Así le duele el dólar a Argentina

Los pesos que se emiten para comprar dólares alimentan mercado clandestino

Los funcionarios kirchneristas deben estar acordándose de la vieja advertencia sobre tener cuidado con lo que se desea, porque se puede llegar a cumplir.

Es que después de haber rogado que terminara de una vez su verano más difícil en materia financiera, para que finalmente llegara el ansiado momento en que se vende la cosecha agrícola y empiezan a entrar los sojadólares, descubren que su deseo cumplido no les da la alegría que esperaban.

En las tres primeras semanas de abril ingresaron al país más de US$ 2.000 millones. En teoría, esto implicaría un bálsamo que revertiría el preocupante descenso de las reservas en el Banco Central y además pondría paños fríos en el mercado cambiario, enfriando al dólar paralelo.

La realidad, en cambio, es que las reservas continuaron cayendo y el dólar blue se disparó a toda velocidad, ya por encima de los 9,20 pesos argentinos y abriendo una brecha de 77% respecto del tipo de cambio oficial (5,18).

El nivel actual del dólar paralelo es el que muchos economistas creían que alcanzaría recién a fin de año, y el precio parece burlarse de los análisis que, basándose en datos macroeconómicos, concluían que no había motivos para que siguiera subiendo. Por cierto que el deseo de Guillermo Moreno de llevar la cotización del blue al nivel de seis pesos argentinos quedó reducido a uno de los peores chistes del año, y además deja al descubierto la impotencia oficial para dominar un mercado al que desde el oficialismo se había despreciado por su pequeño volumen.

Fuera de control

Lo cierto es que el arsenal de argumentos que los funcionarios K utilizaron para explicar la escapada del dólar paralelo está agotándose. Primero la titular del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, planteó la cuestión estacional: todo era un efecto de la demanda de los turistas, que se acumula en esta época del año.

Pero pasó enero, pasó febrero, pasó la Semana Santa... y el blue no detiene su carrera alcista.

Luego se recurrió a la teoría conspirativa, ese recurso al que el kirchnerismo es tan afecto. Sin embargo, la sanción a casas de cambio y el aumento de los controles no fueron suficientes.

Entonces, la tesis conspirativa corrió el foco desde la City hacia las silobolsas: para el kirchnerismo, era obvio que los productores de soja, en una mezcla de naturaleza especulativa y ánimo desestabilizador, retenían sus stocks de soja.

No quedaba muy claro el eventual beneficio de esta política, porque la perspectiva del precio de la soja es a la baja. Pero para los guionistas del “relato” kirchnerista, era evidente que había una presión de la corporación sojera para forzar una devaluación. Finalmente, en abril empezó la ansiada lluvia de sojadólares... y lejos de significar un alivio, el dólar blue siguió subiendo.

¿La soja por la culata?

Es cierto que la velocidad de liquidación de los “sojadólares” viene más lenta que otros años. Los expertos estiman que, para esta fecha, ya se había volcado al mercado de divisas provenientes de la exportación agrícola.

De todas formas, los 48 millones de toneladas que se esperan para la cosecha de soja (20% más que el año pasado) garantiza un ingreso de unos US$ 24.000 millones.

La duda, en todo caso, reside en si esta lentitud perjudica al gobierno, como argumentan los funcionarios K, o si, por el contrario, hace que el problema del blue sea menos grave.
Y es que lo que está quedando en evidencia es que se cumple el pronóstico de muchos economistas, aquel que decía que el ingreso de los “sojadólares” contribuiría a agrandar la brecha cambiaria.

A primera vista, la explicación parecía contraria al sentido común, pero tenía una lógica irrefutable: el Banco Central debía emitir pesos para comprar las divisas, y esos pesos, al estar imposibilitados de ir a la ventanilla del dólar oficial por las restricciones cambiarias, terminarían engrosando la demanda por el dólar paralelo.

A no ser, claro, que el gobierno utilizara parte de esos dólares para venderlos disimuladamente en el mercado paralelo.

“Para que los dólares de la soja hagan caer la cotización del blue, se necesita que exista un vaso comunicante entre el mercado oficial y el paralelo, y eso sólo podría generarse a través de manos amigas del Banco Central. No es lo que se está viendo”, señala el economista Federico Muñoz.

Lo que no queda del todo claro es si esto ocurre porque el gobierno ha decidido priorizar el mantenimiento de las reservas –y en consecuencia se resigna a ver el blue en su carrera ascendente– o si es que, aunque lo intente, ya no logra controlar al mercado cambiario.

“Suele decirse que el dólar blue maneja un volumen muy pequeño, pero la verdad es que resulta muy difícil controlarlo. Primero porque no es tan pequeño, y segundo porque es muy informal, y no abarca solamente a las cuevas, sino que está lleno de amigos y parientes que se venden entre sí. No estoy tan seguro de que el gobierno pudiera influir a la baja”, sostiene Nicolás Dujovne, ex economista jefe del Banco Galicia.

En todo caso, en lo que el gremio de los economistas coincide es en que la suba del blue tiene una causa de fondo, y que va más allá de qué tan rápido se exporta la soja. El tema es la expansión monetaria y la pérdida de competitividad.

Tras el breve lapso de “sobriedad” de comienzos de año –que no llegó a compensar la emisión de 40.000 millones de pesos argentinos de diciembre–, el Banco Central volvió a poner a velocidad máxima la “maquinita”, con un nivel de expansión de 38% interanual.
“No se ve una voluntad del gobierno de esterilizar parte de ese dinero mediante la emisión de títulos, porque eso implicaría una suba en las tasas de interés, y es algo que quieren evitar porque suponen que enfriaría la economía”, argumenta Dujovne.

“Ninguna alquimila financiera será suficiente para persuadir a la demanda potencial de divisas en el marco de una percepción generalizada de atraso cambiario”, es el contundente diagnóstico de la consultora Empiria.

Hay todavía algo peor. Se supone que la resignación del gobierno ante el dólar blue es el precio a pagar por priorizar el nivel de las reservas del Banco Central.

Sin embargo, se están observando resultados negativos en ambos planos al mismo tiempo.

“Estábamos esperando que la liquidación sojera pusiera fin a la caída de las reservas, que fue de US$ 3.000 millones en el primer trimestre. Pero llegamos a un punto en que la soja ya no alcanza, porque se redujo drásticamente el ingreso de dólares financieros por créditos e inversión externa”, observa Muñoz. Mientras tanto, otro debate empieza a ganar el centro de la escena: el de cuánto tiempo podrá aguantar el gobierno antes de admitir una devaluación.


Fuente: Fernando Gutiérrez, especial desde Buenos Aires

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