Apuntes de una vendimia con muchas interrogantes

Lluvias empiezan a amenazar una cosecha que parecía muy buena

El momento de la verdad se acerca. La vendimia en Uruguay es una vez al año y todo lo que pase en ese momento será, por un lado, el resultado del trabajo de meses, pero también de las decisiones de los productores y del clima.

El Instituto Nacional de Vitivinicultura (Inavi) fijó el lunes 20 de febrero como el inicio de la vendimia. Se trata de una fecha de referencia para la cosecha aunque hay más de un ejemplo de cortada de uva temprana en distintos puntos del país. La elección difiere en cinco días con respecto al año anterior. Ello viene a confirmar algo que está bastante extendido entre productores, en cuanto a un leve atraso en la cosecha.

Las estadísticas indican una acumulación de agua superior al año pasado en los meses que importan para el viñedo, es decir, de setiembre (cuando la vid brota) a febrero. Sobre todo cuando las distintas variedades empiezan a madurar, a partir de mediados de enero, las lluvias generan un perjuicio importante. Además de condiciones para la putrefacción o ataque de hongos, la uva se diluye con tanta agua y pierde potencial gustativo y aromático. Por lo tanto, también se atrasa en esa evolución esperada de acumulación de azúcar (que luego dará alcohol), polifenoles (responsables del color y cuerpo del vino) y pérdida de acidez.

Para este fin de semana hay pronóstico de lluvia para todo el país. Inumet pronostica unos 50 milímetros de agua, lo cual es mucho para este momento en los viñedos.

Al mismo tiempo, por lo menos en Canelones –donde se concentra 62% de los viñedos del país–también hubo hasta ahora menos cantidad de horas de sol que el año pasado. Ello es importante porque la uva madura sintetiza todo lo que necesita el vino con la luz; cuando acumula menos demora más en madurar.

A esta altura, las variedades blancas, que maduran en general antes que la mayoría de las tintas, pueden comprometer su calidad con tanta lluvia. Sin embargo, todo puede cambiar si cesan las precipitaciones, y hasta la segunda quincena de marzo no cae tanta agua como se pronostica.

Aunque Uruguay es un país chico, los eventos climáticos de los últimos tiempos son focalizados y generan daño en lugares muy puntuales. Es así que extensos viñedos gozan de una sanidad excepcional y no tuvieron que afrontar roturas por vientos, granizo o heladas. Pero a la vez en otros casos se perdieron cosechas enteras. Esos ejemplos en comparación al total de hectáreas de viñedo representan un volumen pequeño, pero el drama de un productor no repara en las estadísticas y si le tocó perder, esa será su realidad.

Adversidades

El enólogo tiene dos funciones fundamentales. La principal es llevar adelante la fermentación alcohólica, pero la otra –no menos importante– es seguir la maduración de la uva y decidir el momento de cosecha. Solo con buena fruta se puede hacer buen vino.

Una vez, un enólogo chileno preguntó –de visita por Montevideo– cómo hacían en Uruguay para elaborar vinos de calidad. Él, que está acostumbrado a cierta estabilidad en el clima, a las lluvias escasas y condiciones para que la uva madure de forma óptima, no se imaginaba cómo obtener fruta de calidad para luego lograr vinos dignos. De vuelta a su país, se convenció que la clave es la gran capacidad de resolver problemas del productor y enólogo uruguayo.

Los consumidores tienen para aferrarse a ese valor de la vitivinicultura uruguaya, capaz de sobreponerse a las adversidades para entregar productos de calidad internacional.


Comentarios

Acerca del autor