Batlle porfía en ganar una carrera en donde la muerte es favorita

El expresidente siempre se ha valido de su suerte y de su empeño para sobrevivir en la política

Con una expectativa de vida general que llega a los 77 años, cualquier uruguayo podría considerarse un sobreviviente si alcanza los 88 años antes de que le llegue la muerte. Pero hay gente que pone un especial empeño en esa cuestión de aferrarse obstinadamente a sus objetivos incluso cuando la ciencia o el sentido común advierten que la pelea seguramente no tenga un final feliz.

Jorge Batlle es una de esas personas a las que, llegado el momento, solo su propia tozudez puede rescatar de la emergencia. En estas horas en las que la vida amenaza con escapársele de una vez por todas –y más allá del empeño médico- probablemente lo único que puede salvarlo de la muerte es su fortaleza física y su innegable condición de tipo porfiado.

Vea aquí el último parte médico.

Político hasta la médula, el hijo de Luis Batlle Berres se presentó cinco veces como candidato a la presidencia y recién la alcanzó en el año 2000 cuando ya tenía 72 años.

Lo había intentando dos veces antes de la llegada de los militares golpistas que lo encarcelaron y le metieron la cabeza en un tacho para hacerle confesar delitos nunca comprobados.

Estuvo proscripto en las internas de 1982, en 1984 fue electo senador, y en 1989 sintió que Julio Sanguinetti le "arrancó un brazo" cuando eligió respaldar la postulación de Enrique Tarigo.

Jorge Batlle

En esa campaña electoral se salvó por un pelo cuando el auto en que viajaba esquivó justo a tiempo el tronco de árbol que alguien tiró sobre la carretera.

Intentó otra vez en 1994 y, cuando muchos lo consideraban un cadáver político, renació en 1999 luego de impulsar una reforma constitucional casi hecha a su medida. Durante la campaña padeció algunos problemas cardíacos y viajó a Brasil para que le colocaran un stent.

Pero, por si alguien desconfiaba de su estado físico, recorrió el país sin darse un respiro y se zampaba milanesas en dos panes frente a los fotógrafos.

Jorge Batlle

Llegó a la presidencia, capeó la crisis de 2002, le entregó el poder a Tabaré Vázquez, se sacó la banda y siguió haciendo política.

En julio pasado le colocaron un implante percutáneo de válvula aórtica. "Con esto tiro otros veinte años más", dijo tras salir de la operación.

Y siguió haciendo política. En eso estaba cuando el jueves de madrugada se desmayó en Tacuarembó y el golpe en la cabeza le provocó un hematoma craneal de esos de los que casi nadie sale. Y menos una persona de 88 años. Batlle se encuentra internado en estado crítico. "En la vida de Jorge Batlle siempre hay que esperar sorpresas", dijo el expresidente Sanguinetti luego de visitarlo en el hospital.

Jorge Batlle

En tanto, desde China, el presidente Tabaré Vázquez consideró que la evolución de la salud del dirigente colorado "mucho va a depender de su fortaleza física, que la tiene".

En una carrera de caballos como las que a Batlle tanto le gustan, esta vez la muerte monta el animal favorito. Aferrado a su propia rienda, y contra todos los pronósticos, Batlle pelea por unos metros más de pista.


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