Berlín: por aquí pasó la historia

La ciudad sobrevivió dos guerras mundiales y se convirtió en el epicentro de la Guerra Fría, por lo que esta capital que se hizo a nuevo tiene mucho para contar
Historia a cada paso. Así se puede definir a Berlín, la capital de Alemania, que no solo sobrevivió dos guerras mundiales sino que también se convirtió en el epicentro de la Guerra Fría. En sus calles está la explicación de sucesos que tienen relevancia hasta el día de hoy –como la turbulenta relación entre Estados Unidos y Rusia o la creación de las Naciones Unidas–, pero la ciudad más importante de la primera potencia europea logró renacer de las cenizas y se hizo a nuevo.

De todos modos, Berlín pide perdón todo el tiempo. Los memoriales son un permanente recuerdo del rol que cumplió la ciudad durante la Segunda Guerra Mundial, en especial porque allí estaba la cancillería de Adolf Hitler. De hecho, el monumento al holocausto judío cerca de la puerta de Brandemburgo es uno de los lugares más emblemáticos. Este memorial representa un cementerio y los bloques de hormigón con diferentes alturas muestran el desconcierto que sentían los judíos cuando llegaban a un campo de concentración. El monumento desde arriba es perfectamente cuadrado y simboliza la detallada planificación de los nazis.

Cerca del memorial está el Tiergarten, el parque más grande de Berlín. Vale la pena recorrerlo y perderse en sus caminos internos. En verano se pueden alquilar bicicletas e incluso se puede andar en barquitos por el Landwehrkanal, un canal que sale del río Spree.

Más historia

Un sí o sí de Berlín es la cúpula del Reichstag. En este edificio se reúne el Parlamento alemán y si bien tiene una apariencia muy antigua, fue incendiado en 1933 (no se tiene certeza de quién fue, pero se presume que está vinculado a Hitler) y tuvo que reconstruirse del todo en la década de 1990. Fue ahí cuando se creó la cúpula, un mirador de vidrio que tiene vista a toda la ciudad. No hay que pagar para entrar y se puede reservar por internet, por lo que no hay excusas para perdérsela.

La Alemania dividida

Esta ciudad también fue testigo del conflicto entre Estados Unidos y la URSS y eso se puede ver hasta en los semáforos. El Amplemann es un ícono característico, ya que este hombrecito con sombrero se encuentra en la mayoría de las luces del Berlín oriental. Por lo tanto, si ve un semáforo con esta figura en el centro, tenga claro que esa esquina perteneció hasta 1989 a la República Democrática Alemana.

No deje de recorrer la East Side Gallery. Estos 1.316 metros del muro de Berlín no fueron destruidos para crear una galería de arte. En ella se encuentran obras muy famosas, como el Bruderkuss, un mural que satiriza el beso entre entre Leonid Brézhnev y Erich Honecker en 1979. De todos modos, cuando camine por Berlín también mire hacia el piso, porque podrá ver dos líneas de ladrillos que muestran por dónde pasaba el muro.

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Berlín también se caracteriza por ser una ciudad de jóvenes con mucha movida nocturna. Un barrio adonde puede salir a tomar algo es Friedrichshain, una zona bohemia que tiene un bar al lado del otro. La cerveza típica es la Becks, pero esa marca está en Uruguay, por lo que anímese a probar una de las tantas variedades locales que solo en ese país encontrará.

Las claves

Sachsenhausen

Este campo de concentración queda en las afueras de Berlín. Se puede ir en subte desde la estación de la puerta de Brandemburgo. Resérvese todo el día para este paseo, porque le llevará unas cuantas horas.

Checkpoint Charlie

Fue el más famoso de los pasos fronterizos del muro de Berlín. Este lugar fue testigo de varias huídas de Berlín Este, como la muerte de Peter Fechter, que se desangró en 1962 frente a los habitantes de Berlín Oeste.

Isla de los museos

Aquí está el Museo de Pérgamo, en donde se encuentra el altar de Pérgamo. Sin embargo, hasta 2020 estará cerrado por remodelaciones, así que no pierda el tiempo en ir para conocerlo.

Matrix

Es la discoteca más famosa de Berlín. Fue construida en una fábrica abandonada y tiene varios pisos. En cada nivel pasan música diferente, aunque el boliche se caracteriza por las fiestas de electrónica. La entrada sale 12 euros.

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