Bailarines de ballet: los hombres que enfrentaron el prejuicio

Cómo es para ellos dedicarse a la danza, una disciplina tradicionalmente asociada a lo femenino
Hombres en el ballet: "No es un deporte de niñas"
Cuando Ciro Tamayo (23) era niño, cada vez que llegaba a una nueva escuela en España, su país, los compañeros de clase lo consideraban una novedad casi seductora. Él era "el artista" de la clase, el místico, el que a pesar de ser muy pequeño se subía a los escenarios a bailar ballet y al que el público ovacionaba.

Luego, al cabo de algunos meses, la rutina transformaba a Tamayo en uno más dentro del aula y comenzaban los problemas. De ser admirado pasaba a convertirse en el objeto de burla más recurrente por parte de los otros niños. Primero eran los insultos: "niña", "mariquita"; luego entraban a jugar los golpes. "Me cagaban a palos", dijo el joven que hoy es primer bailarín del Ballet Nacional Sodre (BNS) luego de que su director, Julio Bocca, lo fichara en una competencia en Europa. Tamayo estudió en las mejores escuelas de Málaga, Madrid y Londres. Su pasión por la danza surgió a los 7 años luego de ver la película Billy Elliot (2000), que muestra la intimidad de un niño irlandés que quiere bailar pero su entorno lo reprime con la excusa de que el ballet es un "deporte de niñas", y él es varón.

"Mis compañeros me cagaban a palos en el recreo", Ciro Tamayo.
Cuando Lucas Erni (21) –argentino y solista del BNS– le dijo a su padre que dejaría de bailar folclore para dedicarse al ballet, la respuesta no fue positiva. "A mí papá le costó pasar de comprarme botas y bombacha de campo a tener que conseguir zapatillas con media punta, calzas y mallas", dijo el bailarín.

Sin embargo, la primera vez que lo vio bailar se "emocionó mucho" y desde ese día "hizo un cambio enorme" en su manera de entender a un hombre que elige el ballet como canal de expresión. Aun así siempre pensó que su hijo se iba a terminar aburriendo de la danza e iba a regresar a Santa Fe a tener una vida más tradicional, algo que nunca sucedió. Erni –que se formó más que nada en el teatro Colón de Buenos Aires y en Estados Unidos, y se perfeccionó con una vieja conocida de Bocca, Raquel Rossetti– vive en un apartamento en el Centro de Montevideo pero considera ese lugar como su segunda la casa. "La primera es el teatro", aseguró orgulloso.

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Los bailarines consultados por El Observador narraron los conflictos, familiares y sociales, a los que se tiene que enfrentar el varón que baila ballet durante gran parte de su vida por haber elegido una disciplina que comúnmente se asocia a las mujeres, al color rosa, los tutús y las posiciones delicadas.
En muchos casos, la incomodidad deja a grandes talentos por el camino. Otras veces, el convencimiento y la pasión logran vencer los prejuicios y permiten a los hombres avanzar en sus carreras artísticas. Las dificultades, según ellos, no son más ni peores que las que deben sufrir las mujeres que se dedican al rubro, sino que son diferentes.
El BNS tiene 70 bailarines y bailarinas, 33 de los cuales son hombres de países como Argentina, Brasil, Chile, Corea y Reino Unido, además de Uruguay. Sus historias hablan de que el ballet no es un deporte de niñas, como se dice en Billy Elliot. Es una elección de vida.

La pasión que vive dentro

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Es lunes y pasan apenas unos minutos de las ocho de la mañana. La sala de ensayo del BNS, en el cuarto piso del Auditorio Adela Reta, en Mercedes y Andes, ya está casi llena de bailarines.

Todavía falta una hora para comience la clase, pero los integrantes de la compañía llegan temprano para calentar y estirar.

Ayudados de colchonetas y masajeadores, los artistas van despertando sus músculos. Las jornadas son exigentes: comienzan a las ocho de la mañana y terminan a las cinco de la tarde. En ningún momento sus cuerpos descansan.

Gustavo Carvalho es siempre uno de los primeros en llegar. El brasileño, de 21 años, es primer bailarín de la compañía que integra formalmente desde 2015. Cuando tenía 7 años comenzó a tomar clases de piano en el teatro de Cabo Frío, una localidad al este de Río de Janeiro. Una tarde vio pasar a un grupo de bailarinas por los pasillos del teatro y quedó hipnotizado, las siguió hasta el escenario y se puso a bailar en medio de ellas. "La directora de la escuela le dijo a mi madre que yo era una bailarín nato y tenía que empezar clases cuanto antes", recordó.

Cuando las oportunidades de bailar en Cabo Frío se agotaron, la madre del bailarín tomó la decisión de cerrar un negocio que tenía en la ciudad para mudarse junto con su hijo a Río, así se podía profesionalizar. Allí entró a una compañía de danza para principiantes. "En mi país no hay muchas compañías clásicas y como somos tantos es muy difícil entrar", explicó Carvalho. Fue cuando comenzó a participar en competencias en otras partes del mundo que la posibilidad de vivir del ballet se volvió un futuro tangible para él. En un certamen en Estados Unidos conoció a Julio Bocca, que primero lo invitó a participar en espectáculos puntuales y luego lo contrató como solista del BNS. En 2016, Carvalho ascendió a primer bailarín.

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Sobre las nueve de la mañana uno de los profesores llega a la sala de ensayo, como todos los días. Para ese entonces los bailarines deben estar presentes y vestidos con una malla para comenzar a entrenar. El que no se presente o llegue tarde a la clase sufrirá, a fin de mes, un descuento en el sueldo.

Cuando comienza la clase, Joseph Fawcett (18) ya tiene las pantorrillas tibias por el estiramiento. El joven, oriundo de Gales, se sumó este año al BNS luego de quedar seleccionado tras una audición en Madrid durante la última gira de la compañía por España.

"Cuando era niño siempre bailaba en mi cocina y mis hermanas mayores me dijeron que tenía que tomar clases", recordó, hablando un español todavía muy básico. En aquel entonces, decía que "prefería morir" antes de dedicarse a la danza. No era trabajo de hombres en su tierra. Hoy, estando tan lejos de su Gales natal, solo sueña con irse de gira con la compañía uruguaya a Europa y que su familia lo vea actuar.

Cuando era niño, el galés Joseph Fawcett decía que "prefería morir" antes que bailar porque en su país ese no era un trabajo de hombres.
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Bocca dijo en una entrevista con Galería la semana pasada que le gustaría tener al menos el 80% de la plantilla de bailarines uruguayos, pero eso todavía no es posible si quiere mantener un nivel alto en el elenco.

Fabián Sosa (20) es uno de los 12 uruguayos de los 33 que lo integra. Es que llegar a ser parte del BNS tiene sacrificios que cuestan. "Si quiero llegar a algo tengo que dejar de lado cosas pequeñas como salir con amigos o acostarme tarde", reconoció. Sosa hizo los cuatro años de la Escuela Nacional de Danza y un año antes de terminar la carrera audicionó para el Sodre y quedó. Este es su segundo año como parte de ese cuerpo estable.

No son "un montacargas"

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Tanto Carvalho como Sosa aseguraron que en el Sodre la competencia entre bailarines y bailarinas existe, pero es mucho más sana que en otras compañías del mundo donde los artistas "ni siquiera se hablan entre sí" y todos están concentrados únicamente en su trabajo y en su propio éxito. "La gran familia que formamos es una de las cosas que más me llamó la atención cuando llegué de Europa", indicó Tamayo.

A su vez, el rol del hombre dentro de un espectáculo de ballet ha cambiado últimamente. "El varón tenía muy puesto el nombre de montacargas, era el que levantaba a la chica y la hacía lucirse; él quedaba a su sombra", dijo el primer bailarín, quien considera que hoy, gracias al talento de sus colegas y los coreógrafos, el hombre adquirió una posición diferente. Muchos de sus compañeros coincidieron en que el rol del hombre y la mujer en el ballet no está tan definido ni disociado como antes sino que la danza es una sola y– si bien hay variaciones en la técnica– la escuela es la misma.

La escuela primaria que Bocca quiere para los niños bailarines

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Julio Bocca, director del Ballet Nacional Sodre, dijo en una entrevista con el programa No toquen nada que desde la Comisión Directiva del Sodre se está trabajando para tener un lugar físico a la vuelta del Auditorio Adela Reta en el que se dicten cursos de primaria y ciclo básico a los niños que formen parte de la Escuela Nacional de Danza. "La idea es que el niño no tenga que andar de un lado para el otro. Cursa todo el currículo a la mañana y a la tarde llega con la energía que necesita para prepararse (para las clases artísticas)", explicó el director.

Si bien el avance hacia la concreción del proyecto es lento, según dijo Bocca, en el Consejo Directivo del Sodre aseguraron a El Observador que se trata de una idea "real y posible" porque "hay acuerdos desde todos los ámbitos" para que así sea. "Aspiramos que para 2020 la escuela ya esté funcionando, aunque depende de muchos factores", dijo Doreen Ibarra, presidente del Consejo. Y agregó que la institución no solo dictaría clases para bailarines sino que también para niños dentro la comunidad del barrio. El terreno en el cual se aspira a edificar la escuela está ubicado sobre la calle Uruguay.

¿Dónde verlos?

El jueves pasado se estrenó el primer espectáculo de la temporada 2017 del BNS. Hamlet ruso estará en cartel hasta el 7 de abril, con funciones de martes a domingo. Entradas a la venta por Tickantel y boletería del Auditorio. El 4 de abril habrá una función a beneficio de Aldeas Infantiles.

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