Bola negra de cristal

Ya sé lo que necesito: una aplicación que permita conocer el futuro de un lugar con solo sacarle una foto con el celular
Debe ser el calor. Mis neuronas se hacen más flexibles y cortan caminos con más alegría. Imagino una extensión de la realidad aumentada, que no solo provea información sobre el pasado del lugar que señala sino que pase la frontera del presente y muestre lo que sucederá.

La imagino como una versión premium de realidad aumentada, que empieza a ser tendencia, aunque el sentido común indique que es una estafa. Ya preveo la prohibición inmediata y las versiones filtradas en la red por los future hackers o cazadores de futuro, que revelan al mundo las verdades que vendrán.

Entonces empiezan a aparecer las noticias de mediados y fines del siglo XXI, pero pronto resulta que son tan contradictorias como las predicciones previas a la bola negra de cristal. Los poderosos, defensores de oscuros intereses, empiezan a divulgar sus propias versiones de futuro, supuestamente hackeadas. Se mezclan las noticias falsas y verdaderas tal como se mezclan en este principio de siglo, y no es posible discriminar.

De esta manera se habría encontrado una manera de conocer lo que sucederá y sin embargo no servirá a ningun propósito útil. La realidad futura se discutirá de la misma manera que la realidad presente, sin que haya un acuerdo sobre cuáles son los hechos.

En ese contexto –el del relato de ciencia ficción que se está desarrollando ahora mismo– veo al grupo de científicos que desató el nudo del tiempo. Ellos saben que saben. Lo descubrieron investigando las ondas gravitacionales, previstas por Einstein y corroboradas de forma reciente de manera empírica.

Estas ondas transportan información del espacio-tiempo distinta a la que proveen las ondas electromagnéticas, que han sido nuestra fuente hasta ahora. Y ellas los llevaron a encontrar la clave que abre la puerta del tiempo.

La estrategia con ellos no es silenciarlos sino desacreditarlos; que sus verdades se escuchen como los gritos de un loco. Y funciona. Ahora llega la parte más problemática del relato, desde el punto de vista del autor: ¿qué futuro es ese que ellos saben que es real? Yo me lo imagino tan oscuro como su propia bola de cristal.

Los veo buceando en una suerte de "nueva edad media" en la que el derecho de viajar de forma física está restringido de manera severa y solo se le permite a los miembros de una pequeña élite de cada aldea. Los veo tratando de llegar al fin pero no pueden pasar al siglo XXII, impedidos por una tiniebla inexplicable.

Agarro una llave inglesa y doy una vuelta de tuerca. Ahora estos pioneros empiezan a sospechar que las máquinas futuras –cuya astucia y poder han visto aumentar a medida que avanza el siglo– son las responsables del manto de tinieblas que les impide seguir adelante.

Por otro lado, estas mentes privilegiadas y conocedoras de los secretos por venir no pueden evitar caer en las paradojas de rigor. Dudan en revelar la horrenda realidad que vendrá porque creen que ese es el designio del tiempo, que la propia revelación es la que provocará el pesimismo necesario para que triunfe el mal.

Sé que para llegar a Hollywood esta historia necesita de un héroe joven e impetuoso que patee el tablero y lidere vaya a saber qué rebelión para asegurar que la especie siga disfrutando de comodidad y bienestar duraderos, pero no me sale.

Me imagino un final más sereno, con la decisión del consejo de sabios de beber en la fuente de la ignorancia, cerrar su laboratorio y disfrutar del calentamiento global en familia.

Populares de la sección