incluiría estadías en Argentina, España y México.

Fue en ese exilio en el que, además de recorrer el mundo cantando y denunciando a la dictadura, Zitarrosa compuso una de sus obras más impresionantes: el opus Guitarra Negra, una obra de 16 minutos de duración dividida en varias partes que en un principio el músico bautizó como Contracanciones y luego Poema por milonga.

Guitarra Negra rescata la faceta literaria del autor. Son textos en prosa recitados con un acompañamiento musical de guitarras, coro femenino y arreglos orquestales.
Guitarra Negra Zitarrosa

Es una obra muy arriesgada y experimental que conjuga la tradición del recitado criollo con otras formas literarias y musicales. Los textos si bien hacen alusión clara al exilio y a la situación reinante en Uruguay, no son para nada lineales y permiten más de una lectura, combinando -como siempre sucede en el mejor Zitarrosa- lo intimo con lo social. Quizás el más impresionante de todos es el fragmento llamado Uruguay for export, donde el relato descarnado de la muerte de una res en un matadero conmueve no solo por lo que se está contando, sino por la enorme red de implicancias literarias, sociales y políticas que tiene la imagen de un ser vivo muerto a palazos y descuartizado, para luego ser exhibido con el rotulo Uruguay for Export.

Más allá del valor literario de la obra, su fuerza no sería tan enorme de no ser por la música y principalmente por la interpretación de Zitarrosa, que hace musicales textos complejos y larguísimos en prosa y dota a las palabras dichas de melodía.

Zitarrosa editó tres discos llamados Guitarra Negra, incluyendo en todos esta obra en distintas versiones. El primero fue grabado y editado en España en 1977, el segundo en México en 1978 y el tercero en Uruguay, en 1985, cuando el artista ya estaba radicado de vuelta en el país.

El artista continuaría sus experimentaciones combinando prosa y milonga durante la década del 80 y retomaría también su concepto de "jazz del sur", usando la milonga para distintos desarrollos musicales instrumentales, como las composiciones Melodía larga I, II y III que editó cuando retornó al Uruguay.

Zitarrosa retornó al país el 31 de marzo de 1984. Fue recibido por una multitud en el aeropuerto de Carrasco y se formó una inmensa caravana para acompañarlo.

Además de presentarse muchas veces en vivo y editar nuevos álbumes, Zitarrosa también volvió en esos últimos años a la literatura, escribiendo una muy particular columna titulada Fábulas Materialistas en el diario La Hora y leyendo textos de género inclasificable en sus espectáculos. Póstumamente se editaron algunos de esos textos en los libros Por si el recuerdo, Fábulas materialistas y El oficio del cantor, además de un libro que recopila algunas de las entrevistas hechas por el artista para el semanario Marcha en su etapa de periodista a inicios de la década del 60. En 1999 se editó el poemario Sonríe Muerte, un libro que había permanecido inédito en sus archivos desde 1962, que, al parecer, incluye alguno de los poemas premiados en 1959.

Zitarrosa falleció el 17 de enero de 1989 a los 52 años. En este 2016 (nació el 10 de marzo de 1936) hubiera cumplido 80.

Es celebrando ese aniversario que se realizará un espectáculo histórico en el Estadio Centenario este 10 de marzo. El mega espectáculo que contará con la dirección musical de Fernando Cabrera y la escenografía y visuales de Verónica Loza reunirá un increíble elenco de músicos hispanoamericanos.
Joan Manuel Serrat, Jorge Drexler, Liliana Herrero, Sebastián Teysera, Juan Campodónico, Soledad Pastorutti, Emiliano Brancciari, Pepe Guerra, Luciano Supervielle, Daniel Viglietti, Larbanois-Carrero, Malena Muyala, Hugo Fattoruso, Braulio López, Martín Buscaglia, Numa Moraes y Lisandro Aristimuño son alguno de los nombres que estarán esa noche en el Estadio Centenario, interpretando 23 canciones de Alfredo Zitarrosa.

Un homenaje que seguramente estará a la altura del homenajeado. Ese que sigue cantando, diciendo y escribiendo cada vez mejor.

Lo que se puede escuchar hoy

Aunque hay infinidad de antologías locales e internacionales editadas con la música de Alfredo Zitarrosa, inexplicablemente, su discografía original ha sido parcamente reeditada, sin seguir un criterio cronológico y con varios baches.

El sello Bizarro. Tiene hoy el catalogo de Orfeo, compañía donde Zitarrosa grabó sus discos fundamentales. Ha reeditado en CD los álbumes Canta Zitarrosa (1966), Yo sé quien soy (1968), Guitarra negra (1985), Melodía larga (1984) y Melodía larga 2 (1987).

Sondor. Tiene los derechos del desaparecido sello Clave. Reeditó Desde Tacuarembó (1975) y Recordándote (1976).

Ayuí. Recuperó el álbum Textos Políticos (1980), grabado en su exilio mexicano.

Uno de los perdidos. Todavía puede conseguirse con un poco de suerte una edición limitada de Adagio en mi país (1973) que reeditó el sello Montevideo Music Group en 2006.

Virtuales. En los sitios de descarga digital y streaming como Spotify o ITunes puede escucharse(además de decenas de recopilaciones internacionales), Coplas del canto (1971), el álbum Alfredo Zitarrosa (1972) editado originalmente en Argentina, la edición mexicana de Guitarra Negra (1978) y los ya citados Yo sé quien soy, Melodía larga, Desde Tacuarembó y Recordándote.

En Amazon España puede comprarse en formato de descarga digital el primer álbum llamado Guitarra Negra (1977), reeditado por Warner Music.

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Andrés Torrón