Barack Obama propuso su receta de cambio a Cuba

El presidente de Estados Unidos habló a los cubanos en el Gran Teatro de La Habana
Pueblo cubano" y "cambio" fueron las palabras más pronunciadas por el presidente Barack Obama en el discurso que pronunció ayer para la gente de la isla, que lo escuchó en el Gran Teatro de La Habana y en su casa a través de una transmisión televisiva con pocos antecedentes. Fue una intervención de poco menos de una hora en la que, lo mismo que el día anterior, señaló las similitudes entre los dos países pero no se ahorró de marcar con claridad las diferencias entre las naciones.

El comienzo de su intervención estuvo marcado por frases esperanzadoras y positivas. "He venido acá a extender una mano amiga", es un ejemplo. "Estados Unidos y Cuba son como dos hermanos que han vivido separados", fue otra de las frases. Se refirió a cultura común, una misma música y fe con las mismas raíces, así como un pasado colonial y una sociedad que se construyó en base a esfuerzo.

"Vine aquí a dejar atrás los últimos vestigios de la Guerra Fría", afirmó Obama, en ese tono esperanzador que mantuvo en su gira por Cuba y que este miércoles le lleva a Argentina. "Creo en el pueblo Cubano. I believe in the Cuban people", aseguró, y afirmó que no pretende solo restablecer las relaciones con el país, sino especialmente con su gente, con el pueblo cubano que tanto mencionó.

Pero después Obama se compenetró con su rol y, como presidente de Estados Unidos –el primero que viaja a la isla en 88 años– comenzó a hablar de aquellas cosas que, a su entender, los cubanos podían hacer mejor. Es cierto que adoptó un tono ameno, poco prepotente, pues siempre introdujo sus afirmaciones con frases como "quiero compartirles mi visión" o "yo creo". Pero no es menos verídico que se dedicó a hablar maravillas de una visión del mundo que, por muy respetable que sea, es resistida por la estructura cubana.

"Les puedo decir, como amigo, que la prosperidad sustentable del siglo XXI depende de la educación, el cuidado de la salud y la protección ambiental. Pero también depende del intercambio de ideas libre y abierto. Si no pueden acceder a la información a través de internet, si no pueden expresar sus puntos de vista, no podrán alcanzar su máximo potencial y, al final, perderán la esperanza", señaló.

Claro que Obama no va a imponer un sistema político o económico, y así lo subrayó más de una vez. "Pero habiendo removido esta sombra en la historia de nuestras relaciones, debo hablarles honestamente sobre aquello en lo que creo", siguió, y citó al héroe nacional José Martí: "La libertad es el derecho de cada hombre a ser honesto, a pensar y hablar sin hipocresía".

Y entonces desgranó aquellos puntos en los que cree que Cuba debería mejorar. Recomendó la igualdad de todos ante la ley y fue aplaudido, mencionó iguales derechos para todos y también hubo palmas, y lo mismo cuando aseveró que los ciudadanos deben ser libres para poder hablar sin miedo, organizarse, criticar al gobierno o protestar de modo pacífico. Pidió libertad religiosa y al final de ese párrafo mencionó que "los votantes deben poder elegir su gobierno mediante elecciones democráticas y libres". Y otra vez el Gran Teatro de La Habana lo vitoreó.

A continuación, en una frase que podría resultar irónica, el presidente de Estados Unidos remarcó: "No todos están de acuerdo conmigo, pero los derechos humanos son universales. Son los derechos de los americanos, los cubanos y la gente de todo el mundo", insistió.

El camino que expuso ante un pueblo gobernado hace más de cinco décadas por un mismo hombre y luego por su hermano fue el de la democracia. Lo hizo desde la experiencia de Estados Unidos, donde se vivió la segregación racial y la esclavitud, males de los que todavía quedan ciertos remanentes. El debate permitió superar las diferencias y crecer como nación. "En el país hay enormes problemas, pero la democracia es la forma de solucionarlos", apuntó.

Los ideales de la revolución

Obama, hábil orador, apeló también a los valores que forjaron la Revolución cubana. "Los ideales que despiertan cualquier revolución –la estadounidense, la cubana, los movimientos de liberación en todo el mundo– encuentran su mayor expresión, creo yo, en la democracia".

"No porque la democracia estadounidense sea perfecta, porque no lo es. Pero necesitamos el espacio que la democracia nos da para el cambio. Da a los individuos la capacidad de ser catalizadores y pensar de modo diferente y volver a imaginar cómo será nuestra sociedad y hacerla mejor", aseveró. Esta vez no hubo aplauso.

El concepto de revolución fue retomado por el estadounidense al final de su intervención, cuando se refirió a la historia de los dos países, que acompasó "revolución y conflicto, lucha y sacrificio, retribución y ahora reconciliación".

Indicó que no será fácil avanzar hacia el "futuro de esperanza" que avizora, en español. "Tomará tiempo. Pero mi presencia en Cuba renueva mi esperanza y mi confianza en lo que el pueblo cubano puede hacer". Y se ofreció a mantenerse al lado. "Podemos hacer este viaje como amigos, como vecinos y como familia. Juntos. Sí se puede", remató, con una frase que a lo largo de su carrera política logró hacer suya.

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