Aquel juego de niños llamado Watergate

Las mentiras y maniobras de otros presidentes de EEUU dejan a Trump como un estadista serio
El triunfo de Donald Trump en Estados Unidos parece demostrar que los males de la política son como esos insectos que una vez que se acostumbran al veneno que los mata, se hacen inmunes a él.

Algunos analistas y medios de comunicación dijeron que la evidencia acerca de que hackers rusos jugaron a favor de Trump en la campaña electoral era un episodio tanto o más grave que el famoso caso Watergate, sin embargo nada pasó. En 1974 el presidente Richard Nixon renunció a su cargo, acusado de entorpecer la Justicia en la investigación de un caso de espionaje contra la sede del comité electoral demócrata, que estaba instalada en las oficinas del edificio Watergate.

Aquel episodio, que según algunos historiadores significó para la conciencia nacional estadounidense un impacto tan profundo como supo serlo la guerra de Vietnam, es un juego de niños comparado con algunos eventos en los que otros presidentes de Estados Unidos se vieron envueltos con el paso de los años.

Sorpresa de octubre y la mentira


El término "sorpresa de octubre" se aplica en EEUU para referirse a algún episodio sorprendente que puede influenciar en el electorado. Nunca mejor utilizado cuando aludió a la victoria que el republicano Ronald Reagan obtuvo contra el demócrata Jimmy Carter en las elecciones de 1980. La cuestión es cómo Reagan logró ese triunfo. Los hackers rusos de Trump son el Pato Donald al lado de esta oscura historia que comenzó a finales de 1979 cuando 52 estadounidenses fueron secuestrados en la embajada de Estados Unidos en Irán. El país persa vivía un proceso revolucionario liderado por el ayatolá Ruhollah Jomeini que expulsó del poder al sha Mohammad Reza Pahlevi.

El presidente Carter se esmeraba por conseguir la liberación de los rehenes, lo cual lo tornaría imbatible en las elecciones de noviembre de 1980. Pero no hubo liberación y el 20 de enero de 1981 Reagan ganó la elección y asumió como presidente de la nación más poderosa del mundo. Al mismo tiempo Reagan asumía, y tras 444 días de cautiverio, los rehenes fueron liberados. Luego se conocería lo que aparantemente se le había ocultado.

Según denunciaron políticos de uno y otro partido –incluidos exmiembros de la campaña de Reagan– el Partido Republicano había montado una gran operación de Inteligencia sobre la base de un acuerdo entre Reagan y Jomeini. En los meses previos a las elecciones, enviados de ambos dirigentes se reunieron en Europa y los estadounidenses prometieron a los iraníes que si Reagan ganaba les iba a entregar armamento, algo que los persas necesitaban rodeados como estaban de enemigos en Medio Oriente y el Asia Central. Pero para que eso ocurriera Jomeini debía mantener cautivos a los rehenes hasta después de los comicios. Y así ocurrió.

El escándalo que se desató luego demostró que Reagan le vendió armas a Irán durante la guerra que ese país mantuvo con Irak (al que Estados Unidos también le proporcionó armas) y el dinero era desviado para respaldar a los llamados "contras" que luchaban en Nicaragua contra el régimen sandinista. La venta de armas a Irán y el apoyo a la contra nicaragüense estaban prohibidos por el congreso.

A pesar de que ambos hechos generaron enormes sospechas, dos investigaciones del Congreso negaron que hubiera pruebas suficientes para sostener la teoría del acuerdo. Pero la duda quedó para siempre.

¿El Watergate?¿Los hackers rusos? Una risa


Como parte de aquellos contactos, el republicano George H. Bush, que antes de ser presidente en 1989 fue director de la CIA, les pidió una mano a unos socios suyos en la industria petrolera y de la construcción: los Bin Laden.

Con el paso de los años, el hijo de Bush, George W. Bush, también presidente, embarcó en 2003 al mundo, pero sobre todo a su país, en una guerra contra el Irak de Sadam Husein (el mismo al que EEUU había apoyado en su guerra contra Irán) enarbolando una mentira: la existencia de armas de destrucción masiva en poder del dictador. La mentira de Bush le costó a Estados Unidos más de un billón de dólares y provocó un número de muertos nunca precisado con exactitud, pero no se descarta que los cadáveres superasen el millón. Una mentira, al lado de aquella de Nixon, de dimensiones siderales. ¿El Watergate? ¿Los hackers rusos? ¿Qué puede endilgarle a Trump un país que soportó esto de otros presidentes?

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