Bancos, temblad

La era de los bancos virtuales y los préstamos "peer to peer" obliga a las instituciones tradicionales. Habrá más flexibilidad, movilidad y desburocratización

Un morocho grandote, de pelo y bigote renegridos, capataz de hombres recios en un campo de Valentines, esperó un rato dentro de su viejo Fiat Uno mientras caía la noche en Cerro Chato. Entonces, cuando un paisano salió del único cajero automático de la villa, el morocho se le abalanzó: "Disculpe señor, ¿podría ayudarme a sacar plata?", imploró; "esto me lo hacen siempre los gurises pero hoy no vinieron". Toda aquella masculinidad rústica se había venido al suelo ante un simple dispensador de dinero.

Ocurre en Cerro Chato, donde el Banco República planea abrir sólo tres veces por semana por la escasez de personal y de clientes, y sucede en cualquier parte: el temor reverencial de las personas mayores o menos instruidas ante máquinas dóciles.

La bancarización forzosa avanza a grandes zancadas en Uruguay, aunque vaya por detrás del mundo. El pago con tarjetas sustituye al efectivo.

Y habrá pocas sucursales bancarias, menos empleados y muy pocos servicios presenciales: funcionarios que atienden público.

El número de sucursales de los bancos uruguayos cayó 12% en los últimos cinco años y medio: de 341 a 304. La cantidad de empleados bancarios, después de algunos altibajos, permaneció en torno a 8.200. La mayor parte de las sucursales está en el interior (170) aunque la gran mayoría de los funcionarios (6.200) reside en Montevideo (ver Búsqueda del 24 de agosto).

Se debate encarnizadamente en torno a Uber (transporte), Airbnb (alojamientos), Netflix (cine, series), Spotify (música), Paganza (pagos) y tantos otros servicios por Internet de grandes prestaciones a bajo costo. Pero las nuevas tecnologías también le están apuntando a la línea de flotación de la banca. Todavía no pueden perforar el grueso casco de ese viejo transatlántico pero lo harán, sin falta, y lo obligarán a una rápida adecuación para evitar el naufragio.

En unos años un mostrador bancario será tan anacrónico como una vitrina de los almacenes Manzanares, o como los teléfonos fijos, que ahora sólo sirven para atender a la tía vieja y a los que venden servicios fúnebres o de acompañantes para ancianos.

El futuro, que está a la vuelta de la esquina, tiene forma de minioficinas con máquinas dispensadoras, y de operaciones por Internet con computadoras y teléfonos: flexibilidad, movilidad, rapidez, desburocratización.

Cada vez más instituciones y personas utilizan Internet para pagos de salarios, pasividades y servicios, transferencias, depósitos, gestión de créditos, compra de papeles bursátiles, cambio de moneda.

Los bancos suelen ser paquidermos conservadores. En Uruguay sus empleados integran una corporación poderosa: Aebu, que ha logrado la absorción y la reabsorción de funcionarios de empresas quebradas, que pasaron de marca en marca, de fusión en fusión y de seguro social en seguro social. Las asistencias e ineficiencias las paga el cliente final.

Un ejemplo: la mayor parte de los bancos paga entre 4 y 6% anual por un depósito a plazo fijo en pesos a 180 días de plazo. (Si se deposita una suma grande se puede mejorar la tasa). Sin embargo, si un inversor minorista adquiere una letra de regulación monetaria emitida por el Banco Central en esa moneda (es decir: incluso con menor riesgo crediticio que el de los bancos ya que el BCU siempre tendrá el monopolio de crear dinero para pagar sus deudas), obtendría 13,27%, menos la comisión de 1% más IVA que pagará al corredor de bolsa.

. En suma: muchos bancos toman el dinero de doña María al 4 o 6%, que con esa tasa ni siquiera se cubre de la inflación, que ronda el 10%.

Luego se dan vuelta y lo colocan en el Banco Central al 13,27%. Ellos son sus propios corredores de bolsa. Así da gusto ser banquero. Claro que también prestan a consumidores y empresas y entonces corren riesgos mayores.

¿Por qué hay gente dispuesta a dejar su dinero en el banco y no volcarse a instrumentos más rentables? Básicamente es desinformación del cliente e información que el banco utiliza a su favor. La información da poder, pero muchas personas no se informan –y los bancos no están muy interesados en informar.

Ya proliferan sitios web de "economía colaborativa" para préstamos de dinero.

Es un comercio electrónico de servicios, no de bienes, como ocurre usualmente en sitios como Mercado Libre u Olx. Reúnen la oferta y demanda de recursos financieros sin que las partes tengan que pagar altos costos de intermediación.

Este negocio, conocido como "peer to peer" (de igual a igual), es iniciado con inversores minoristas. Todavía ofrecen montos relativamente pequeños: entre 10.000 y 250.000 pesos, según el reglamento de uno de ellos. Pero nadie puede descartar que en un futuro no lejano las grandes empresas consigan grandes créditos por esa vía.

Los sitios financieros en la web suelen ser muy amigables y sencillos, aunque contienen una estructura contractual para cubrir los riesgos del inversor. En algún caso, se puede pedir para incorporarse como inversor por e-mail o mediante una llamada telefónica.

La operativa de uno de ellos, TuTasa, consiste en un fideicomiso de inversión formado por los fideicomitentes y beneficiarios (inversores), el administrador y el fiduciario o beneficiario, todos reunidos una sociedad anónima. Incluso hasta se genera un fondo de garantía para cubrir los riesgos del inversor.

"los costos de obtener crédito se rigen por las reglas de la oferta y demanda, y las condiciones de acceso son más flexibles" que las de los bancos, afirma el reglamento.

Hay otras ofertas que también evitan que el pequeño inversor termine en el mostrador de un banco. Por ejemplo el grupo Sura, que entró en el negocio de las Afaps, ofrece cuotapartes de fondos de inversión en pesos o dólares que se compran en Redpagos. Los ahorristas pueden retirar su dinero en un plazo no mayor a tres días hábiles, por lo que estos productos compiten con cajas de ahorros o cuentas corrientes bancarias, aunque con mejor tasa. La Bolsa de Valores de Montevideo, que hasta hace poco sólo transaba valores en forma física, tiene ofertas similares.

El tiempo dirá hasta dónde llegan estos bancos virtuales de bajo costo. No hay que descartar que, al menos al principio, los bancos tradicionales contraataquen comprándolos u ofreciendo servicios similares. Ocurrió con Oca Card, la primera tarjeta de crédito privada de Uruguay, que se creó en 1985 en base a la Organización de Crédito Automático, de 1966. Sus dueños comenzaron otorgando créditos detrás del mostrador de una ferretería, porque entonces dar crédito no era bien visto. En 1998 la firma Oca SA fue adquirida por el Banco de Boston y desde entonces acompañó los cambios en la titularidad de esa firma. En 2004 pasó a manos del Bank of America y en 2007 al Banco Itaú.


Comentarios

Acerca del autor