Ayer recibí el Premio Morosoli

El director de Zetasoftware, Mario Celano, relata su experiencia el día después de ganar el galardón

Es domingo de mañana (domingo 14 de diciembre) y estoy escribiendo este texto, algo emocionado aún. Ayer de noche, en la ciudad de Minas, me entregaron el Premio MOROSOLI de plata. Fue​ otorgado en el rubro informática en base al aporte realizado desde hace más de siete años al paradigma del software en la nube.

Yo conocía los Premios MOROSOLI, pero los relacionaba con lo estrictamente cultural en el más tradicional sentido de la palabra. Fue por eso que apenas recibí la invitación y la noticia de que había ganado el premio, fui a Google para sacarme algunas dudas, y así es que llegué a la página de la Fundación Lolita Rubial. Y las sorpresas fueron apareciendo de a una.

La primera de ellas fue el concepto de cultura. La Fundación le da una visión más amplia, la define como el elemento que consolida y profundiza las bases de la Sociedad del Conocimiento, promoviendo en todos los ámbitos la educación, la investigación y la innovación como herramientas imprescindibles para sentar las bases del Uruguay del futuro. De ahí es que la premiación incluye con buen tino y desde hace algunos años una categoría especial para las Ciencias y Tecnologías.

La segunda sorpresa fueron los premiados en la misma categoría que yo (informática) en años anteriores. La lista empezaba con Breogán Gonda y seguía con Enrique Baliño, Nicolás Jodal, Miguel Brechner, Juan Grompone … y creo que ahí mismo dejé de leerla. Allí estaban todos mis referentes!!

Debo confesarles que me sentí algo intimidado, hasta me sonrojé un poco ya que no sentí estar a la altura. Igualmente ese sentimiento fue fugaz. Creo ser el primer NO Ingeniero en recibir esta distinción en el rubro informática, por lo que les doy un consejo: tener siempre ​a mano la Segunda Ley Inmutable del Marketing de Al Ries: “Si no puedes ser el primero en algo, inventa una categoría en donde puedas serlo” :-)

Pero quizás la sorpresa mayor fue el evento mismo, empezando por el hermoso Teatro Lavalleja, por los participantes de todo el país y del exterior, y por las palabras inaugurales del Dr. Gustavo Guadalupe (quién preside la Fundación), palabras a las que suscribo totalmente, hablando sobre la cultura, la educación, y los desafíos inmensos de nuestro Uruguay, con una visión tan inspiradora como desafiante.

A esas palabras se fueron sumando las de los premiados, que fueron más de 50 personas que han desempeñado un papel trascendente en el quehacer cultural uruguayo, que realmente aman y viven lo que hacen. Todos ellos se expresaron desde una emoción genuinamente sentida.

Los invito a que visiten la web de la Fundación Lolita Rubial, esta organización con nombre de maestra (como lo fueron mi madre, mi tía, mi esposa y mi suegra (he sido configurado por maestras y lo sigo siendo!!) para conocer más sobre su obra, la cual valoro de una forma especial porque sé lo difícil que es hacer funcionar este tipo de ​emprendimientos culturales en el interior, como también sé lo difícil que es llevar adelante un proyecto de tecnología como el que empecé en Rosario hace más de 14 años y que no ha parado de mutar y avanzar hasta llevarme a este preciso instante, en mi casa de Montevideo, desde donde les estoy escribiendo ahora.

Es así que una vez más he constatado que las buenas noticias llegan un día cualquiera y en el momento menos pensado. Como cuando me llamaron del que sería mi primer trabajo para decirme que estaba contratado (en ese momento yo estaba conversando con mi madre en la cocina); o cuando me llamó el primer interesado para comprar el software que había desarrollado, dando comienzo oficial a Zetasoftware (en ese momento intentaba mandar un email por el 09091234 cuando interrumpió el llamado); o cuando me llamaron de la ANII para decirme que había ganado el Premio NOVA a la PyME Innovadora por ZetaLIBRA (era de tarde y estaba mirando tele con Paola); o cuando me llamaron para decirme que había ganado este bellísimo Premio MOROSOLI hace apenas unos días (estaba en la oficina echado en un sillón que me regalaron para mi cumple divagando un poco, pero sabiendo que, como en la Fábula de los Tres Hermanos, ojo que no mira más acá, tampoco fue).

Así que para finalizar solo me queda agradecer desde lo más profundo a todas aquellas personas que generosamente nos han reconocido con tan especial y prestigioso premio, recordando una de las palabras que dijo alguien ayer: “Todo lo verdaderamente importante es algo que, por lo general, ha sido realizado por un colectivo y no tanto por una sola persona”. ​Para mi fue una linda forma de decir que solo, se llega más rápido, pero juntos, se llega más lejos.


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