Amazon prueba sus alas

Una crónica sobre el secretismo y las posibilidades del proyecto de envíos automatizados del gigante del comercio electrónico
Mark Scott para The New York Times

Después de horas de búsqueda, me detuve en un camino de tierra aquí en las ondulantes colinas de Cambridgeshire y detecté un pequeño punto que zumbaba por el cielo azul, ondeando suavemente en la brisa conforme volaba continuamente a unos 60 metros de altura.

¡Lotería! Era un dron de Amazon. Apenas visible para el ojo desnudo, la nave sin identificación, más o menos del tamaño de un modelo de avión grande, flotaba por el campo como a 1 kilómetro de distancia, con las luces de sus sensores de cuatro puntas destellando en el sol del atardecer.

Amazon, la gigantesca compañía de comercio electrónico, empezó a hacer pruebas secretas con naves no piloteadas hace unos meses, en un lugar no revelado de Gran Bretaña (su sitio de pruebas al aire libre más grande, según un ejecutivo de Amazon). Yo me propuse encontrar el secreto tan celosamente guardado, quería ver cómo todos podríamos recibir algún día nuestras compras en línea.

En retrospectiva, las señales que apuntaban al sitio secreto de pruebas de Amazon estaban ocultas a plena vista.

Hubo una advertencia para los pilotos de que iba a haber naves no piloteadas volando en la zona, más o menos a una hora de Londres, hasta principios de octubre. Otra pista era la extrañamente rápida recepción de telefonía celular en un área tan remota, algo indispensable para procesar los datos del dron. Además, la creciente lista de empleos y vacantes en el sitio de investigación de Amazon en Cambridge relacionados con Primer Air, el ambicioso plan de la empresa de usar drones para entregas cotidianas.

Los reguladores estadounidenses aprobaron el uso comercial de drones en 2010, muchos años antes de que la Administración Federal de Aviación relajara sus restricciones sobre aeronaves a control remoto, en junio de este año. Amazon se estableció en Gran Bretaña pues Estados Unidos se negó a autorizar las pruebas.

En su localidad rural de Cambridge, y en un establecimiento similar en Canadá, es probable que Amazon esté trabajando en los sensores del dron y otras mejoras necesarias para el uso diario.

Una vocera de la empresa no quiso hacer comentarios sobre el sitio de pruebas en Inglaterra.

La campiña menos pensada

Ya que abundan los competidores (ver recuadro), no es raro que Amazon quiera esconder sus esfuerzos de ojos curiosos. En Fulbourn, el poblado más cercano al sitio de pruebas, donde las casas con techo de paja y una iglesia centenaria hacen guardia en la tranquila calle principal, poca gente sabe que el gigante estadounidense de tecnología se estableció.Pero algunas personas de esta zona rural tuvieron reacciones de cólera. Para Julia Napier, fundadora de Amigos de la Vía Romana y Fleam Dyke, una asociación que mantiene las veredas públicas alrededor del lugar, la llegada de Amazon es una amenaza a la fauna y al campo, cosa que, naturalmente, la compañía ha negado.

Los rumores sobre misteriosas naves que volaban a poca altura por el campo me atrajeron a esta zona. Empero, al dejar mi auto en un estacionamiento cercano, una cálida mañana de setiembre, sentí que me había equivocado de sitio. No había nada que pareciera fuera de lugar. Aguzaba el oído a cada ruido que rompiera la tranquilidad, solo para decepcionarme cuando el zumbido resultaba ser el de un tractor, un auto o simplemente un enjambre de abejas. Al regresar a mi auto después de agotar casi todas las opciones, tenía la molesta sospecha de que estaba buscando algo que no existía. Solo me quedaba por explorar un camino.

A menos de 270 metros por la vía cubierta de césped, al borde de una granja, un guardia con un walkie-talkie salió detrás de un seto y señaló un letrero que decía: "Propiedad privada. Prohibido el paso".

Cuando me señaló repetidamente que era una propiedad privada y que había llamado al granjero para que me echara de ahí, supe que había descubierto algo. Al darle vuelta a la propiedad en compañía de Andrew Testa, fotógrafo de The New York Times, mis sospechas fueron creciendo.

A la entrada de la granja –pese a la presencia de Amazon se siguen realizando tareas agrícolas–, un guardia con chaleco fluorescente revisaba la identificación de los que llegaban al lugar. A la distancia había pacas de heno apiladas a por lo menos seis metros de altura (presuntamente para probar la capacidad de los drones de orientarse entre edificios). En un campo distante, una plataforma azul, grande y metálica, ofrecía una vista panorámica de las tierras agrícolas.

Entonces fue cuando lo vimos.

¿Para qué destinos?

Espiar el dron –que veíamos mejor a través del telefoto de mi colega– fue anticlimático. En lugar de realizar una serie de acrobacias aéreas, el aparato simplemente estuvo oscilando durante unos 20 minutos, yendo lentamente de un lado a otro del campo sin siquiera sacudirse.

En lugares como Worsted Lodge – zona escasamente poblada donde los animales de granja fácilmente superan en número a los residentes– los drones podrían llenar un nicho no atendido de personas con acceso limitado a las tiendas. Pero en muchas zonas urbanas, la llegada de la entrega por drones rápidamente podría convertirse en una pesadilla logística.

"¿Cómo recorrerán las entregas los últimos 100 metros?", pregunta Jay Bregman, fundador de Verifly, empresa incipiente de seguros para drones, a quien llamé para pedirle su opinión sobre la viabilidad de tales planes. "En lugares como Nueva York, eso va a ser muy difícil".

Los rivales, de la pizza a Google

Amazon no es la única empresa que está haciendo pruebas con drones en todo el mundo.
En Nueva Zelanda, Pizza Domino's está probando drones para entregar más rápido sus productos. Google está ofreciendo órdenes de burritos entregadas por dron en Virginia. JD.com, gigante chino de comercio electrónico, tiene una flotilla de drones con una autonomía de vuelo de 24 kilómetros, para alcanzar comunidades rurales a una quinta parte del costo de los camiones tradicionales (aunque de todos modos, hay una persona que le lleva al destinatario el paquete en el último tramo).

Populares de la sección