Aprender del desfondado Fondes

Los millones del Fondes ya se perdieron. Solo queda la lección de que los magros recursos fiscales tienen que ser asignados con tino

El cuidadoso manejo responsable de los recursos fiscales no fue precisamente virtud del gobierno del expresidente José Mujica. La evidencia más emblemática fue el Fondo para el Desarrollo (Fondes). Guiado por la meta loable de proteger empleos y poner en manos de sus trabajadores empresas quebradas, Mujica despilfarró decenas de millones de dólares en crear cooperativas que en la mayoría de los casos carecían de fundamento económico. De las 10 que acumularon el 95% de los créditos del Estado, entre 23 que fueron asistidas con sumas menores, apenas seis siguen funcionando y solo una, la ex Funsa, está más o menos al día en la devolución de los préstamos recibidos del Banco República. Cuatro que cerraron por inviables se llevaron casi la mitad de los US$ 69,2 millones gastados desde la creación del organismo en 2012 hasta mediados del año pasado, cuando el presidente Tabaré Vázquez bajó la cortina del derroche.

El caso más sonado fue Alas Uruguay. Luego del cierre de Pluna, Mujica desoyó los sensatos consejos de cortar pérdidas, vender de inmediato los siete aviones que tenía la aerolínea y cerrar un capítulo sin futuro. Optó, en cambio, por años de enredadas gestiones que fracasaron y por concederle a Alas Uruguay, pese a la recomendación adversa de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP), US$ 15 millones que se esfumaron para siempre al cerrar una empresa que nunca fue viable. A esa suma hay que agregarle US$ 10 millones perdidos en la demorada venta de los aviones, que se habían desvalorizado durante tres años de adormecida inactividad en el aeropuerto de Carrasco. Y el argumento de Mujica de que actuaba para defender puestos de trabajo se derrumbó prontamente, ya que cuando Alas Uruguay trataba de despegar apenas tenía menos del 20% de los más de 700 empleados que había en Pluna. La OPP también había desaconsejado en vano financiar a las frustradas ex Paylana y COEP, que se llevaron US$ 6 millones cada una.

A poco de asumir su segundo período, Vázquez frenó el dadivoso funcionamiento del Fondes, dividiéndolo en dos organismos con pocos recursos para prestar e imponiendo las severas exigencias técnicas de viabilidad que se descuidaron durante el gobierno anterior. Pero el mal ya estaba hecho. La mayor parte de los créditos, que el BROU se vio forzado por ley a conceder, son irrecuperables. Gustavo Bernini, presidente de una de las dos empresas en que se dividió el antiguo Fondes, dijo a Brecha que “prácticamente no paga nadie” lo que deben al BROU y que “no vemos en el corto plazo que haya posibilidades” de recuperar los préstamos.

El diputado nacionalista Rodrigo Goñi, que interpelará al ministro de Trabajo, Ernesto Murro, por el cierre de Alas Uruguay, afirmó que en el manejo del Fondes primaron “objetivos políticos e ideológicos sobre lo jurídico y lo técnico”. Pero más que ideología, lo que abundó en los dispendios del organismo creado por Mujica fue reemplazar la justificación clara de cualquier gasto público con la incompetencia de un desviado voluntarismo. Los millones del Fondes ya se perdieron. Solo queda la lección de que los magros recursos fiscales tienen que ser asignados con tino y con razonable certeza de buenos resultados. Es un examen que tiene por delante la administración Vázquez en la confección del nuevo Presupuesto. Para aprobarlo tendrá que evitar la fragilidad de gestión de Mujica en gastos improductivos.


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El Observador

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