Anep no escucha ni a sus técnicos

La aprobación de docentes y estudiantes al Promejora demuestra el error de quienes quieren abandonarlo

La mayoritaria aprobación de docentes y estudiantes al plan Promejora constituye una contundente reafirmación del error de quienes conducen la escorada educación pública al decidir abandonarlo. Wilson Netto, presidente del Consejo Directivo Central (Codicen) de ANEP, afirmó hace pocos días que “el Promejora ya no existe”, contradiciendo un informe del propio organismo que encabeza, que en diciembre de 2015 recomendó continuarlo. El Informe de Monitoreo Promejora, preparado por técnicos de la Dirección de Investigación y Estadística Educativa de la ANEP, concluyó que era conveniente seguir adelante con las reformas parciales iniciadas en 34 centros que participaron del programa.

Su recomendación siguió a la opinión del 64% de docentes y 76% de estudiantes encuestados sobre las ventajas de habilitar cierta autonomía descentralizadora a los centros de estudios y otras reformas contenidas en el plan, entre los muchos cambios que se necesitan para sacar del atraso a la enseñanza pública. Las ventajas del plan Promejora fueron destacadas por mayor margen de docentes y estudiantes en el nivel secundario, el punto más débil de la herrumbrada cadena pública. Además del apoyo de los estudiantes, es especialmente significativo que más de seis de cada 10 profesores también lo respaldaran. El resultado confirma el divorcio entre quienes conducen los sindicatos, que rechazaron desde el primer momento al plan, y el cuerpo de docentes. Esta división ya se había evidenciado en la oposición de gran número de educadores a la ola de paros con que los dirigentes de los sindicatos desbarrancaron el último año lectivo.

Desoyendo el informe de sus propios técnicos, el Codicen resolvió eliminar, a partir del 1º de enero de este año, los recursos que se aportaban a los centros involucrados en el programa, decretando la extinción anunciada por Netto. Laura Motta, consejera del Codicen, trató de justificar la medida con la explicación misteriosa de que se estaba trabajando con “un concepto diferente”. Pero la diferencia que se requiere en forma apremiante, y que sigue perdida en la ineficiencia conductiva, es introducir y generalizar reformas que modernicen un sistema resquebrajado por las deserciones, las repeticiones y los bajos resultados académicos, que han puesto a Uruguay a la cola del mundo en las pruebas internacionales Pisa. Se ha tomado, en cambio, el camino torcido de eliminar lo poco que se estaba haciendo de bueno.

La responsabilidad recae directamente sobre los responsables de la educación pública, liderados por Netto y por la ministra del área, María Julia Muñoz. Ya se había dado una perjudicial marcha atrás el año pasado cuando, bajo presión de Netto y con la pasiva aquiescencia de la ministra, se descabezó el sector de la cartera a cargo de las reformas. Cayeron el subsecretario del ministerio y su director de Educación pese a que habían sido puestos por el presidente Tabaré Vázquez para apuntalar el mejoramiento educativo, incluyendo el acertado proyecto presidencial de unificar los ciclos de Primaria y Secundaria. A este retroceso se agrega ahora el desmantelamiento del plan Promejora, borrando un modesto primer paso hacia la formación de niños y jóvenes para una vida adulta adecuada a las exigencias del mundo actual. Es una necesidad en la que al país le va la vida pero que no parece ser entendida ni en el gobierno ni en las autoridades de la educación pública.


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