Atlántico Negro: en el cruce de las corrientes

Una banda que toma la fusión como estilo propio
"Atlántico negro" es un término acuñado por el profesor inglés Paul Gilroy para denominar a la diáspora africana y la vinculación cultural entre sus diferentes miembros. En el caso de la banda uruguaya de igual nombre, no solo la variedad de géneros musicales que fusionan tienen que ver simbólicamente con ese nombre, sino también por su misma conformación.

La banda fue fundada en 2011 por el guitarrista Julio Gazzo junto con el bajista Nicolás Güida, dos músicos que venían del rock alternativo. Ambos, junto al vocalista Fabián Bueno, eran parte de la banda Protones. "En Atlántico Negro arrancamos para otro lado", explica Güida. Su vocalista era Jerry, un cantante jamaiquino y rastaman, que les impregnó de reggae y dub. "Naturalmente empezamos a experimentar con otras músicas de las que no teníamos mucho conocimiento", afirma el bajista.
"La historia del Atlántico es así", agrega por su parte Bueno, que luego de la partida de Jerry se unió a la banda como uno de los tres vocalistas, junto con Gahí Traoré (miembro de Croupier Funk) y la rapera y cantante Eli Almic. "Hay mucha experimentación. Con las mismas músicas se fueron probando diferentes voces. Somos tres cantantes muy heterogéneos. Venimos de tribus muy distintas y creo que eso enriquece al proyecto", agregó.

En esa mezcla de corrientes no solo aparecen ritmos de raíz negra (dub, hip hop, candombe, algo de rock), aunque también algunos localismos del tango.

El año pasado editaron su primer disco homónimo, cuando todavía funcionaba como un colectivo donde las influencias aparecían de manera más distintiva y las voces entraban y salían de acuerdo a la canción. Pero en su reciente segundo trabajo, Donde se quiera estar, definitivamente se consagraron como una banda, con un sonido más potente, fusiones donde los límites son invisibles y ritmos que son imposibles de escuchar sentados.

Este trabajo –que será presentado mañana en Griffin (Rivera 2049) a las 23:30 horas–, significó un antes y un después para la banda, no solo en su carrera, sino también en su vida: antes de su edición, el grupo sufrió la muerte de su fundador. "Decidimos entre todos seguir al firme y cumplir con todas las fechas que teníamos ya fijadas de acá a fin de año", cuenta Güida. "Todo este disco esta dedicado a él. Seguir es una manera de traerlo, de sentir que él todavía está, que nos acompaña y ayuda. Lo recordamos con alegría".

"Fue una tarea emotivamente muy dura", dice Bueno, que además decidió tomar el puesto de guitarrista. "Yo sentí que nadie más lo iba a hacer con más respeto. Yo quería que se notara que Julio estaba. Dejamos todo igual, lo único que pasó fue que yo tenía la guitarra. Ahora tenemos la misión de hacer que las canciones sigan viviendo".

A pesar del dolor, la banda se mantiene optimista hacia el futuro. Además de presentar este disco con amigos e invitados, tienen varios shows planeados, incluyendo una gira por Costa Rica, para la cual abrieron un proyecto en Ideame para terminar de recaudar fondos.

Con este disco, según afirma Güida, lograron sintetizar y sumar otros estilos musicales nuevos para ellos, como el afrobeat. Asimismo, abandonaron las secuencias para suplantarlas por la banda. Todas estas características se manifiestan en especial en el último tema del disco, Mentís. "Es el más diferente. Estamos muy contentos con ese tema, por el mensaje de la letra, y en vivo cantan los tres", cuenta el bajista.

"Es llamativo como todo converge en este punto", afirma por su parte Bueno. "Si escuchás el disco se nota mucho la evolución. El sonido no tiene nada que ver, y esa era la obsesión de Julio. Así se fue dando todo hasta ese punto. Ahora vivimos de emoción fuerte en emoción fuerte".

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