¿Así trata el Ejército a las viudas de los soldados caídos?

El soldado Marcelo Peña Pellejero, que participaba en la misión de paz en el Congo, contrajo malaria y el 28 de diciembre de 2015 murió

El soldado Marcelo Peña Pellejero, que participaba en la misión de paz en el Congo, contrajo malaria y el 28 de diciembre de 2015 murió por esa enfermedad tropical.

El 4 de marzo de 2016 El Observador publicó una nota con el testimonio de su viuda, que vive con sus cinco hijos y un nieto en un humilde barrio de Paso de los Toros.

El 22 de marzo, en otra nota publicada por El Observador, la familia del soldado se quejaba y le reclamaba al Ejército celeridad para que la viuda pudiese cobrar lo que le corresponde a los militares que caen en lo que se considera cumplimiento del deber, en este caso alrededor de $ 20 mil. Hasta entonces la viuda de Peña cobraba $ 5 mil.

Pero en esa nota del 22 de marzo el encargado de relaciones públicas del Ejército, coronel Yamandú Lessa dijo que "en el plazo de un mes la familia de Peña ya estará cobrando" lo que le corresponde. El 22 de abril se cumplió un mes desde las palabras de Lessa, y sin cambios.

El 24 de mayo, o sea dos meses después del compromiso de Lessa de que la viuda del soldado muerto en el Congo cobraría lo que le corresponde, la resolución 68.253 del Ministerio de Defensa cumplió con el trámite de declarar que Peña murió en "acto de servicio", lo cual elevaba la pensión de esos $ 5 mil que la viuda estuvo cobrando a unos $ 20 mil. Pero resultó que al comenzar junio, más de dos meses después de la promesa del encargado de relaciones públicas, la viuda del soldado recibió un pago de $ 7 mil, como se ve en la foto del recibo que acompaña esta nota.

La familia de Peña volvió a enviar una misiva al diario diciendo que siguen a la espera de que el Ministerio de Defensa "se digne a regularizar el trámite", cuando hace ya cinco meses que Peña descansa en una tumba de Paso de los Toros. "Nos gustaría que se pusieran un poco del lado de la esposa con cinco hijos que mantener, con cuentas que pagar, con alimentación que darles y más", dice la carta.

En realidad, ni el Ministerio de Defensa ni el Ejército tienen que apiadarse de la viuda y sus cinco hijos, sino simplemente cumplir con la norma. Y, sobre todo, terminar de asumir de una vez por todas que en esto de los soldados muertos en misiones lejanas (de difícil comprensión para la mayoría de los uruguayos), hay muy poca gloria y mucho interés económico. O sea, esto es por plata.

Cuando comenzaron las misiones de paz de Naciones Unidas las Fuerzas Armadas tenían pudor en admitir que la mayoría de los oficiales y los soldados que se inscribían lo hacían por dinero, aunque institucionalmente recaudaban sin remordimientos los fondos que enviaba la comunidad internacional. Esto es por plata y siempre fue por plata. Claro que hubo algunos aventureros y militares que se tomaban como parte de su tarea el llevar la paz a rincones oscuros del planeta. Pero a la mayoría eso le resultaba accesorio.

Por supuesto que una vez allí todos los testimonios dan cuenta de que los soldados uruguayos son muy profesionales y rigurosos en las tareas que se les asignan. Pero están allí por dinero. Con lágrimas en los ojos me lo dijo la viuda de Peña: el soldado se había anotado en la misión de Congo para poder terminar la casa que ya había levantado en parte con lo cobrado en otra misión de paz en la que el militar había participado.

Y aunque la viuda tuvo que escuchar discursos sobre el valor del honor y se fue para su casa con una bandera uruguaya entregada en medio de un acto solemne, ella supo en todo momento que su marido murió tratando de hacer el jornal, y que lo de la paz en África fue la herramienta, en este caso fatal, para obtener ese dinero.

Por eso sería coherente con esta realidad -y. sí, también un tanto compasivo y comprensivo- que el Ministerio de Defensa le pague de una vez lo que esta mujer merece por ley. Porque aunque suene poco marcial y escasamente glorioso, esto de las misiones de paz siempre fue, y sigue siendo, por plata.


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