Billetera mata galán: empresarios sin experiencia política ganan terreno

Donald Trump o Sebastián Piñeira son algunos ejemplos
Llegan de un mundo diferente y se hacen espacio en un lugar que nunca antes habían pisado. Los llaman "outsiders" y la clase política, en general, los mira con recelo y temor. Los fustiga por entender que son volátiles y que no tienen ejes programáticos definidos o pilares ideológicos que los constituyan en opciones seguras para la vida institucional del país.

Ellos llegan con su carpeta empresarial y con un discurso de gestión, unión y cambio. Eran conocidos y reconocidos públicamente por razones muy diferentes. Dicen que son una alternativa para un establishment político decadente que está tan ocupado en las marañas del poder como para escuchar a la gente. Se autoproclaman como la solución para las necesidades del pueblo.

Muchos de ellos amasan una fortuna que exhiben como parte de éxito profesional. Y aseguran que esa fortuna personal es promesa de un gobierno desinteresado y honesto. Algunos tienen algo de experiencia en cargos de gestión pública, pero rara vez han competido por cargos electivos y en general tienen muy poco roce político. Dicen que su experiencia al frente de grandes empresas es un antecedente ineludible para considerar su capacidad de manejar un país. Sus críticos enfatizan que un Estado no es lo mismo que una empresa y que la política requiere de otras variables aparte de cuentas que cierren a fin de mes.

Son hombres de negocios, figuras que han estado en las sombras del poder político pero que nunca antes se habían animado a probar su sabor de manera directa. Hasta que un día aparecen como candidatos, crean estructuras nuevas o utilizan existentes, articulan un discurso que quiebra el statu quo, ganan adeptos de manera silenciosa y hasta llegan a estar en lo más alto de la política de un país (o del mundo).

El último ejemplo, el más reciente y avasallante, es el de Donald Trump. Un magnate estadounidense que antes ser electo como presidente de la potencia mundial lo intentó varias veces. Pero Trump no es el primero. En la lista aparecen otros que poco tenían que ver con la política.

Todos ellos responden a la pregunta de "¿por qué quiere ser presidente?" de manera muy similar.
Cuando Trump se unió a la lista de republicanos que aspiraban a llegar al Salón Oval, presentó sus credenciales como un empresario solvente que podía transformar a Estados Unidos en una potencia tan rica como su propio imperio. "Vamos a hacer nuestro país grande de nuevo", repitió hasta el cansancio con la idea de recuperar "el sueño americano".

La idea de volver a un lugar de gloria con un cambio que le dé "felicidad" al pueblo estuvo presente en los discursos de campaña de Mauricio Macri, otro "outsider" que fue escalando desde la presidencia de un club de fútbol, pasando por la jefatura del gobierno porteño hacia la presidencia del país. Macri encarnó la posibilidad del cambio respecto a un orden que había cansado a la población.

El expresidente chileno Sebastián Piñeira también venía del mundo empresarial y no tenía ninguna experiencia en el gobierno. "¿Por qué quiere ser presidente?", le consultaron en un debate y contestó: "Para generar un cambio y traer unidad. Hacer las cosas bien y de forma honesta".

El paraguayo Horacio Cartes, que no era un orgánico del Partido Colorado cuando irrumpió en política, dijo que quería ser presidente para traerle transparencia a la casa de gobierno. "Quiero ser el presidente más honesto porque ya se robó mucho en este país", dijo el actual mandatario.

La lista de "outsiders" es más grande: Ricardo Martinelli en Panamá, Patrice Talon en Benín, Michael Bloomberg, que fue gobernador en Nueva York, el actor Arnold Schwarzenegger, quien fue gobernador de California y el empresario Ross Perot, quien se presentó a la presidencia de EEUU de manera independiente en dos ocasiones durante los años 1990, entre otros.

Uruguay no es ajeno a este fenómeno. Edgardo Novick apareció como una nueva opción política con un énfasis absoluto en el tema de "la gestión". "La gente pide que nos unamos". "La gente pide un cambio", repite Novick como un mantra que tiene vida segura hasta el 2019. Frases que en Argentina, Chile, Paraguay y EEUU, por lo menos, ya dieron sus frutos. Novick fue candidato a la Intendencia de Montevideo por el Partido de la Concertación y acaba de lanzar su propio sector, el Partido de la Gente, para postularse en 2019.

Trump: explicaciones y efectos

El expresidente Julio María Sanguinetti dijo que el triunfo electoral de Donald Trump muestra que en EEUU la sociedad está "muy desasosegada" y "muy en contra de Washington, en términos generales".

"Estados Unidos cada vez quiere menos a Washington; para ellos Washington es la imagen de la serie House of Cards, el lugar de políticos cínicos, trepadores, que si hay que tirar a un periodista debajo de un ferrocarril lo tiran. Esa imagen es horrible y Hillary representaba eso", señaló el dirigente colorado. "Y Trump, representa lo otro", agregó, la semana pasada, al ser entrevistado en radio Sarandí.

Sanguinetti destacó que el mundo vive momentos de "miedo", "prejuicios y resentimientos", que "las sociedades tradicionales se sienten invadidas" por la inmigración, además del terrorismo y los cambios tecnológicos, "que sacuden el empleo y genera sociedades desasosegadas". Todo eso, agregó, es "caldo de cultivo muy fácil para propuestas demagógicas, tormentosas, relaciones xenófobas", dijo en relación con los dichos de campaña de Trump. "Lo que más me ha preocupado de todo este proceso no es el señor Trump, porque siempre propuestas extravagantes y candidatos extravagantes hubo en todas las elecciones, en todos los tiempos", dijo Sanguinetti en la entrevista radial. "El tema es que medio Estados Unidos estuviera en esa actitud y no fueran sensibles a expresiones hirientes, que a cualquier persona, en cualquier momento en una campaña le hubieran hecho daño. Y sin embargo, no fue así", agregó.

Al ser interrogado sobre si veía algún paralelismo con la política uruguaya, lo descartó. "Estamos muy lejos de todo eso", dijo."Hay gente que ha hecho el chiste en la radio, que festeja el señor (Edgardo) Novick. No pasa de los terrenos humorísticos", sostuvo. Sobre la comparación con Silvio Berlusconi, consideró que Italia y EEUU son "países muy distintos" y que mientras el italiano "siempre estuvo en la política", Trump es "un constructor de edificios de lujo de bastante dudoso gusto, por lo menos para mi punto de vista".

En América Latina tradicionalmente los presidentes han sido caudillos o abogados que respondonden a estructuras partidarias. Hay analistas que hablan de un "cansancio" popular respecto a ese modelo que lleva a que tecnócratas aparezcan como una solución.

Las críticas a Novick

Edgardo Novick, quien tiene dos diputados y un senador que responden a él sin haber participado de la elección nacional, logró dos cosas en los últimos meses: fundar una nueva estructura partidaria y ganarse la desaprobación del resto de los partidos políticos. De izquierda a derecha, el flamante líder del Partido de la Gente ya tiene opositores políticos que atacan su condición de outsider.

"Hay un dicho que dice que en Uruguay todo llega mas tarde. Aquí el fenómeno Berlusconi llega a la política uruguaya", escribió el diputado del Movimiento de Participación Popular, Daniel Caggiani, sobre el nacimiento del Partido de la Gente. "Desconfíen de un político que esquiva definición ideológica diciendo que es de izquierda y derecha. Si, no y todo lo contrario; todo sirve", escribió el senador del Partido Independiente, Pablo Mieres.


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