Bolivianos go home: la cara xenófoba de los uruguayos

De terror: no quieren recibir inmigrantes a menos que sean blancos con plata

Están entre nosotros. O, peor, nosotros estamos entre ellos ya que son mayoría. Se trata de los uruguayos discriminadores, chauvinistas, xenófobos, esos que, probablemente, se escondan en el falso relato que dice que los nacidos en la banda oriental del Río Uruguay son gente abierta, solidaria, prestos a la equívoca "gauchada". Y aparecen retratados en una investigación de la Universidad de la República divulgada este viernes en el diario El País en donde se revelan una serie de cifras sobre la postura de los uruguayos frente a la inmigración. Los números, aunque fríos, dan náusea.

Es así que siete de cada 10 consultados opinaron que los empresarios deben priorizar a sus compatriotas si el empleo escasea y un 62% considera que hay que darle preferencia a los uruguayos que siempre vivieron en el país sobre aquellos que, en algún momento, se fueron al exterior a buscar una vida mejor.

Como se ve, la mayoría de los uruguayos le revisaría el pasaporte hasta a sus propios compatriotas antes de darles trabajo. Pero, cuando se trata de evaluar a los extranjeros, los orientales del siglo XXl pegan sus peores dentelladas.

Es así que, en esta patria hecha por emigrantes, un 45% de las personas considera una "mala noticia" la llegada de personas de otros países. Pero ese temor no se expresa ante cualquier extranjero. Son selectos de la peor manera. Un 67% considera que, antes de dejar pasar a uno de los sospechosos que vienen de afuera, hay que vigilar que tenga "buen nivel educativo". Es más, un 75% cree que el inmigrante debe estar "dispuesto a adoptar las costumbres y modo de vida del país". Es decir, nada de cosas raras. Termo, mate, fulbito en el medio campo, mediocridad, palo y a la bolsa.

Por si fuera poco, un 12% por ciento de los amables uruguayos advierten que solo deben aterrizar en Carrasco aquellos que tengan "dinero" y un 4% quiere que lleguen al país sólo aquellos que tengan la "piel blanca".

Además, un 23% cree que la llegada de inmigrantes incide en el aumento de la delincuencia sin reparar en que los presos extranjeros son escasísimos.

¿Cuándo empezó en Uruguay esta desconfianza, este rechazo brutal hacia el diferente? ¿estuvo siempre latente y nos comimos el cuento del uruguayo amigable? ¿creció en los últimos años con una bonanza económica que le llenó a varios el trasero de serpentinas? ¿quiénes somos en realidad?

Al parecer, hay uruguayos que se creen europeos y que, por tanto, solo admiten como pares a aquellos extranjeros que vienen del viejo mundo y cuya piel y acento no admite equívocos. No sea cosa de que se cuela algún boliviano.

Cuando en el mundo aparece algún líder extremista, los uruguayos, tan moderados ellos, suelen espantarse. La victoria de Donald Trump en Estados Unidos y la amenaza de Marine Le Pen en Francia difícilmente sean celebradas públicamente por los orientales. Sin embargo, los números fríos de la encuesta de la Udelar nos dicen otra cosa. Nos revelan que estamos más cerca de lo que pensamos de caer en manos de unos de esos populistas que, llenándose la boca con palabras como patria y trabajo, liberan a la bestia parda que se devora todo aquello que tenga el color de lo distinto. Por lo pronto, en esta tierra de paz del tercer mundo, el miedo al extranjero campea sin necesidad de que explote ninguna bomba.


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