Sujeto de pruebas
Las embarazadas tienen muchas dudas tontas que solo una madre primeriza y un bebé prestado pueden responder
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08
2012
Por María de los Ángeles Orfila @orfilamaria
Pocas veces me sentí una madre experta como el sábado 11 de agosto. Fue el día que le celebramos el baby shower a mi amiga y colega Andrea Coppes, quien espera que nazca su primera hija, Emma, el próximo 24 de agosto. Andrea, con los nervios normales que produce una panza a punto de explotar, aprovechó para hacerme todas esas consultas que las madres primerizas queremos hacer pero que son muy estúpidas para hacérselas al médico (quien, además, se encarga de sacar al bebé, no de criarlo) o a una madre más experimentada (quien, a menudo, olvida o idealiza los primeros meses de su hijo).
¿Cuántas veces tengo que bañar al bebé? ¿Cómo sé si el pañal quedó bien puesto? ¿Cómo lo agarro para que haga provecho? Éstas y otras inquietudes me preguntó Andrea y yo, con el sujeto de pruebas a mano, es decir, Federica, le pude responder de forma práctica. El provecho se hace así, el pañal se poné asá. Dos cosas, entre mil más, que aprendí sobre la marcha, a causa y error, y temiendo, por supuesto, de arrancarle un dedito cada vez que le cambiaba la ropa.
Y ahí se me ocurrió un gran consejo para las lectoras de Baby ¡Boom! Si estás embarazada aprovechá a pasar un rato con alguna amiga o familiar con un bebé. Pedí para ser testigo de las rutinas de alimentación, aseo y sueño. Y no seas cobarde, cambiá un pañal sucio. El primero es siempre el más difícil. Quizás te asustes un poco, pero es mejor ver algo práctico que quedarte con la teoría del curso de preparto y de los libros que leíste durante nueve meses. Además, seamos sinceras, el curso es bastante inútil para lo que se viene.
El curso de preparto que yo realicé en mi mutualista (y que por cada clase me cobraban $ 150) era "mitad clase teórica y mitad clase práctica". Se habló del parto, de la higiene de la madre y del bebé, de la lactancia, entre otros grandes temas. Pero la clase práctica solo se trataba de ejercicios de estiramiento y respiración. Y, siendo sinceras otra vez, en el momento del parto no te vas a acordar de cómo estirar el músculo peroneo lateral largo.
Sería mejor que las mutualistas ofrecieran talleres de crianza. Que enseñaran a bañar a un bebé, a cambiarlo, a hacerle provecho, a cómo sostenerlo para darle de mamar, a limpiarle el ombligo, y con un sujeto de pruebas, mínimo un muñeco. Y hacerlo antes del nacimiento, cuando tenemos las ganas y la necesidad de aprender y no vamos a llorar por sentirnos las más inútiles del mundo. Por más que sea inevitable sentirte así durante todo el primer mes.
* Dato extra: A mí me sirvieron mucho los videos de Babycenter. Ver cómo se le cambia un pañal a un recién nacido aclara ampliamente el panorama. Y, además, la locutora española te hace reír cada vez que dice: “Vamos a limpiar el culito”.
08
2012
Por Pamela Sicalo, especial para Baby ¡Boom!*
¡Juanchi ya llegó a los 20 meses! ¡¿Ya?! Con ellos llega la oportunidad de mirar con algo de distancia momentos complicados de los primeros tiempos. Momentos como los del regreso a la actividad profesional y la pregunta del millón: ¿Quién lo cuidaría?
Acordamos con mi esposo que intentaríamos mantener, al menos en los primeros 2 años, al primogénito en la casa, por lo que debíamos encontrar una niñera. ¿Dónde? ¿Cómo? Recuerdo cómo sufría contando los días para la vuelta al trabajo. ¿Cómo haría para combinar los horarios de teta? ¿Podría sobrellevar extrañarlo? Pero, sin dudas, lo más importante sería encontrar a la persona ideal. Sin embargo, ninguna de estas preguntas apuntaron al tema que resultaría más complejo, otra sorpresa más para una mami que había leído tanto…
Una llamada providencial puso en nuestro camino a un ser increíble. Una señora tan cálida y divertida como experiente, con energía parecida a la de un payaso con pilas interminables, un repertorio de canciones para niños inagotable, la más dulce de las voces e ideas infinitas para la diversión. Se necesitaron menos de 2 horas para que mi bebé, sí, MI bebé, se enamorara perdidamente de Teté.
Sus manitas extendidas hacia esta Disneylandia móvil tan llena de cariño y energía, muchas veces soltaban mi cuello. Y en mi cabeza una duda me tomó por sorpresa y no una agradable: ¿Me querrá menos? ¿Tendrá más ganas de estar con ella? ¿Será que está siendo más cariñoso que conmigo?
¿Cómo podría ser que mi loca mente de madre primeriza se dividiera entre el alivio y alegría de saber que mi hijo está bien cuidado y por otro el temor de quedar relegada?
Me ayudaban las experiencias compartidas de otras mamás y también, medio en broma y medio en serio, hablarlo con mi esposo. Asimismo, esa voz cuerda que nos habla, y que generalmente alivia si sabemos reconocerla, me recordaba el vínculo tan estrecho con este ser desde el primer minuto de vernos.
Con el tiempo los zapallos fueron acomodándose en el carro, como diría mi tía, y lo que inicialmente podría ser un atisbo de amenaza, dejó lugar a una inmensa tranquilidad y gratitud. La carita de alegría de Juanchi al ver a Teté cuando llega y sus pasitos corriendo hacia mí cuando regreso después de unas horas lograron el equilibrio perfecto.
Recientemente, cursando una neumonía jorobada, no había Disneylandia que lo moviera de mi pecho. Comprendí lo mal que mi bebé se sentía cuando, dejando de lado otras invitaciones, solo repetía “mamá”, prefiriendo mi pecho a cualquier otro lugar en ese momento de sufrimiento. Ahí me cayó la ficha, Juanchi reconocía y necesitaba a su mami mucho antes de que ella viera su carita.
* Pamela Sicalo es psicóloga infantil y mamá de Juanchi, de 20 meses.
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