Artes plásticas y lavado de dinero

El narcotráfico hace tiempo que desembarcó en el mundo del arte. Pasando por Pablo Escobar, Van Gogh tiene el color de la cocaína. En Uruguay las autoridades siguen con atención este fenómeno

Por Linng Cardozo

¿Se compra arte para lavar dinero? Sí. ¿Cómo hacen? Los galeristas inflan precios para lavar más dinero. ¿Eso ocurre en Uruguay? Las autoridades responden: “no estamos en el mercado de las grandes firmas y las grandes obras”. Los expertos en el control del lavado de dinero proveniente de actividades ilícitas igualmente tienen la mirada puesta en el mercado de las artes. “Lo tenemos como una zona de riesgo”, dicen desde la Secretaría Nacional de Antilavado de Activos. La Dirección General Impositiva ubicó su radar en esta zona. No hay mucha norma ni marco regulador. “Los galeristas y rematadores deben informar sobre las galerías pero nada más que eso”, explica una fuente del sector controlador de lavado.

Las autoridades saben que el mercado uruguayo es muy chico; está lejos de los mercados de los Van Gogh o de los Picasso. En general se admite que “es muy difícil establecer el valor” de una obra de arte. En esa hendija, sostienen, se puede “colar” el lavado. En Uruguay se ubican como tipologías destacadas para el lavado, el sector financiero, el inmobiliario, el fútbol y más abajo el comercio de obras de arte.

En 2010 hubo un episodio en España –el caso Malaya- que permitió detectar una organización que blanqueaba capitales, empleando entre otras artimañas, el comercio de obras de arte. El episodio repercutió en Uruguay porque un galerista fue acusado de vender obras de Torres García en esa operación. El uruguayo acusado en España declaró que les compraba las obras del maestro a sus herederos y las vendía sin facturas y sin declarar las ganancias ante el fisco español. Así vendió 67 obras por US$ 15 millones.

ESCOBAR, BOTERO Y LOS GALERISTAS

En los años ochenta hubo hasta 20 mil obras confiscadas por el Consejo Nacional de Estupefacientes en Colombia. Ahí se encontraban cuadros de Rubens, dos de ellos pertenecientes al conocido Rasguño (estaban en poder de Luis H. Gómez Bustamante), algunos de Picasso (adquiridos por el capo Pablo Escobar, a quien solían engañar con copias) y muchos boteros.

Virginia Vallejo, ex amante de Escobar, periodista de televisión que no obstante esa relación conservó la credibilidad profesional, publicó información delicada en una columna titulada “Las picardías de Fernando Botero y familia” (http://www.virginiavallejo.com/25.html). En abril de 2012 escribió: “Si hubo alguien que se benefició con el boom de los carteles fue la familia de Fernando Botero; y si hay algo que echó a perder la genialidad de uno de los artistas más importantes del siglo XX fueron, justamente, los millones de sus clientes narcos”. A Botero se le ha imputado vender obra al narco por medio de galeristas, pero él se desmarca rotundamente. Asegura Vallejo: “Luis Fernando Pradilla y Byron López, de la galería El Museo de Bogotá, se inventaron (…) venderles cuadros a los narcos a precios astronómicos. No sólo necesitaban deshacerse de toneladas de cash en Miami, Nueva York, Los Ángeles y Madrid, sino que sus mujeres (…)  no podían distinguir entre un cuadro bueno y uno malo, y sólo habían oído hablar de dos pintores: Picasso y (…) Botero”. Un hijo de éste último, ex ministro de Defensa en problemas con la justicia, recibió presuntamente cantidades multimillonarias del crimen organizado en 1994. El pintor declaró haberse distanciado de su hijo cinco años y no tener la culpa de que su obra guste a los traficantes.

El crítico colombiano Oswaldo Agudelo aseguró que en Tijuana, México, el narcotráfico se ha encargado de “inflar” los precios de las obras de arte: “Manda construir mansiones desde Tijuana, Rosarito hasta la Paz… se detona un boom en la adquisición de supuestas obras de arte, (por lo que) los artistas locales han encontrado un nicho perfecto”.

En 2004 artista colombiano Gilberto Terrazas Gaxiola sostuvo que el dinero del narcotráfico provoca el crecimiento en el mercado del arte en Sinaloa y “puede llegar a venderse a precios exorbitantes”. Y se pregunta: “¿Podríamos en la actualidad hablar ya de un concepto llamado ‘narcoarte’?”

EN BRASIL

En 2006, la policía brasileña decide exponer al público 195 obras, decomisadas en 2003, de artistas del modernismo brasileño en el Museo de la República de Brasilia, inaugurado en 2006. Esas obras pertenecían a un grupo internacional de traficantes de droga. La decisión, explicó el perito criminal Sergio Alan López, surge al considerar que “si esas obras quedaran en custodia con la Policía Federal estarían tal vez décadas sin poder ser estudiadas por el público. Los que deben quedar presos son los criminales, nosotros queríamos que fueran expuestas”. Con el decomiso artistas brasileños como Cándido Portinari, Anita Malfatti y Milton Dacosta pueden ser expuestos. Su obra costó muchos millones más de su valor real.

Nota. La ilustración de esta nota es una obra del artista colombiano Fernando Botero.


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