Bajo la sombra electoral de Putin

El líder de Rusia, mediante interferencia en los sistemas informáticos de Estados Unidos, ayudó al triunfo presidencial de Donald Trump
Una fórmula bastante segura para ganar una elección es, en vez de gastar fortunas en campañas publicitarias, lograr el apoyo de Vladímir Putin. Se acumulan indicaciones de que el hombre fuerte de Rusia, mediante interferencia en los sistemas informáticos de Estados Unidos, fue decisivo en desacreditar a Hillary Clinton, lo que ayudó al triunfo presidencial de Donald Trump.

Acaba de confirmarlo en Washington la comisión de Servicios Armados del Senado, en la que sus miembros, incluyendo los del Partido Republicano de Trump, le dieron la razón al director nacional de Inteligencia, James Clapper, cuando afirmó: "Nuestra evaluación es más firme ahora", respecto de la incidencia rusa en el resultado electoral. Clapper advirtió además sobre el peligro de que su presunta intervención en Estados Unidos aliente a Putin a influir en las elecciones en otras naciones, según convenga a sus intereses.

El informe de Clapper identificó al pirata informático ruso Guccifer 2.0 como la herramienta del GRU, el órgano militar de espionaje, utilizada para hackear correos informáticos de Clinton que la desacreditaban. Clapper alega que el GRU le pasó la información al WikiLeaks de Julian Assange, que los dio a publicidad con el resultado de facilitar el triunfo de Trump. Tanto el presidente electo como Putin lo niegan y Assange también lo niega, diciendo que la contraseña del servidor del Partido Demócrata era tan sencilla que hasta un inexperto podía entrar. Sea como sea, la verdad no se sabrá aunque la aceptación de la teoría entre los servicios estadounidenses de inteligencia y su aceptación por prominentes líderes republicanos va creciendo, encabezados por el presidente de la comisión del Senado y excandidato presidencial John McCain.

La cercanía del presidente entrante con el autoritario líder ruso es pública. Trump lo ha elogiado abiertamente y ha anunciado que buscará un acercamiento con Rusia, en detrimento de su costosa alianza militar con potencias europeas en la OTAN. Putin, por su parte, declaró durante la campaña electoral que prefería una victoria de Trump. Se anticipa que en los primeros meses de su gobierno, luego de asumir el 20 de enero, Trump concluirá con Putin un acuerdo para actuar en forma conjunta en Siria, en reemplazo de los actuales ataques descoordinados que cada potencia realiza por su cuenta.

Pero aunque esta alianza se concrete, nada asegura el fin de la guerra que desde hace cuatro años despedaza a Siria, con cientos de miles de muertos y millones de personas desplazadas. La razón es que los objetivos de ambas potencias son hasta ahora diferentes. El empeño de Trump es eliminar definitivamente al Estado Islámico, meta improbable porque, aunque siga perdiendo ciudades y territorios, esa organización del fundamentalismo islámico mantendrá su capacidad de generar actos terroristas en cualquier parte del mundo. Putin comparte ese objetivo pero su interés principal es asegurar en el gobierno sirio al presidente vitalicio Bachar al Asad, buen cliente de Rusia en la compra de armas y a quien la administración Obama ha tratado infructuosamente de sacar del poder, apoyando en cambio a las variopintas fuerzas rebeldes que lo combaten.

Pero al margen de cómo funcione el eventual acercamiento entre Trump y Putin, parece evidente que el próximo presidente de Estados Unidos en buena parte debe su elección a la revelación de los irregulares correos electrónicos de Clinton. Alguien dice que ello es la revancha de Putin por la interferencia estadounidense en la elección de Yeltsin, bien documentada por la revista Time en la década de 1990. Lo importante, con todo, es mejorar la seguridad informática para que nadie interfiera con nadie.

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