Atemperado por la realidad

Donald Trump no descartó sus pripuestas pero las moderó

Apremiado por la necesidad de apaciguar al Congreso para que le apruebe drásticos cambios presupuestales, un Donald Trump más atemperado compareció ante los legisladores en su primer mensaje en ese ámbito desde que asumió la presidencia hace poco más de un mes. No descartó ninguna de sus propuestas de campaña, ni siquiera las más controvertidas. Pero las moderó en su formulación y en algunos aspectos de sus alcances, tratando de proyectar una imagen de estadista responsable en reemplazo de la habitual de vehemente caudillo agresivo. Detrás de este cambio, de actitud aunque no de objetivos, están sus proyectos presupuestales que se encaminan a mayor oposición parlamentaria.

Aunque su Partido Republicano tiene mayoría en las dos cámaras, en el Senado necesitará al menos ocho votos del opositor Partido Demócrata, que no serán fáciles de asegurar. Y entre los propios republicanos hay renuencia a algunos de los recortes en otras áreas, que serían necesarios para financiar sin desequilibrios fiscales el aumento del 10% que quiere Trump en el presupuesto militar de US$ 615.000 millones, por lejos el mayor del mundo. Trump reclama mayor poderío militar para que Estados Unidos “deje de perder guerras”, como le ha ocurrido varias veces desde la segunda guerra mundial. Pero, además de la oposición legislativa, enfrenta rechazo en vastos sectores de la población, en los que pesa el recuerdo de décadas de impopulares conflictos armados, de los fiascos de Vietnam y Afganistán hasta el estancamiento en Siria.

Otro tema espinoso es la salud. El presidente reclamó apoyo parlamentario para eliminar “el desastre del Obamacare”, el programa de su antecesor Barack Obama que amplió la cobertura médica a unos 20 millones de personas. Trump ha prometido reemplazarlo con otro sistema más eficaz pero que aún no se conoce con precisión, en medio de temores de que millones de personas vuelvan a quedar sin atención sanitaria. Reiteró su cuestionada política inmigratoria, que incluye prohibir el ingreso al país de ciudadanos de algunos países musulmanes, la expulsión de millones de indocumentados y la construcción de un muro de miles de kilómetros en la frontera con México para detener la inmigración ilegal. Bajó de tono sus críticas a la OTAN pero insistió en que esa organización, así como sus aliados en Medio Oriente y el Pacífico, incrementen sus aportes a la financiación de estructuras militares compartidas. Menos cuestionado en el plano interno es su plan de fortalecimiento económico, con medidas proteccionistas y reducción de impuestos a las empresas para que se queden en el país, en vez de llevar sus plantas a centros de producción más barata en el exterior.

No dijo nada nuevo ni cambió la esencia del discurso que le permitió ganar la elección. Se limitó a atenuar algo los alcances de los proyectos que han generado más rispidez entre la dirigencia política y gran parte de la población o a exponerlos con menos diatribas extremistas. Aunque su actitud sorprendió bastante a todo el mundo, Trump sigue siendo Trump. La única diferencia es que, enfrentado a la realidad de buscar suficiente respaldo parlamentario para que sus planes no naufraguen, mostró ahora algo de la cintura que le faltó en sus atropellamientos arrolladores durante la campaña.


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