Atraso cambiario y bomba fiscal: clásicos de la economía argentina

Indicadores financieros empiezan a dar señales inquietantes en plena recesión
Es una película de terror que los argentinos ya han visto muchas veces.

El argumento consiste en un déficit fiscal creciente apenas disimulado por una "bomba" cuasifiscal creciendo en el Banco Central, lo cual lleva a un masivo endeudamiento externo como único elemento estabilizador, que a su vez conduce a un retraso cambiario causado por la abundancia artificial de dólares y trae, como efecto indeseado, la pérdida de competitividad de la economía argentina.

Hasta que la situación llega al punto insostenible en que deriva en crisis y vienen las consabidas licuaciones vía devaluación, pico inflacionario o confiscaciones de ahorros –cuando no todo eso combinado-.

Y si bien hay consenso en que todavía la situación no es crítica, cada vez son más las voces de alerta respecto a cómo aparecen todos los condimentos de las crisis clásicas.

Por caso, el economista José Luis Espert aportó un dato inquietante: estimó que el nivel del dólar actual equivale al previo al colapso de la convertibilidad en el año 2001.

Mientras que el influyente Miguel Angel Broda criticó la línea económica del gobierno, a la cual calificó como "un dólar barato, mucha facilidad para importar y mucha dificultad para exportar".

Según su cálculo, para recuperar el nivel de dólar promedio de los últimos 20 años, debería subir hasta los 19,6 pesos argentinos –lo que implicaría una devaluación adicional de 12%–.

Mientras los industriales no dejan de quejarse sobre el alto nivel de costos medidos en dólares –en particular, los costos laborales–, las señales apuntan a que más que devaluarse, la moneda está como para revaluarse en términos reales, por el cóctel blanqueo de capitales-endeudamiento externo-exportación agrícola.

Comparaciones inquietantes

Pero si hay un indicador que preocupa especialmente, entre la larga lista de números negativos, es el que marca la diferencia entre la evolución de la recaudación impositiva y el incremento del gasto público.

La recaudación tributaria durante el año creció a un ritmo de 26% interanual.

Es decir, bien por debajo de la inflación –que se ubica en torno del 40%– y también por debajo del gasto –que crece a un 30% y no es mayor sólo por el congelamiento de la obra pública–.

El gobierno intenta minimizar estos números con el argumento de que es apenas la parte mala del ciclo y que los resultados ya se verán en el corto plazo.

"Hay que acostumbrarse a estos niveles de ingresos tributarios, porque todas las medidas que se tomaron para bajar la presión tributaria impactan en la recaudación en un primer momento, aunque luego viene la devolución con la reactivación de la economía", sostuvo Alberto Abad, titular de la AFIP. Pero el argumento está lejos de tranquilizar a los economistas.

No solamente desconfían sobre la vocación del gobierno por recortar el gasto y abandonar el "gradualismo" sino que, además, advierten que ya no hay margen para seguir aumentando la presión tributaria de un aparato productivo agobiado.

"El actual déficit fiscal de Argentina es más grave y problemático que en las décadas anteriores, porque ahora es con presión tributaria récord; y en consecuencia, no se puede corregir subiendo impuestos", señala un duro informe de la consultora Economía & Regiones.

Los hechos de los últimos días parecen darle la razón a este pronóstico: el presupuesto fue revisado al alza para incluir asistencia social tras el acuerdo con las organizaciones piqueteras y los sindicatos, en tanto que los ingresos probablemente disminuirán al entrar en vigencia las exenciones para las pyme y el nuevo Impuesto a las Ganancias.

La consultora –fundada por el actual ministro del Interior, Rogelio Frigero– hace una comparación inquietante: "Tenemos un gasto público y una presión tributaria nacional que ascienden a 45% y 37% del PIB, lo cual nos acerca a un desequilibrio fiscal equivalente al de los 1980 y apenas por debajo del que existía previo al Rodrigazo".

Pronóstico: nublado y crisis

Como si las malas noticias en el plano fiscal no fueran suficientes, hay economistas que hacen otras advertencias respecto de la gran apuesta del gobierno: la llegada de inversiones externas.

La inversión, actualmente en un magro 15% del PIB, debe incrementarse drásticamente para que el crecimiento económico sea sostenible y que no dependa de los impulsos esporádicos del aumento en el consumo. Pero más inversión implica necesariamente más endeudamiento.

Un informe de Nicolás Dujovne, un economista cercano al gobierno, estima que para alcanzar un crecimiento económico de 5% anual en 2019 –año final de la gestión Macri–, sería necesario incrementar los niveles de inversión a un ritmo de 19% anual, hasta llevarlo a un 22% del PIB.

"En este escenario, el déficit de cuenta corriente sería mayor a 7 puntos del producto, algo sin precedentes para la historia argentina. Hasta ahora, Argentina nunca pudo sostener déficits externos de ese tamaño sin enfrentar crisis macroeconómicas", señala Dujovne.

En definitiva, el tono reinante es de escepticismo. Están preocupados los que miran el rojo fiscal y también los que temen que se quiera corregir ese desequilibrio con mayor presión impositiva. Están preocupados los que no ven el fin de la recesión y también los que creen que se saldrá de la crisis sobre la base de mayor deuda y retraso cambiario.

Por más que el gobierno promete que esta vez el final de la película será diferente, es difícil convencer a los argentinos de que los viejos monstruos no harán su entrada a escena.

Una bola de nieve en el Banco Central argentino

Según el analista Javier Milei, el déficit, lejos de la meta oficial de 4,2% del PIB, llegará a 6% en su medida primaria, a los que se debería sumar 2 puntos por el pago de intereses de deuda y 1,5% por el déficit de las provincias.

Y pone la lupa sobre otro dato al que suele subestimarse: el déficit del Banco Central –el llamado "cuasifiscal", un clásico de los años 80– que ya estaría en 2 puntos del PIB.

Al respecto, otro informe, de la consultora Ecolatina, reveló un dato inquietante: la cantidad de títulos emitidos por el Banco Central para atenuar la inflación –las Lebac– han crecido a tal punto que ya superan al dinero circulante.

¿Qué tan grave es esta situación? El monto pagado por concepto de intereses ya fue este año más del doble que el año pasado. Y para el año próximo, se prevé que el Central deba emitir 30 mil millones de pesos argentinos –unos US$ 2.000 millones– sólo por concepto de intereses de Lebacs y asistencia al Tesoro.


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