Artes visuales, los premios y la perra Manuela

El Ministerio de Educación y Cultura dio a conocer los premios de su 56ª certamen de artes visuales. La discusión sobre qué es arte sobrevuela en esta muestra

Por Linng Cardozo

En 1897, León Tolstoi escribió un ensayo que tituló “¿Qué es el arte?”. En ese trabajo Tolstoi recorre definiciones de arte, incita a explorar otras y dice: “Si una obra de arte es buena, el sentimiento moral o inmoral, expresado por el artista, se transmite de él a los demás hombres. (…)hay un signo cierto e infalible para distinguir el arte verdadero de sus falsificaciones (…) Si un hombre, sin esfuerzo alguno de su parte, recibe, en presencia de la obra de otro hombre, una emoción que le une a él, y otros han recibido al mismo tiempo igual impresión, es que la obra, en presencia de la cual se encuentra, es una obra de arte. Y una obra que puede ser bella, poética, rica en efectos e interesante, no es obra de arte si no despierta en nosotros aquella emoción particular, la alegría de sentirnos en comunión artística con el autor y con los hombres en compañía de quienes leemos, vemos o escuchamos la obra en cuestión.” (Editorial Ediouro, año 2002).

Elegí recostarme en este libro tras haber visto en el Museo Nacional de Artes Visuales el Salón Nacional, que expresa el 56º Premio Nacional de Artes Visuales llamado “José Gamarra”, entregado por el Ministerio de Educación y Cultura. En atención a la gran cantidad de trabajos elegidos, a la premiación en sí y a la forma de presentación de ese salón, me permito ordenar los siguientes comentarios:

1)    ¡AGUANTE EL PODER! El Gran Premio fue otorgado a María Agustina Fernández, que presentó la banda presidencial en miniatura, con la misma técnica que se emplea para elaborar la original que cada cinco años lucen los mandatarios al inicio de su tarea presidencial. El primer premio fue otorgado a Diego Velazco, el segundo a Paola Monzillo, el tercero a Teresa Puppo, y el premio de pintura “Julio Alpuy” a Augusto Gadea. También aparece entre los seleccionados Martín Sastre y su Perfume del Pepe. Los jurados, los uruguayos Mario Sagradini y Claudia Anselmi y la argentina Andrea Giunta, parecen haberse visto seducidos por los signos del presidente José Mujica. (Así aparece la mini banda, el perfume, la resignificación del monumento a Artigas y hasta el edificio Ciudadela.) Todo esto bordeando el poder institucional y su exponente mayor, hasta marzo próximo, el presidente Mujica. No se trata de una opción de los artistas, sino del jurado mismo, responsable de la elección y selección. (¿Qué no otra cosa hizo Blanes en su relación con el poder, tanto de este lado de la Banda Oriental como en Entre Ríos, pintando batallas jamás ganadas y solamente contadas por el cliente del pintor oriental?) El otro ángulo, es el intento abarcativo. En un afán por exponer la variedad uruguaya (¿o sólo montevideana?) de las expresiones visuales, se metieron en el pedregoso camino de lo efímero. ¿Es un camino desechable? A priori no, pero ojo si el arte contemporáneo contempla trabajos u obras que están destinados a quedar ubicados en un lugar lejano de la memoria colectiva. ¿Arte? Mmmmm…

2)    MILONGA DE LO EFÍMERO. Hace un tiempo, un amigo estudiante de Bellas Artes le regaló a un artista, un texto con una valoración crítica de la obra del cumpleañero. El regalo pasó como que el autor había sido el amigo. Quien recibió el regalo dijo emocionado: “Nunca nadie escribió una cosa tan adecuada y perfecta sobre mi obra”. Mi amigo regalador le confió: “Te cuento la verdad, esto fue escrito hace 70 años por un connotado crítico sobre la obra de Duchamp”. Estupor en sala. Luego vinieron las risas y los abrazos. El crítico de arte debe ser una persona formada, estudiosa, hurgadora, cuestionadora. Si uno le exige eso al crítico, debe reclamársele lo mismo al artista. Un ingeniero atómico no se levantó un día y dijo: soy ingeniero atómico. El artista igual. Debe estudiar, explorar, dudar, confirmar caminos y abandonarlos y, como el ingeniero atómico, solucionar problemas. En estos tiempos de vida líquida, parece que todo vale, que todo es arte. Cito tres datos: un tipo en Australia pinta con el pene y dice que es arte; una dama embadurna sus pechos con pintura acrílica, los arrima a la tela y dice que es arte; otro tipo deja morir un perro atado en una galería de Costa Rica y su cuestionada instalación fue defendida como una expresión artística, donde aparecía “la tensión de la vida y la muerte”. Nuevamente la disyuntiva entre lo efímero y lo permanente y las pamplinas del viru viru. Avelina Lésper es una crítica de arte mexicana. Se parece más a un terremoto. Ha dicho: “El arte contemporáneo es un fraude”. Denuncia como está operando el mercado de las artes en el mundo y asegura que con ese paraguas se exhiben y venden obras que “carecen de valores estéticos”. “Lo primero que debes ver es talento, dominio de una técnica (…) Si la obra no se defiende sola fuera de una galería o de un salón, pues la obra es efímera”, sostiene y agrega: “Una obra de arte es fuera de su tiempo, de un recinto. Si la obra necesita un apoyo curaturial, se complica, porque la obra entonces necesita bastón”.

3)    OBRA O SOUVENIR. La artista Agustina Fernandez obtuvo el mayor premio del MEC. “Miniatura Banda Presidencial”, es el trabajo premiado que consta de la banda en miniatura en su pedestal, nueve cuadros en tela bordada que muestran fases del proceso y un video de 30 minutos en los que aparece la autora junto a Lourdes, la creadora de la banda presidencial original, una monja de 89 años. ¿Qué quedará en el después? Como otras expresiones elegidas por el jurado para estar en este salón, ¿cuántas habrán de permanecer, de vencer el paso del tiempo como una obra selecta, de valor, de importancia plástica y artística? ¿Deben permanecer? ¿El Perfume del Pepe será una de ellas? Puede ser –y ciertamente es válido- que la obra de un artista no es solamente un trabajo. Es el todo de su universo y recorrido creativo. Puede resultar una exageración valorar la “Miniatura Banda Presidencial” como un souvenir o una artesanía en donde la artista puso tres meses de empeño, como asegura, para aprender con la monja el misterio del bordado. Pero quizás se busca eso: seduzco, me voy y de pronto, si pinta, vuelvo. Casi como una suerte de sexo casual. La artista se defiende: su arte es una pregunta o una serie de preguntas, más que una opinión. “Yo entiendo que lo valioso es la pregunta, porque ahí está el pensamiento crítico”, subraya. En declaraciones a TNU dijo que ella “explora” en un contexto determinado y que de allí surge la idea. En el acta del jurado –a la que accedió Retazo de los Cielos- no figura fundamentación alguna sobre las obras premiadas. Me afilio a la idea que un jurado hace pedagogía cuando define y selecciona. Un jurado debe enseñar, fundamentar su opción, democratizar el saber y extender a la sociedad el brazo del conocimiento. Aquí eso no ocurre. El jurado recibió los siguientes honorarios por todas las instancias de trabajo: 35 mil pesos para Mario Sagradini y Claudia Anselmi, respectivamente, y 45 mil pesos la argentina Andrea Giunta.

4)    INCOMPLETA, COMO LA PERRA MANUELA. En ese afán globalizador y totalizante del jurado y las autoridades del MEC, el Museo Nacional de Artes Visuales quedó chico. Hay 63 obras que se pechan entre sí, desde el clásico cuadro de 60 x 40 centímetros hasta las instalaciones y los videos que explican la obra, incluyendo la puerta baleada del edificio Liberaij. Al llamado se presentaron 296 obras. Una forma más atractiva –que facilitara incluso el recorrido pedagógico que el MNAV tiene previsto realizar- hubiese sido utilizar otros espacios del museo para las distintas expresiones. Está claro que hay otras exposiciones en los pisos altos, pero planificando el calendario de exhibiciones se podría haber hecho una muestra menos atiborrada. En el mundo hay museos que exponen en distintos espacios las diversas técnicas o categorías. Eso resulta interesante. En  el mejor de los casos –y en honor al jurado actuante- no sobran obras, falta espacio.

Por último: el que expone se expone. Y eso tiene riesgos. El que selecciona, es arbitrario y subjetivo. Debe ser así y eso también tiene riesgos.


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