Bodegas le buscan la vuelta con turismo y exportación

En cinco años, se registró una caída del 14% en la producción de vino
A pesar del creciente interés que genera el vino, y el gusto más sofisticado de los consumidores uruguayos, las ventas de esta bebida no han parado de caer. Según datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura (Inavi) mientras que en 2010, se elaboraban casi 77 millones de litros de vino, en 2015 se produjeron casi 66 millones de litros, lo que representa una caída del 14% en la producción en cinco años.

Para el presidente del Instituto Nacional de Vitivinicultura (Inavi), José Lez, esta caída responde a "un cambio cultural y generacional muy fuerte". "Los jóvenes eligen otras bebidas alcohólicas" y "el vino no forma parte de la previa", explicó Lez.

Según datos de Euromonitor, basados en las grandes superficies y sin contar restaurantes y boliches, entre 2010 y 2015 las ventas en volumen de ron crecieron 84%, las de cerveza 14%, vodka 45%, bebidas basadas en hierbas –como el Fernet, Campari y Jägermeister– crecieron 164%, mientras que el vino y el whisky se redujeron 11% y 10%, respectivamente.

El otro factor que, según el presidente del Inavi, explica la caída en la venta es, paradójicamente, el mayor conocimiento sobre el vino por parte de los uruguayos, que viene acompañado de un consumo en menores cantidades, pero con mayor calidad. Los datos de Inavi son elocuentes en este sentido: si en 2010 la venta de vino en presentaciones de 10 litros representaba el 56% de toda la producción de ese año (casi 74 millones de litros), en 2015 pasó a representar casi 37% del vino elaborado (65 millones de litros).

En contrapartida, crecieron las presentaciones en Tetra Pak –que pasaron de ser casi el 16% de la producción a 30% en 2015– y los vinos finos –que crecieron desde el 5% a poco más del 6% en el mismo período–.

Pero, lejos de detenerse, la caída se agudiza: según el presidente del Inavi, José Lez, en lo que va del año, la venta de vino se redujo 8%, esta vez impulsada por la regulación de alcohol cero en conductores.

En este escenario, las empresas vitivinícolas ponen sus esperanzas en la exportación, el turismo enológico y hasta los desarrollos inmobiliarios.

El desafío de vender Uruguay

En marzo de este año, el empresario argentino Alejandro Bulgheroni inauguró en Maldonado Bodega Garzón, una inversión de más de US$ 80 millones cuyo foco está puesto en la exportación. Sin embargo, el director ejecutivo del proyecto, Christian Wylie, admite que "es muy difícil" vender a Uruguay como productor de vinos de calidad. "Cuando presentamos nuestros productos en el exterior primero hacemos que lo prueben, luego les mostramos el envase y les decimos que el precio es conveniente; recién después de todo eso contamos que el origen es Uruguay, y entonces les mostramos un mapa en el que se ve que estamos en la misma región que Mendoza y que Chile", apuntó el directivo de origen chileno.

Actualmente, dos tercios de las casi 1,5 millones de botellas de vinos fijos que produce Bodega Garzón se exportan a más de 20 países, con Brasil y Estados Unidos como principales mercados.
Según Wylie, el principal desafío es informar sobre Uruguay, porque "poco se conoce" sobre el país en Norteamérica y Europa y sobre el tannat, la uva nacional de Uruguay, y de origen francés.

Unas 35 bodegas exportan a 40 mercados del mundo, según datos de Inavi.

A pesar de esto, según datos de Inavi, se exportaron en 2015 cerca de 3 millones de litros de vino, y se estima que en 2016 haya un crecimiento de 25% respecto al año anterior. Para Lez, los vinos uruguayos "son reconocidos en todo el mundo", e hizo hincapié en la necesidad de continuar desarrollando los mercados de Brasil y Estados Unidos.

El turista como embajador
Además de la presentación del potencial vitivinícola de Uruguay en ferias internacionales, el sector privado apuesta a que los turistas sean embajadores de sus marcas en sus países de origen.
Conocer la viña de cerca, probar los vinos que allí se producen, y acompañarlos con una propuesta gastronómica a la altura. Para el presidente de la Asociación de Turismo Enológico del Uruguay –también conocida como Los Caminos del Vino–, Francisco Pizzorno, esta forma de turismo tiene dos objetivos: "Fidelizar a los clientes", darse a conocer con los extranjeros que después piden el vino en sus países, y ser una unidad de negocio en sí misma que le aporte un ingreso extra a la bodega. "Por mucho tiempo las bodegas recibieron turismo pero sin buscar hacer dinero con eso. Ahora vendemos la experiencia", comentó.

Pizzorno, además, es la cuarta generación de la bodega que lleva su apellido, y en la que la exportación representa el 60% de su facturación. La bodega empezó como muchas otras produciendo vinos de mesa; a partir de la década del 90 se volcó a los vinos finos, y con ello a la exportación, y desde hace tres años trabaja el enoturismo.
Bodega Garzón cuenta con un restaurante dirigido por el reconocido chef argentino, Francis Mallmann. El menú de tres pasos, con vinos de Garzón incluidos, cuesta US$ 70.

Este año inauguraron una sala para recibir visitas y en los próximos meses esperan abrir un restaurante que tenga al vino como centro de la propuesta.

Gastronomía y vino

La pasada semana Establecimiento Juanicó inauguró un restaurante en su bodega (ruta 5 kilómetro 38) , a cargo del chef Alejandro Romero, con el que esta tradicional familia vitícola busca atraer a empresas de la zona y completar la propuesta de turismo enológico con la que recibe cada fin de semana a entusiastas del vino de Uruguay, Brasil y otras partes del mundo.

Juanicó
Establecimiento Juanicó inauguró el martes 27 de setiembre su restaurante a cargo del chef Alejandro Romero
Establecimiento Juanicó inauguró el martes 27 de setiembre su restaurante a cargo del chef Alejandro Romero

Según explicó el coordinador de dirección de la bodega, Santiago Deicas, si bien el emprendimiento ya tenía una oferta gastronómica para quienes visitaban la bodega, no funcionaba como un restaurante sino bajo reserva.

La propuesta de turismo enológico de la bodega "no es un negocio en sí mismo", sino un potenciador de la marca.

"Cuando vas a una bodega y vivís una experiencia que disfrutás, después te convertís en embajador de ese vino. Genera personas que son mas afines a la marca", concluyó.

Otra bodega que cuenta con un restaurante abierto al público es Bouza (Camino de la Redención 7658 bis). Para esta empresa, con 60% de la facturación originado en el mercado local, contar con una propuesta gastronómica y turística ayudará a que aquellos que llegan, fundamentalmente de Brasil a lo largo del año, y de Estados Unidos, Canadá y Europa durante la temporada de cruceros, tengan una "mayor recordación de marca".

Más que botellas

Para algunas bodegas, el negocio del vino recién empieza con la venta de botellas. Tal es el caso de El Legado, una bodega boutique que elabora apenas 4.500 botellas al año, y para la que el turismo representa el 50% de la facturación.

"La bodega está diseñada para atender gente", destacó el responsable del emprendimiento, Bernardo Marzuca. El próximo año este emprendimiento sumará una oferta de posada con dos habitaciones.
Esta bodega aparece en TripAdvisor como el lugar número uno de actividades para realizar en Carmelo, Colonia, una ciudad que en los últimos años se consolidó como destino del turismo enológico.

También en Carmelo, Campotinto –una bodega de vinos premium que produce unas 15 mil botellas al año, y cuyos precios parten de los $ 550–, apuesta al turismo, y le suma un emprendimiento inmobiliario. La bodega posee una posada, un restaurante y el barrio privado La Concordia.
Al ser consultado sobre cuál es la unidad de negocio más importante, el propietario del emprendimiento, Diego Vigano, comentó: "Todo va de la mano, porque la bodega es el corazón del mundo vitivinícola, la posada y el restaurante son una forma de vivir lo que la bodega produce y el negocio inmobiliario te da la posibilidad de pertenecer".

Este barrio consta de 33 lotes (40% de los cuales ya están vendidos) cuyo principal atractivo, según Vigano, es la oportunidad de vivir entre viñas y recibir un vino personalizado, producido por la bodega Campotinto.

En tanto, en Canelones, la bodega Casa Grande (Interbalnearia km 23,9, camino de los Horneros) ofrece, además de vinos finos, talleres de cocina, almuerzos y cenas para grupos de entre 15 y 50 personas, y jabones de tannat. "Buscábamos un subproducto del vino más allá de los obvios, como el vinagre, y nos dimos cuenta de que muchas cremas y productos de belleza utilizan uva", contó a Café & Negocios la directora del emprendimiento, Florencia de Maio.

Estos jabones pueden adquirirse en Iberpark, vinerías y en la tienda de productos locales que está dentro del hotel Hyatt Centric de Montevideo.

Bodegas acusan impacto del alcohol cero

Lucía Favretto, presidenta de la Organización Nacional de Vinicultores, comentó a El Observador que a la caída en las ventas que ya registraba la industria, se sumó la ley de tolerancia cero para los conductores, que impactó sobre todo en las ventas de vino en los restaurantes.

La directiva destacó que la ley impactó tan negativamente que la organización que preside se está asesorando legalmente, dado que, se entiende, en algunos aspectos se puede estar frente a una regulación inconstitucional. Por su parte, en Bodega Bouza, se indicó que se nota una caída en la venta de vino en el restaurante como producto de esta ley.

Por su parte, el director de Campotinto, Diego Vigano, dijo que promoverán que las personas que alquilen un auto en Colonia para llegar a su bodega reciban una botella gratis para el conductor. Obras bodegas dijeron a Café & Negocios que estudian incluir el servicio de transporte en el costo de la visita, ya que se busca que quienes lleguen puedan probar la bebida. Sin embargo, indicaron que la mayoría de sus visitantes llegan en un transporte contratado en grupos de hasta 15 personas.

Un barrio para vivir entre viñedos

El creciente interés en el vino, generó el ambiente para que las bodegas entren en el negocio inmobiliario. Tal es el caso de Viravento (Colonia Estrella, Colonia), un desarrollo de Familia Irurtia, que cuenta con 54 parcelas inmersas en un cultivo de uva de más de 30 años de antigüedad de las variedades blancas (Semillón, Ugny Blanc o Sauvignon Blanc) con los que esta tradicional familia de la vitivinicultura producía cognac. Según indicó el director de la bodega, Marcelo Irurtia, ya se encuentran reservados el 10% de los terrenos.



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