Billie Holiday: cosecha amarga

Billie Holiday no lo sabía. Aunque a los 23 años era una mujer curtida, dominadora de la escena del jazz neoyorquina y respetada por su temperamento, no podía saber que cantar Strange Fruit esa noche de marzo de 1939 cambiaría el rumbo de la historia de la música estadounidense.

Por Javier Lyonnet

El club nocturno en el que Billie Holiday era la cantante residente se llamaba Café Society y tenía el mejor eslogan posible: "The wrong place for the right people" (el lugar equivocado para la gente correcta). En una época de segregación racial explícita, Café Society era el único boliche verdaderamente "integrado" en Nueva York. Eran tiempos de swing, en los que la escena mayoritaria de jazz estaba claramente posicionada como entretenimiento —música para bailar— sin compromiso ni demasiadas intenciones de trascendencia. Diversión y distensión.

Billie Holiday se había hecho conocida como cantante de la Orquesta de Count Basie y posteriormente fue contratada por el clarinetista Artie Shaw para integrarse a su big band, la más reconocida de la época. Fue una de las primeras mujeres negras en cantar con una banda de músicos todos blancos. Detalles que no pasaban inadvertidos en una sociedad segregacionista.

Originaria de Filadelfia y radicada en Nueva York desde la adolescencia –ciudades de la más tolerante costa este—, Billie Holiday no había sido objeto cotidiano de los gestos más despreciables de la discriminación, hasta que inició los viajes al sur con Artie Shaw. En los restaurantes no le servían, en los hoteles la hacían entrar por la puerta de servicio y en ocasiones debía soportar los peores insultos.

El propio Shaw era presionado por haber incorporado a una figura considerada polémica, ya que no se remitía a las interpretaciones clásicas de las canciones. "Usaba su voz con la libertad y flexibilidad de un virtuoso de cualquier instrumento, dándole nuevas formas a las melodías de las canciones populares para ajustarlas a su gusto (y limitado registro)", según opiniones de la época. Algo que suena muy bien, pero no era bien visto por el público conservador que quería bailar al ritmo de los hits del momento.

¿Entretenimiento?

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Para 1939 había dejado a Artie Shaw y se había establecido en Nueva York, en Café Society, conocido por su ambiente liberal, su propuesta vanguardista y el buen trato que dispensaba a los artistas y espectadores negros. Como era habitual, hacía tres entradas por noche.

Una particular descripción de la velada del estreno de Strange Fruit fue escrita por el periodista Dorian Lynskey en el libro 33 Revoluciones por minuto: una historia de las canciones de protesta. "Y de pronto sucede. Las luces se apagan, dejando a Holiday iluminada por el intenso haz de luz blanca de un único foco. Comienza su número final. 'De los árboles del sur cuelga una fruta extraña'. Esto, pensás, no es el habitual repertorio sentimental. 'Sangre en las hojas, y sangre en la raíz'. ¿Qué es esto? 'Cuerpos negros balanceándose en la brisa sureña'. ¿Linchamiento? ¿Es una canción sobre linchamientos? La charla en las mesas se apaga. Cada ojo en la sala está sobre la cantante, cada oído en la canción. Tras la última palabra —un largo aullido, abruptamente mutilado— el local se oscurece. Cuando las luces se encienden, ella desapareció. ¿Aplaudís, sorprendido por el coraje y la intensidad de la actuación, sacudido por la siniestra poesía de la letra, sintiendo a la historia moverse por la habitación? ¿O te retorcés incómodamente en el asiento, estremecido por las extrañas vibraciones en el aire? Y pensás: ¿esto es entretenimiento?" Esta, dice el autor, "es la pregunta que latirá desde entonces en el corazón de la controvertida relación entre política y música popular. Y es esta la primera vez que esa pregunta es formulada".

El jazz del bajo mundo

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Eleanora Fagan nació el 7 de abril de 1915 en Filadelfia. Hija de Sarah Harris, una empleada doméstica soltera de 13 años, pasó buena parte de su infancia a cargo de familiares y amigos de su madre, quien viajaba con las familias a las que servía. Dejó la escuela a los 11 años, la misma edad en la que sufrió abusos por parte de un vecino. Conoció el jazz, en particular la música de Louis Armstrong, en los prostíbulos de Baltimore y Harlem. Su madre le dijo que su padre era Clarence Holiday, un guitarrista de jazz. Todo cerraba. A los 14 cantaba por propinas en los bares de Harlem: adoptó el apellido de su padre y se hacía llamar Billie por Billie Dove, su actriz de cine favorita.

A falta de una educación musical formal, tenía una habilidad innata para el ritmo y la melodía. Un particular estilo y la intensidad interpretativa se conjugaron en una de las voces más influyentes del jazz en los años de 1930 y 1940. Su historia de vida la hizo tan famosa como su talento artístico: víctima de abuso y racismo, aficionada a las drogas y el alcohol, explotada por sus parejas, voluble a los atractivos de mujeres y hombres por igual. Estuvo presa, fue proscripta como artista y murió prematuramente, a los 44 años, deteriorada por sus hábitos tóxicos y agotada por la persecución policial y del FBI.

El autor: judío, blanco y comunista

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La interpretación que Billie Holiday hizo de Strange Fruit no fue, en rigor, el estreno de la canción. Su autor era un profesor comunista y blanco de origen judío, Abel Meeropol, un militante letrado, compositor y músico, que firmaba como Lewis Allan.

Strange Fruit fue un poema, luego musicalizado, que Meeropol escribió para denunciar el horror de los linchamientos. Si bien el ahorcamiento sumario de negros no era ya tan frecuente en los años de 1930, tampoco era una práctica en desuso. La fuente de inspiración del compositor fue una famosa fotografía de Lawrence Beitler tomada en Indiana en 1930, en la que una multitud de hombres y mujeres rodean los cuerpos de Thomas Shipp y Abram Smith, colgados de un álamo.

Ya en su forma definitiva, la canción formó parte de actos de protesta en Nueva York, pero no obtuvo una repercusión masiva hasta llegar a la voz de Billie Holiday. Y ella se adueñó del tema de tal manera que Meeropol pasó el resto de su vida aclarando que él era el autor. Ha sido más conocido por adoptar a los hijos de Ethel y Julius Rosenberg, comunistas acusados de espionaje nuclear y ejecutados en la silla eléctrica, que por la autoría de la canción.

Ahora escúchenme

Strange Fruit llegó a Billie Holiday por intermedio de Barney Josephson, el dueño de Café Society, y Robert Gordon, quien dirigía su espectáculo en el club. Aunque la cantante tenía miedo a las represalias que podía representar cantar una canción tan inusualmente fuerte, se animó a hacerlo. Ante el impacto generado, Josephson armó toda una puesta en escena: Strange Fruit cerraría el show, sin bises; los mozos dejarían de circular cuando estuviera por empezar y el local quedaría a oscuras, a excepción del foco sobre el rostro de la cantante.

El sello Columbia, donde Holiday grababa regularmente, se negó a editar la canción. Temía reacciones negativas en las radios y las disquerías. Autorizó a la cantante a una sesión de estudio para el sello independiente Commodore y la artista grabó con la banda estable de Café Society la que sería una de sus canciones más emblemáticas y también más exitosas comercialmente.

Una de las reseñas que mejor describió a la canción y su impacto fue la de Samuel Grafton, en The New York Post, quien escribió que Strange Fruit en la voz de Billie Holiday era "una pieza artística fantásticamente perfecta, que invierte la relación habitual entre la artista negra y su público blanco: 'hasta ahora los entretuve', parece decir, 'ahora escúchenme'. Si la ira de los explotados llega a crecer lo suficiente en el sur, ahora tiene su Marsellesa".

Strange Fruit

De los árboles del sur cuelga una fruta extraña.

Sangre en las hojas, y sangre en la raíz.

Cuerpos negros balanceándose en la brisa sureña.

Extraña fruta cuelga de los álamos.

Escena pastoral del valiente sur.

Los ojos saltones y la boca retorcida.

Aroma de las magnolias, dulce y fresco.

Y el repentino olor a carne quemada.

Aquí está la fruta para que la arranquen los cuervos.

Para que la lluvia la tome, para que el viento la aspire, para que el sol la pudra, para que los árboles la dejen caer.

Esta es una extraña y amarga cosecha.