Azinhaga, el pueblo de Saramago

Un pequeño pueblo portugués a 90 kilómetros de Lisboa guarda los recuerdos de su más célebre hijo
Siempre andábamos descalzos los niños y las mujeres... me gustaba mucho llegar a la aldea, quitarme los zapatos y meterme en el río, pisar el lodo y los rastrojos duros", cuenta José Saramago en Las pequeñas memorias, una autobiografía en donde su infancia en el pequeño pueblo de Azinhaga aparece deliciosamente dibujada.

¿Qué es la Azinhaga actual, después de Saramago?

Está a 90 kilómetros de Lisboa, a escasos metros del río Tajo. Para llegar uno recorre caminos vecinales en buen estado a cuyos costados crecen las viñas. En invierno los granjeros ordenan las ramas de las viñas; las preparan para que la primavera haga lo suyo con sus preciosos brotes y después el verano –cuando la temperatura puede llegar a 40 grados– entregará las mejores uvas.

José Saramago es de Azinhaga y el pueblo lo recuerda hasta en los perfumes de las mandarinas que crecen en los jardines. Es una pequeña localidad de alrededor de 2.000 habitantes donde la siesta es una religión y la bicicleta es la hija preferida de esa parsimonia muy parecida a la paciencia.

El reconocido escritor nació el 16 de noviembre de 1922 pero fue anotado el 18 de noviembre. Estuvo pocos años en el pueblo, quizá los suficientes para tener en su ADN algunos elementos que luego los vertebró en opciones ideológicas: hijo de una pareja campesina sin tierras, con escasos recursos económicos y casi sin lugar en donde caerse muerto. "Sin lo que he vivido allí, con ellos, no podría ser la persona que soy", dijo Saramago en noviembre de 2006. De Azinhaga es Jerónimo, su abuelo, "analfabeto pero sabio", según dijo el escritor lusitano.

La plaza principal es un triángulo minúsculo en donde está José Saramago cruzado de piernas, de frente a la avenida principal. A la izquierda de Saramago –para el escritor todo será a la izquierda– hay un casa bien pintada en donde funciona la Fundación desde donde se difunde su obra y pensamiento.

Pronto, dijo a El Observador Pilar del Río –esposa de Saramago–, la Fundación irá a un lugar mayor, a la antigua escuela de la aldea. "José Saramago será el guía que conducirá al pasado, al lugar donde se aprendían las primeras letras, y también al futuro, porque en la humildad de Azinhaga se entrará en contacto con la gran literatura", afirmó. Saramago es para los pobladores de este pequeño poblado portugués –en palabras de su viuda– "un vecino, un contemporáneo, un hombre que los hace sentirse orgullosos".

Pocos jóvenes en la calle. El sol lleva a los viejos que se sientan junto a la estatua de Saramago o hacen sus mandados montados en una bicicleta.

A pocos metros de la plaza y pegado a la sede de la Fundación hay una especie de restaurante atendido por una joven mujer que sirve "papa achorizada", un colchón de papas fritas con trozos de chorizo encima.

Sobre la calle principal hay viejas construcciones y una estructura de lo que fue una gran empresa; hoy es un esqueleto, una chimenea sin humo y chapas flojas.

Si es cierto que la muerte de Saramago nos ha dejado mucho más ciegos, probablemente en Azinhaga haya palabras colgadas de los árboles de mandarinas que permanentemente indican que no todo está perdido.

Fundación Saramago

La Casa dos Bicos es un edificio del siglo XVI situado en Lisboa. Frente al río Tajo y con una fachada muy característica con aristas y puntas, este espacio alberga la Fundación José Saramago. Es una casa apasionante en la que por un lado están las viejas ruinas romanas –con enormes piletones en donde se hacía el paté de pescado– y en otra parte la propia fundación, desde donde se difunde la obra y el pensamiento de José Saramago. Este año cumple 10 años y para celebrarlo tendrá numerosas actividades. La primera comenzó la semana pasada y continuarán en los próximos meses. Este sábado, además, se inaugura el nuevo espacio de la fundación en Azinhaga en la antigua escuela del pueblo.


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