Blanqueo de capitales, la "bala de plata" del gobierno de Macri

Complicado en el frente fiscal, Argentina se juega a conseguir US$ 30.000 millones

La pregunta del millón en la economía argentina es cuánto dinero ingresará finalmente por el publicitado blanqueo de capitales y moratoria impositiva. Algunos se animan a hablar de US$ 30.000 millones, otros de cifras aun más altas.

El número impresiona: equivale, por ejemplo, a la cifra de endeudamiento externo acumulado del año, tras la "liberación" que supuso el acuerdo con los llamados "fondos buitres". El dato basta de por sí para entender la obsesión del gobierno de Mauricio Macri por el tema: del éxito del blanqueo dependerá en gran medida la continuidad del plan económico.

Naturalmente, nadie sabe la cifra exacta, pero se da por descontado que este intento será mucho más exitoso que otros anteriores. Para lo cual no se necesita mucho, claro está. Durante el kirchnerismo hubo dos convocatorias, una en 2008, que logró el ingreso de US$ 4.000 millones y otro en 2013, que no llegó ni a la mitad de esa cifra. Este último resultó un fiasco porque había sido anunciado con gran pompa e intentaba hacer circular masivamente una especie de segunda moneda convertible, al estilo del CUC cubano.

Con estos antecedentes, ¿por qué tanto entusiasmo sobre una entrada fuerte de dólares? Ocurre que hay algunos factores que juegan a favor del éxito para la iniciativa pergeñada por el ministro Alfonso Prat Gay. Y no se trata, por cierto, por la promesa del gobierno de que "esta vez sí", será el último: ese ha sido el lema de cada blanqueo, y todos saben que periódicamente el tema vuelve.

En cambio, es un detalle importante el hecho de que para blanquear no sea imprescindible traer la plata al país. Un argentino puede exteriorizar cuántos dólares tiene depositados en Uruguay, por ejemplo, y mantenerlos en su cuenta del Banco República. La consecuencia de esta "exteriorización" es que tiene que pagar el monto que corresponda e incorporarlo al patrimonio para la declaración de bienes personales, pero sin tener que mover los ahorros.

No es un detalle menor: a fin de cuentas, lo que motivó la fuga de capitales en gran parte de los casos no fue el ansia de obtener rentabilidad fuera del país, ni siquiera el afán de evasión impositiva. Más bien, para los pequeños ahorristas, la consigna es evadir el riesgo de confiscación, algo muy presente para quienes tienen el recuerdo traumático del corralito de 2001 y otros canjes compulsivos.

Y, naturalmente, está el aliciente mayor para el éxito de este nuevo blanqueo: la próxima vigencia de los acuerdos internacionales por los cuales los países intercambiarán información de cuentas bancarias y propiedades a nombre de extranjeros.

Con más de US$ 300.000 millones fuera del sistema –y buena parte de eso fuera del país–, Argentina es uno de los países que ha hecho un culto de ocultar su patrimonio. El monto que está ahorrado en "colchones", cajas de seguridad y cuentas del exterior se acerca al del PIB del país, y es uno de los mayores en términos per cápita del mundo.

De manera que si hay algo que no falta para un blanqueo es materia prima. Basta con que un porcentaje relativamente menor de toda esa masa de recursos sea blanqueada como para que el plan oficial sea exitoso.

Lo que resta ver es si está el resto de los ingredientes: esa combinación de miedo a quedar expuesto, sensación de oportunidad para blanquear barato y, también, la confianza de que no habrá un intento de confiscación.

Interés masivo

Recién comenzó el período habilitado para las solicitudes de blanquear capital. Todavía no hay gente haciendo fila para entrar, pero al gobierno no le preocupa. Se presume que, como es habitual, el grueso recién se inscribirá sobre el cierre, en marzo de 2017.

Por lo pronto, los estudios de contadores refieren que los teléfonos no paran de sonar. Hay una ola de consultas, lo cual lleva a los asesores tributarios más veteranos a pronosticar un éxito. En casi todos los casos, las recomendaciones apuntan a que hay que adherir al régimen.

La mayoría de las consultas corresponden a empresas e individuos con patrimonio superior al medio millón de dólares, que no tiene forma física de hacer regresar el dinero al país y ahora está viendo la oportunidad.

Menos numeroso es el segmento de los pequeños ahorristas, el típico asalariado de clase media que fugó masivamente a partir de 2012, cuando Cristina Kirchner instauró el "cepo" cambiario.

Para esta gente, el atractivo es que, cuando el monto a blanquear es inferior a US$ 20 mil, no hay costo. Pero a partir de allí y hasta US$ 50 mil se paga 5%. Y por encima de esa cifra, 10%. Los expertos creen que es un monto demasiado alto para un pequeño ahorrista y que por eso, en los niveles bajos, no habrá tanta predisposición para adherir.

En realidad, sí hay una forma de eludir el pago, pero implica que sí o sí hay que ingresar el dinero al país y cambiarlo por bonos, que no parecen muy atractivos: no tendrán mercado secundario y es necesario quedárselos "a finish" por siete años. En un país volátil económica y políticamente, es un plazo demasiado largo.

En cambio, para patrimonios más grandes, tanto de individuos como empresas, puede haber atractivos en el nuevo régimen. Un síntoma de ello es la ola de pedidos de tasación, como informó El Observador, por parte de argentinos que poseen campos o inmuebles urbanos en Uruguay.

Mientras tanto, el gobierno argentino intenta persuadir sobre las bondades del blanqueo por todas las vías. Por un lado, exhibe el "dulce" del ahorro por todo lo que no se pagó al fisco en los últimos años, así como el "tapón" para que no se investigue hacia atrás.

Pero, también, es muy explícito en la amenaza de que si a uno lo descubren una vez que el blanqueo pasó, entonces se arriesga a la pérdida del 50% del capital.

Una apuesta fuerte para obtener fondos frescos

Para el gobierno, es una carta fuerte. Resignado a que la baja en el déficit fiscal deberá ser necesariamente gradual y menor a la que originalmente había pensado, este blanqueo es la oportunidad ideal para conseguir dinero con el cual financiar el gasto público. Esto se hace más relevante aun en un momento en el cual la recaudación impositiva está cayendo en términos reales –crece 23%, frente a una inflación de casi 40%–.

En plena fase "keynesiana", Macri necesita reactivar el plan de obras públicas y, además, financiar la "reparación histórica" a los más de 300 mil jubilados en litigio contra el Estado. Esto tendrá un costo inmediato de US$ 20.000 millones, y para adelante elevará el "peso" del sistema jubilatorio a 13 puntos del PIB, un récord mundial. No por casualidad, este pago a los jubilados fue anunciado en conjunto con el blanqueo y formaron parte de un mismo proyecto de ley: se espera que sea el ingreso de capitales el que corra con buena parte de la financiación.

Y, además, claro, el blanqueo aportará dólares. Un tema que hoy puede parecer no tan urgente, porque el tipo de cambio está calmo y porque se reabrió la ventanilla del crédito externo. Pero todos saben que pedir dinero en el exterior tiene un límite, y que además la tasa que paga Argentina sigue siendo cara respecto de lo que pagan los países vecinos.
En definitiva, el blanqueo no es una medida más para el gobierno de Macri. Es la gran apuesta. Y muchos la califican como "la bala de plata".



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