Barack Obama: El nuevo paradigma

“Podemos cumplir la promesa de nuestros fundadores, la idea de que si una persona está dispuesta a trabajar duro, no importa de dónde venga ni qué aspecto tenga ni dónde ame”

El presidente Barack Obama no fue un líder perfecto para Estados Unidos y muchos de los hitos de su administración, como el Obamacare (reforma de la salud) o el acuerdo nuclear con Irán, fueron resistidos por parte de la opinión pública de su país y por el Congreso, con el que mantuvo una relación cambiante durante sus ocho años de gobierno. Sin embargo, pasará a la historia principalmente por ser una figura de referencia para su comunidad y por una serie de destaques que marcaron puntos de inflexión en su administración.

Barack Hussein Obama estuvo desde el principio marcado e influenciado por una fuerte mezcolanza de etnias y culturas. Sus padres, él de origen keniata y ella del estado de Kansas, se conocieron y se casaron en Hawái, lugar donde nació pocos años después. El matrimonio se divorció cuando él apenas tenía dos años, lo que implicó que creciera prácticamente sin conocer a su padre, quien volvió a su Kenia natal tras la ruptura. Un nuevo matrimonio de su madre llevó a la familia a trasladarse a la exótica Indonesia, donde viviría hasta los 10 años, época en la que retorna a los paisajes de Honolulú y sus idílicos alrededores.

Pasó su juventud alternando trabajos y ciudades, generalmente en empresas vinculadas al ejercicio del derecho, hasta que desembocó en los prestigiosos pasillos de Harvard, donde logró su primera gran victoria política y personal: se convirtió en el primer presidente negro de la Facultad de Derecho. Tras egresar, se trasladó a Chicago, donde trabajó en una firma de abogados. Allí, en ese ambiente saturado de leyes, conflictos y demandas, entre juzgados y tribunales conoció a quien sería uno de los grandes pilares en que apoyaría su proyecto personal: su esposa Michelle. Al igual que tantas otras primeras damas de la historia de Estados Unidos, Michelle Obama ayudó a consolidar la imagen de su esposo como parte de una familia funcional, que adoptó inteligentemente el arquetipo doméstico que los estadounidenses pretenden de sus jefes de Estado.

Su real propósito de llegar a la presidencia se puso en marcha a principios de 2007, mientras ocupaba un escaño en el Congreso representando al estado de Illinois. Sus principales lineamientos estaban claros y por el momento encontraban el respaldo necesario para impulsar una nueva etapa política, aunque primero debía sortear un obstáculo puramente demócrata: los Clinton. Con la promesa de finalizar la costosa y prefabricada guerra de Irak, Obama venció a Hillary en las primarias demócratas y luego derrotó al republicano John McCain, rompiendo la hegemonía blanca en la presidencia de Estados Unidos.

Obama debió luchar en varias trincheras durante su administración, siendo las más importantes la restauración económica tras la devastadora crisis financiera a escala mundial, el retiro de las tropas en territorio iraquí, el desarme nuclear y la lucha contra el terrorismo, punto que abarca también una de las victorias más polémicas del mandatario: la muerte de Osama bin Laden, rodeada desde 2011 de un halo de misterio y teorías conspirativas. Esa misma polémica ya había estado presente dos años antes, cuando se convirtió en el tercer presidente estadounidense en ejercicio en recibir el premio Nobel de la Paz, otorgado por sus muy cuestionados esfuerzos en el ámbito del desarme nuclear. De todas maneras, los mayores reconocimientos en el exterior llegaron, tal vez, luego de la reapertura de las relaciones diplomáticas con Cuba que en 2015 pusieron fin a un período de 50 años de enemistad declarada.

El primer presidente negro de los Estados Unidos debió, sin embargo, afrontar una ola de racismo que llevó a muchos a catalogarla como la peor del país desde los tiempos de la segregación racial en la década de 1960. Episodios como la masacre en una iglesia frecuentada por la comunidad negra en la ciudad de Charleston o los homicidios de jóvenes afroamericanos por parte de policías blancos impulsaron varias marchas cuyas imágenes quedaron inmortalizadas, por ejemplo, en una de las portadas más duras de la revista Time, en mayo de 2015.

De todas formas, en sus aciertos y en sus errores, Barack Obama constituyó una de las piezas angulares sobre las que se movió el mundo en los últimos años y, como otros hicieron en su tiempo, buscó instalar el cambio como nuevo paradigma en la política norteamericana, ámbito de crucial importancia por el peso del país en el resto del mundo. Quedará por verse si su importancia en las primeras décadas del siglo XXI y su apuesta por ese cambio resisten el paso del tiempo.

Esta nota forma parte de la publicación especial de El Observador por sus 25 años.


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