Apreciar lo natural

Las características de la lana, sumadas al valor de la materia prima que refiere a la identidad cultural, han motivado a distintas marcas uruguayas a crear productos innovadores y con un sello propio. Aquí nos adentramos en la historia de dos empresas familiares que lograron tejer su historia en lana

Por Agustina Amorós

Uruguay cuenta con una larga tradición en la exportación de lana. La abundancia de materia prima en territorio nacional y el desarrollo de una industria de tecnología avanzada han transformado a nuestro país en el tercer exportador de lana peinada del mundo.

La producción lanera ha desarrollado su cadena industrial hasta etapas muy avanzadas, lo que ha situado al mercado en un contexto ideal para la generación de nuevas estrategias de negocio. Esta industria no solo se estableció como una línea fundamental de la economía nacional, sino que también quedó impregnada en la identidad cultural del país. Bajo este contexto productivo, distintas marcas locales encontraron un incentivo para la producción de valor agregado en diseño de objetos de decoración e interiorismo. Les presentamos dos propuestas de empresas familiares que honran la lana como materia prima y se destacan internacionalmente por su diseño y calidad.

Don Baez: from sheep to shop

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La grifa Don Baez derivó de su marca madre, Montelan, una empresa familiar que desde 1959 se dedica a la exportación de lanas. "Mi padre exportaba lana como materia prima. Teníamos una barraca donde se recibía la lana de los productores, se lavaba, clasificaba y acondicionaba para su exportación", cuenta Claudia Weiss, directora de Don Baez.

En ese contexto, creciendo de la mano con la industria, nació en Claudia la idea de generar valor agregado a la materia prima. "Se me ocurrió hacer un producto basado en nuestra lana, y así surgió la confección de mantas", con lo que dio espacio a la creación de Don Baez, emprendimiento que de cierta forma rebautiza a su fundador.

Cuando las personas se dirigían al padre de Claudia, intentaban llamarlo pronunciando su apellido en alemán, pero Weiss terminaba sonando como Baez, por lo que a través de la deformación del apellido se define el nombre de la marca.

Las mantas creadas por Claudia se comercializaban en la misma barraca y, aun con la genuina infraestructura de Montelan, el modelo de negocios comenzó rápidamente a requerir un cambio. "El impacto de la propuesta fue muy positivo. Los clientes consultaban por nuevos productos y cada pregunta despertaba nuevas ideas". Asimismo, inmersa en una zona industrial y lejos de la ciudad, la barraca no facilitaba la exhibición de los productos.

En noviembre de 2012, con varios proyectos en puerta (incluyendo la apertura de un local en el este) la barraca sufrió un destructivo incendio. "Tuvimos que replantearnos todo: decidimos abandonar la idea de la barraca y reorganizarnos en algo más pequeño. Allí es cuando surge la idea de abrir un local comercial". Bajo la premisa de estar más cerca de sus clientes, en 2014 abrieron las puertas de su nueva tienda en

José Ellauri 532. La apertura de un local de corte comercial, en plena zona hotelera, con un interesante flujo de turistas y locales, potenció el negocio lanero.

Hoy Don Baez tiene dos líneas de productos bien diferenciadas: su colección de indumentaria femenina y su línea Home, con una gama variada de artículos para el hogar. Los productos se confeccionan con lana merino, la más suave y fina de las fibras lanares. "Existen distintos tipo de lana. Nosotros trabajamos 100% con lana merino y a través de eso logramos los efectos que necesitamos para nuestros productos: que no sean pesados, que no piquen y que se adapten a su funcionalidad". La marca trabaja con lana sin teñir, tomando la paleta de colores que proporciona la naturaleza ovina: crudo, blanco, marrón y gris. Cada prenda de Don Baez deja en evidencia la versatilidad de su materia prima. Aquí destacamos tres objetos de decoración que invitan a vestir nuestros ambientes con lana.

www.donbaez.com

Taller Clavelli: rural landscapes

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Carlos Clavelli se formó en distintos centros que forjaron su profesión como artesano: estudió tres años en la Facultad de Arquitectura, asistió a clases en Bellas Artes y también en la Escuela Universitaria Centro de Diseño. En 1983, él y su esposa Rocío tomaron la decisión de emprender su propio proyecto familiar. La situación personal que los acechaba los empujó a la acción. "Nos impulsó el gusto por diseñar, tener un trabajo independiente y poder cuidar a nuestra primera hija mientras trabajábamos en casa", resume Rocío. Durante los primeros años de experimentación, el taller centró su trabajo en la elaboración de juguetes de madera. La propuesta fue decantando de forma gradual y se centró en la producción de piezas esculturales.

El emprendimiento fue creciendo de forma progresiva y sostenida en el tiempo, y obtuvo gran interés a nivel internacional. Carlos es quien se encarga de diseñar, cortar, tallar y ensamblar las piezas, mientras que Rocío lo asiste y colabora en las diferentes etapas del proceso: desde los esbozos de la idea hasta las terminaciones de cada objeto. Todo el proceso se realiza en el mismo taller, situado en el Prado, y cada pieza es elaborada artesanalmente.

Actualmente se pueden distinguir dos líneas de trabajo bien diferenciadas. Por un lado, los objetos escultóricos de pequeña escala en madera, que generalmente connotan escenas de la cultura popular uruguaya; y, por otra parte, la línea Paisajes rurales, que representa animales característicos del país. Para la producción y el diseño de los objetos se integra la madera con otros materiales propios de la producción local, como el cuero, el fieltro y la lana, "Es lo más lógico, son los materiales más accesibles, identifican el lugar de origen y muestran el entorno cultural de quienes producen los objetos". La lana y los cueros se trabajan en sus colores naturales, lo que agrega valor de representación al objeto.

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Las piezas del taller tienen una estética muy despojada, donde la materia prima toma el rol protagónico en cada objeto. "Es conocida la calidad de la lana uruguaya: su finura, color y textura hacen que sea un material muy placentero para trabajar. La lana le aporta valor estético a la pieza", afirma Rocío.

Los objetos están compuestos por piezas que se ensamblan entre sí. "Se trata de objetos de decoración que no fueron pensadas para ser tocados. Sin embargo, la lana en su estado natural invita inevitablemente al tacto", afirman los artesanos, dejando en evidencia que sus objetos se aprecian a través de los cinco sentidos.

La comercialización de las piezas se realiza a través de tiendas especializadas en artesanía y galerías de arte. En Uruguay los objetos se pueden obtener a través de Taller Clavelli (Loreto Gomensoro 754) y en puntos de venta de Montevideo y Colonia. Los productos también pueden encontrarse en Argentina, Estados Unidos y China.

www.tallerclavelli.com


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