Aprender y rendir,¿cuándo consultar?

No es posible universalizar el acceso a la educación sin considerar los procesos cognitivos

Por Dr. Guillermo Fossati (PHD). Especial para El Observador

drguillermofossati@adinet.com.uy

Aprender supone adquirir información, retenerla, interpretarla, y ser capaz de recuperarla y aplicarla cuando es necesario. No es posible universalizar el acceso a la educación y lograr una llegada real a todos sin considerar los procesos cognitivos que determinan y explican el rendimiento y aprovechamiento educativo. Procesos relacionados con percibir, atender, memorizar, recordar, y pensar. En pocas palabras, el nivel de aprendizaje depende, en mucho, de la forma como fue procesada la información por el alumno.

Hay además una cercana relación entre nuestros sentidos y nuestra memoria y cognición. De aquí la importancia de las tareas de despistaje (o “screening” en inglés) para saber si el niño recibe bien la información (auditiva o visual). Es decir, conocer si hay limitaciones o impedimentos visuales periféricos (falta de nitidez y claridad en visión, restricción del campo visual, etcétera) o auditivos periféricos (falta de capacidad para oír lo que se le dice, recibir y captar la información de origen auditivo). Surge una pregunta: ¿se hacen estos estudios y controles de agudeza visual y agudeza auditiva en la educación inicial y en los grados de la educación primaria en nuestro país? Si solo se hacen cuando se sospechan limitaciones, ¿qué sucede con aquellos que presentan dificultades leves para captar estímulos auditivos o visuales y no son identificados fácilmente?

Más allá de la necesaria temprana identificación de posibles alteraciones en agudeza visual y agudeza auditiva, es importante entender que el cerebro juega un papel fundamental en la percepción de estímulos – no solo los oídos están involucrados en el proceso auditivo, no solo los ojos están involucrados en el proceso de la visión–. El cerebro es el que percibe e interpreta. El procesamiento a nivel central refiere a la eficiencia y eficacia con la que el cerebro procesa y utiliza la información (visual, auditiva, etcétera). Hay limitaciones asociadas al procesamiento de la información en el cerebro. Ejemplos: la dificultad para analizar y sintetizar estímulos visuales; la dificultad para visualizar, manipular, y utilizar formas visuales del mundo exterior e imágenes mentales; la falta de fluidez de pensamiento con estímulos que son visuales. También, la capacidad para atender, discriminar, reconocer, integrar, comprender, interpretar la información de origen auditivo. Si bien hay alumnos que aprenden mejor viendo y observando y hay alumnos que aprenden mejor cuando reciben las explicaciones de manera oral y cuando pueden hablar y explicar esa información a otra persona, ambas capacidades tienen que desarrollarse y fortalecerse.

Mucho de los malos resultados educativos ponen en evidencia el fracaso para identificar y atender oportunamente a los alumnos con debilidades cognitivas y problemas generales para aprender. Algunos ejemplos.

Ejemplo 1:

Un niño que tiene dificultades para prestar y mantener la atención en clase. Supongamos que este niño lucha por mantenerse alerta y atento cuando está frente a una actividad que no le resulta mental o físicamente excitante. Puede pasar horas frente a un videojuego haciendo algo estimulante pero no puede prestar apenas un rato de atención para atender en clase.

El sistema de atención tiene también entre sus funciones principales la selección de información relevante en cada momento. Para poder prestar atención a los detalles importantes, el alumno tiene que ser capaz de ignorar los detalles que no son importantes. El control selectivo de la atención es fundamental para un buen desempeño educativo. Esto es, prestar atención a algunas cosas y no a otras, establecer y restablecer prioridades atencionales, suprimir información irrelevante, etcétera.

Ejemplo 2

Un niño que procesa la información en forma lenta (tiempo requerido para que el cerebro interprete la información que le llega desde los sentidos). Le lleva más tiempo recibir la información (visual o auditiva), procesarla, y empezar a responder. Puede, pero necesita más tiempo. Esto compromete su funcionamiento en clase y afecta sus posibilidades en materia de aprendizaje. El docente (la clase) avanza a un ritmo y el niño avanza a otro. La menor rapidez y precisión en el procesamiento de información afecta la calidad de las percepciones. Se registran las cosas con menor claridad. En consecuencia, se tiene también luego mayor dificultad para recordar. Por otra parte, la rapidez de nuestro cerebro para procesar los eventos que se dan a nuestro alrededor determina la efectividad de nuestras reacciones a esos eventos.

Ejemplo 3:

Un alumno que no recuerda lo que estudia porque no logra grabar la información de manera organizada en su cerebro. Se recuerda más y mejor cuando los conocimientos están altamente interconectados y se relacionan de diversas maneras con los conocimientos que ya se tienen.

Ejemplo 4:

Un niño que muestra dificultades para analizar, sintetizar, y procesar cambios rápidos de estímulos tanto en la modalidad auditiva como visual. Esto hace que, por ejemplo, necesite mayor tiempo de separación entre dos estímulos que se presentan uno seguido del otro para poder diferenciarlos y ponerlos en orden (que se oye primero, segundo, etcétera); entre otras dificultades. Es a partir de una insuficiencia o debilidad relativa en la capacidad del cerebro para procesar las señales auditivas y visuales que le llegan que se compromete la automatización adecuada del proceso lector. Hay clara evidencia de que el entrenamiento de estas funciones básicas genera una mejora significativa en la lectura y la escritura. Los buenos lectores logran automatizar el mecanismo de reconocimiento de las palabras e identificarlas con rapidez y precisión.

Ejemplo 5

Un alumno que tiene dificultad para retener información en la mente mientras está recibiendo nueva información y necesita que le repitan las cosas. En términos técnicos, tiene un déficit en lo que denominamos “memoria de trabajo” (el pizarrón de la mente). Utilizamos la memoria de trabajo todos los días. Es necesaria para mantenerse actualizado y consciente acerca de lo que está pasando a nuestro alrededor. También es necesaria para controlar la atención y recordar lo siguiente que tenemos que hacer. Con afectación o déficit de la memoria de trabajo es difícil mantener la atención, recordar instrucciones, comenzar y finalizar actividades. Es obvia su crucial importancia para una buen desempeño educativo. Existe, por ejemplo, una fuerte relación entre la capacidad de la memoria de trabajo de un alumno y su capacidad para comprender un texto. La capacidad de la memoria de trabajo (verbal y viso-espacial) se desarrolla de forma sostenida a lo largo de los años de la educación básica.

Ejemplo 6

Pensemos también en aquellos alumnos dotados de una mayor eficiencia cognitiva –procesan mejor y más rápido la información–. Estos alumnos, con una habilidad para aprender superior al promedio, requieren también atención especial. Necesitan actividades que desafíen sus capacidades y promuevan su desarrollo. Tienen derecho a una educación acorde con sus necesidades especiales que les ofrezca la oportunidad de maximizar el desarrollo de su potencial.

El tipo de habilidades y destrezas cognitivas para beneficiarse de los procesos de enseñanza / aprendizaje varía en función de los objetivos curriculares y la edad y el grado educativo de los alumnos. Hoy podemos realizar estudios especializados que permiten obtener con alta confiabilidad y validez un perfil cognitivo del alumno cuando se compara con el de otros alumnos de su misma edad o su mismo grado educativo. Estos estudios solo tienen sentido en la medida en que estén motivados por la intención y la posibilidad real de ofrecer luego servicios o programas específicos para fortalecer las capacidades perceptivas y cognitivas relacionadas con el aprendizaje. Tiene que existir además voluntad para la diferenciación curricular y pedagógica.


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