Bachillerato incentiva a jóvenes a aprender mientras trabajan

El liceo Ánima inserta a sus estudiantes en el mercado laboral
Aprendizaje en el trabajo. Esa es la propuesta de Ánima, un bachilerato tecnológico de acceso gratuito con financiación privada que funciona en Uruguay desde 2016. La propuesta de la institución se basa en la formación dual: los jóvenes cumplen con la currícula de UTU y también realizan prácticas formativas en empresas asociadas al proyecto educativo.

Son 125 los adolescentes que viven en situación de vulnerabilidad social que forman parte de Ánima. La primera generación, que ingresó el año pasado, es de 75 estudiantes y está cursando quinto de liceo. Estos jóvenes cursaron el ciclo básico en liceos de contexto crítico e ingresaron a Ánima en cuarto año. La segunda generación, que entra este año y va a hacer el mismo proceso que sus antecesores, está conformada por 50 alumnos.

La directora ejecutiva de la institución, Ximena Sommer, dijo a El Observador que Ánima busca motivar a los adolescentes para evitar que se desvinculen del sistema educativo. "El hecho de que los chiquilines sepan que lo que están estudiando les va a servir para el trabajo es una motivación", afirmó.

Por lo tanto, Ánima prepara a los jóvenes durante cuarto año para que puedan insertarse en el mercado laboral y en quinto los incentiva a realizar prácticas formativas en empresas. De todos modos, no todos los estudiantes que entraron en 2016 al bachillerato están trabajando, ya que deben adquirir una determinada cantidad de herramientas antes de dar el siguiente paso.

"De los 75 jóvenes (que están en quinto de liceo) hay 30 que empiezan a trabajar ahora. El resto, la idea es que empiecen a trabajar en agosto", señaló Sommer. En estos meses los alumnos que no empezaron las prácticas tendrán tiempo de aprender las competencias que les faltan -resolución de conflictos, manejo de frustración, entre otras- y luego podrán comenzar a trabajar.

Si bien la propuesta de Ánima puede asemejarse a una pasantía, la directora ejecutiva sostuvo que no son lo mismo. De hecho, las empresas deben postularse para recibir estudiantes y, luego de una evaluación por parte de la institución, definen de qué manera van a trabajar con ese joven. "Nosotros le comunicamos a la empresa que no es que el chiquilín va a aplicar lo que aprendió, sino que el joven también va a ir a aprender ahí", afirmó.

Todas las prácticas son remuneradas y en todas se paga lo mismo, sin importar en qué sector se desempeñe el adolescente. "Es un ingreso para que puedan colaborar en sus casas, para que puedan hacerse cargo de algunos gastos, para dignificar el valor del trabajo", explicó Sommer.

Los estudiantes tienen clase todos los días, pero no van a diario a trabajar. Las prácticas formativas son tres veces por semana durante cuatro horas y tienen un tutor que también forma parte del sistema de evaluación. "Nosotros alentamos a las empresas a que les den la oportunidad a los jóvenes de tener dos años de experiencia laboral mientras están estudiando, así pueden seguir aprendiendo y consolidando lo que aprenden en el aula", afirmó la directora ejecutiva.

Ánima ofrece un bachillerato tecnológico en administración y otro en tecnología de la información y comunicación.

Ánima busca empresas que formen estudiantes

El bachillerato tecnológico Ánima, que incentiva a adolescentes que viven en situación de vulnerabilidad social a aprender mientras trabajan, busca empresas que se asocien a su programa de formación dual. Estas compañias deben crear un plan de trabajo en conjunto con la institución, para que los jóvenes apliquen lo que aprendieron en el aula y también desarrollen nuevas competencias durante las prácticas formativas.

La directora ejecutiva de Ánima, Ximena Sommer, dijo a El Observador que la asignación de estudiantes a las diferentes empresas no es aleatoria. De hecho, el bachillerato primero conoce la compañía -para saber cuál es su perfil, en qué rubro se desempeña- y luego analiza qué alumnos se adecúan mejor a las necesidades de la compañía.

"Ánima hace un proceso de preselección de tres alumnos y después la empresa los entrevista y estipula qué joven considera que se alínea más a su perfil profesional", señaló Sommer. Además, los estudiantes también eligen la compañía en la que más les gustaría trabajar. "Nos fue bien en esta primera experiencia, pudimos responder a los intereses y gustos de ambas partes", agregó. El programa que utiliza Ánima nació en Alemania y fue puesto en práctica en Argentina en la década de 1970.
El equipo de Ánima presentará su proyecto a las empresas interesadas y a quienes quieran colaborar a partir de hoy en el hotel Hilton Garden Inn en el horario de la mañana.
El consultor independiente en formación dual, Rubén Zazzali, señaló a El Observador que este sistema no busca en realidad que los estudiantes trabajen, sino que se formen para trabajar. "Las empresas tienen que darles la posibilidad a los jóvenes de que ellos realicen sus prácticas laborales", afirmó.

Las firmas que forman parte de Ánima se deben comprometer a recibir a los adolescentes una o más veces por semana, deben asignarles un tutor para que los acompañe durante el proceso, tienen que pagarles la remuneración acordada y los evaluarán de forma semestral. "Buscamos achicar la brecha entre la educación formal y el mercado laboral -afirmó Zazzali-, y vemos que el nivel de los jóvenes hoy los deja un poco rezagados".

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