Batlle arribó a la última estación como un hombre de Estado

El expresidente colorado recibió el adiós de los uruguayos
Casi ningún político de los que estuvo en el velorio de Jorge Batlle dudó cuando le preguntaron por el expresidente. Las palabras "provocador" y "polémico" se repitieron en boca de dirigentes y militantes de los diferentes partidos que ayer se presentaron en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo para despedir al político colorado.

Fue inevitable que se escucharan referencias a la crisis que atravesó Uruguay en 2002 y al rol que Batlle tuvo en ese momento. Hubo quienes lo destacaron por su capacidad para sacar al país del pozo y quienes dijeron que le tocó una de las peores situaciones económicas que tuvo que enfrentar un gobierno.

"Pero, ¿quién le puede reprochar algo? Fue todo muy difícil y muy angustiante", dijo el senador del Frente Amplio Rafael Michelini, y su comentario ilustró el ánimo de los que llegaban que, lejos de las críticas, prefirieron homenajear al exmandatario, muerto el lunes 24.

A las 8.15 de la mañana, el vicepresidente, Raúl Sendic, se quedó parado en la punta de la escalinata del Palacio para esperar al féretro. A su lado estaba la esposa de Batlle, Mercedes Menafra, y en la otra punta, el senador colorado Pedro Bordaberry.

Con las banderas a media asta, esperaron 15 minutos hasta la llegada del atúd y después caminaron detrás de él hasta el centro de la sala.

Al principio solo estaban sus allegados, pero a medida que pasaban los minutos el Salón de los Pasos Perdidos se fue llenando de gente. Legisladores, gobernantes, pero también ciudadanos anónimos entraron en el Palacio para despedirse de Batlle.

Mujeres de tacos y otras desalineadas. Una señora, cercana a los 80 años, no encontraba consuelo y daba vuelta y vuelta a su pañuelo de tela para secarse las lágrimas.

Otro hombre, de gorro de lana y championes rotos, se mantuvo mirando el féretro durante más de dos horas. "A mí no me gusta la política, pero lo conocía del barrio", se limitó a contar a El Observador.

El presidente Tabaré Vázquez llegó cuando todavía no eran las nueve de la mañana. La esposa de Batlle le pidió que le dedicara unas palabras a quien le entregó la banda presidencial por primera vez en 2005 y, minutos después, el presidente cumplió con el pedido.
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"Hoy aquí lamentablemente, y esta es la parte difícil, tenemos que despedir a una de las personas más inteligentes que he conocido en mi vida", dijo el mandatario, que también lo resaltó como "un político de élite, de estirpe, de fuste".

Llegaron desde todos los sectores y colores políticos. En momentos de congoja, el gobierno, legisladores y sindicalistas optaron por resaltar las facetas más amigables del exmandatario, como su honestidad, su espíritu republicano, su sentido del humor o sus valores democráticos. O incluso momentos de su gobierno previo a la crisis, como la conformación de la Comisión para la Paz que buscó a los desaparecidos en dictadura.

¡Viva!

A las 15 en punto se formó el cortejo fúnebre y quienes estaban dentro del salón se aglomeraron en las escalinatas. El sonido de la bandera uruguaya a media asta castigada por el viento solo se vio superado por la fuerza de los aplausos que una vez que empezaron no terminaron más.

Las banderas del Partido Colorado se transformaron en pañuelos de ocasión para quienes no pudieron contener la emoción. El sonido de los aplausos se intensificó cuando el féretro atravesó la puerta del Palacio Legislativo.

La escolta bajó las escaleras con paso cuidadoso mientras se oían gritos de júbilo. "Viva la república", "viva la democracia", "viva la patria", "viva Batlle", gritaban sus seguidores, sin detener el aplauso. "¡Jorge, Jorge, Jorge!", alentaban después.

Desde la explanada del Palacio Legislativo un grupo de escolares miraban con sus teléfonos en las manos.

Con rapidez se formó una caravana que atravesó la Avenida de las Leyes y tomó Avenida del Libertador.

En unos de los autos iba Mercedes Menafra recibiendo el aplauso de quienes estaban en las paradas de los ómnibus y de los peatones que pasaban por ahí. Menafra, con la ventana baja, retribuía el saludo y de tanto en tanto gritaba: "¡Batlle vive!".

La sirena del exdiario El Día se impuso en el centro del Montevideo. Su impulso llegó hasta la casa del Partido Colorado donde una multitud esperaba a uno de los líderes históricos de esa colectividad para un último adiós en la calle Andrés Martínez Trueba.

Esa calle que tantas veces el expresidente caminó para ingresar en su segunda casa. Hubo uno, dos, tres "¡Viva!" y algunos intentaron entonar el himno nacional. "¡Viva Batlle!" y el cortejo, a pie, empezó camino al cementerio central.

Los últimos metros.

Miles de personas se ubicaron tras el cajón cubierto con el Pabellón Nacional. Escoltas motorizados abrieron paso. Un camión del Ejército, a paso de hombre, avanzaba por las calles del centro llevando atrás el féretro. Algunos dejaban claveles rojos, que identifican al viejo partido Colorado.

"Uruguay, Uruguay" cantaba los militantes, "tiranos temblad" se escuchó en el camino. Figuras de todos los partidos llegaron al cementerio. Estaba el expresidente Luis Lacalle Herrera, Edgardo Novick, los senadores del Frente Amplio, Marcos Carámbula y Rafael Michelini. La multitud se apilaba y el féretro con Jorge Batlle avanzaba hacia su destino final.

El exministro de Economía Alberto Bensión, Antonio Marchesano (Interior), Carlos Ramela que integró la Comisión para la Paz, se cruzaron saludos. Estaban los senadores colorados Pedro Bordaberry y José Amorín

"Factótum del salvataje", le dijo el intendente de Maldonado Enrique Antía a Alejandro Atchugarry el hombre que condujo la economía en el momento más bravo de la crisis del 2002.

Luis Hierro López, el compañero de fórmula de Batlle dio el discurso. La voz quebrada del exvicepresidente se interrumpía con aplausos.

"Batlle vivió y murió a su medida, vivió luchando por su partido y la libertad y murió luchando por su partido y su libertad", dijo Hierro. "Viva Jorge Batlle, Viva el Partido Colorado", gritó fuerte.

Una salva de cañonazos impactó en los oidos y tres aviones de la Fuerza Aérea cruzaron el cielo. La ceremonia terminó. Nadie se movía. Menafra se abrió paso entre la gente para salir. Todos querían abrazarla. "Fuerza Mercedes" se escuchaba. "Batlle no murió" decía la señora que acompañó al presidente en sus últimos años hasta que se le terminó la vida.

(Carolina Delisa, Martín Natalevich y Leonardo Luzzi).

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