Ararat y la sangre sobreviviente

A 100 años del genocidio armenio, un pequeño homenaje para los campeones de la Unión Soviética en 1973

Se cumplen hoy 100 años del genocidio armenio. No se conmemoran. Simplemente se cumplen esperando que Turquía, responsable de una masacre que quiso extinguir un pueblo y una cautivante cultura milenaria, se haga responsable de su triste pasado.

Más pequeño que Tacuarembó (29.800 km2), Armenia fue la república socialista (1922-1991) más pequeña de las 15 que formaron la Unión Soviética.

El gran impulsor del fútbol en aquel gigante fue Stalin, quien pretendió hacer con el fútbol lo que Hitler había hecho con el deporte en los Juegos Olímpicos de 1936 o Mussolini en el Mundial de Italia 1934.

Más allá de los fines propagandísticos para su régimen, Stalin también pretendía lograr con el deporte un efecto de cohesión entre los diversos pueblos. Pero con el paso de los años, esto no hizo más que exacerbar viejos sentimientos nacionalistas.

 

Durante décadas, los equipos rusos fueron los dominadores de la liga, hasta que Dínamo de Kiev (1961) conquistó su primer título y comenzó a marcar el rumbo del fútbol soviético, sobre todo en la década de 1970 bajo la égida de Valeri Lobanovski. 

Parte de ese reinado fue interrumpido en 1973 por los armenios de Ararat FC, único equipo de ese país en conquistar la liga soviética, lo que bañó de una eterna aura de hazaña a la gesta. 

Fundado en 1935 como Spartak de Erevan, en 1940 el club pasó a llamarse Dínamo. Típicos nombres soviéticos. Spartak evoca a Espartaco, el esclavo griego que se rebeló ante el imperio romano. Y los equipos llamados Dínamo eran los formados en los sindicatos de la industria automotriz. CSKA era el equipo del ejército rojo. 

En 1954 volvió a ser Spartak Erevan hasta que en 1963 adoptó su nombre actual. Su camiseta es roja con vivos negros y los llaman los Águilas Blancas, porque llevan una en el escudo junto con el 1935, año reconocido por la UEFA y la FIFA como el de su fundación, a pesar del constante cambio de nombres.

Es evidente que adoptar el nombre donde cuenta la leyenda que encalló el arca de Noé, fue clave en la historia del equipo. Porque el Monte Ararat es el símbolo del país a pesar de que todavía se encuentra en las expropiadoras manos de Turquía.

La simbología del Ararat se pasea por todo Erevan, la modernizada y occidentalizada capital armenia: bancos, cerveza, licores, bares... También se llama así una recomendable película de Atom Egoyan, de 2002.

En aquel 1973, el FC Ararat le ganó la Liga al Dínamo de Kiev, ya por entonces con cinco títulos a cuestas, y metió doblete al conquistar la Copa.

En la Copa de Campeones de Europa de 1974-1975 quedó afuera en cuartos de final con Bayern Múnich, a la postre campeón, al que llegó a derrotar en Armenia por 1-0 sin poder remontar el 0-2 que traían de Alemania. Fue la primera época dorada de los bávaros con Maier, Beckenbauer, Hoeness y Müller como figuras de probada talla mundial.

Ese gol al Bayern fue obra de Arkady Andreassian, figura de la campaña de 1973 y bronce olímpico en Múnich 1972 con los soviéticos. En 1973 integró la selección que jugó el repechaje con Chile empatando 0-0 en la ida en Moscú y negándose a jugar la revancha en el Estadio Nacional de Santiago donde la sanguinaria dictadura de Pinochet había montado un campo de concentración. 

Los chilenos se presentaron a la revancha, salieron al campo y anotaron un gol fantasma ante el ausente rival. 

Con la independencia del país, 1991, llegaron los años de crisis para el Ararat que solo fue campeón en 1993 y que en 2009 se fue al descenso.

Pyunik (Fénix por su traducción al español) es desde entonces el equipo más ganador con 12 títulos, 10 de ellos consecutivos. Pero no tiene arraigo popular.

Actualmente se encuentra último en la liga armenia (que juegan solo ocho equipos) a 37 puntos del líder Pyunik. 

Pero así y todo sobrevive. Como un pueblo que resistió el dominio extranjero durante siglos y siglos (persas, romanos, bizantinos, árabes o mongoles). Como esa nación que se aferró a la vida cuando los turcos-otomanos los quisieron exterminar deportándolos de Anatolia, violando, secuestrando niños y asesinado. Simplemente, como la nieve del Ararat en pleno verano.

 


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