Bonomi rindió cuentas y dijo que las rapiñas bajarán este año

El ministro del Interior volvió a decir que comienza a ver buenos resultados
"Esta conferencia la hemos titulado con una afirmación y no una pregunta, con una certeza y no con una duda, con un compromiso y no con una promesa", comenzó su presentación el ministro del Interior, Eduardo Bonomi, ayer en un almuerzo organizado por la Asociación de Dirigentes de Marketing (ADM). "Es posible erradicar la inseguridad", leyó el ministro refiriendo al título de su ponencia y, a partir de ese momento, hizo una pormenorizada rendición de cuentas de su gestión de seis años al frente del ministerio.

Para Bonomi el saldo de ese balance es positivo, a pesar de que el ministro reconoció que "los uruguayos y en particular los que viven en el área metropolitana han sufrido y sufren las consecuencias" del delito. "No oculto la realidad que vivimos, la asumo y estamos trabajando para transformarla", dijo Bonomi.

El ministro marcó dos puntos de inflexión, el primero de manera implícita y el segundo de forma explícita.

Bonomi dijo que antes de su llegada al ministerio, en 2010, la policía tenía métodos, estructuras, diseños institucionales y planes de acción vetustos, anacrónicos e ineficientes. "Teníamos una estrategia orientada a reprimir el delito una vez que se concretaba y no tanto a impedir que éste ocurra", resumió.

En este sentido, el jerarca marcó un antes y un después a partir de su gestión. "Seis años después del 2010 esa realidad ha cambiado, en algunos casos radicalmente", afirmó Bonomi y detalló los cimientos de lo que él denomina "la nueva Policía".

En la segunda parte de su discurso, el ministro del Interior se dedicó a argumentar su frase de avanzada: "es posible erradicar la inseguridad". En ese contexto habló de otro punto de inflexión, ésta vez de forma explícita: "nosotros pensamos que es posible lograr un descenso significativo en las rapiñas y también en los delitos contra la propiedad. El año 2016 será un punto de inflexión", proyectó Bonomi.

El ministro sustentó esa afirmación aludiendo al éxito que, a su criterio, tiene el Programa de Alta Dedicación Operativa (PADO) desde que se empezó a implementar el pasado 11 de abril. Bonomi dijo que el PADO no solo "logró revertir el crecimiento" de las rapiñas sino que este tipo de delito comenzó a descender de forma global. "Si bien el tiempo (de aplicación) es corto, lo que podemos decir es que el modelo funciona, da resultados, logra hacer descender la rapiña". El ministro detalló que entre enero y el 10 abril –cuando aún no estaba en funcionamiento éste programa- las rapiñas crecieron un 3%, mientras que en los últimos dos meses se "logró una baja del 11%".

En virtud del éxito cosechado, el titular del ministerio del Interior aseguró que este programa tendrá continuidad.

De esta manera, Bonomi buscará cumplir la promesa electoral de bajar las rapiñas en un 30% para el fin del período. De hecho, el jerarca aclaró que intentarán que el número de rapiñas para el fin del período sea menor que cuando inició el gobierno, una situación que ninguna administración desde el retorno a la democracia pudo lograr.

SIn embargo, Bonomi advirtió que el resultado de los cambio "no se traduce en forma inmediata en las condiciones de seguridad de la población".

Los números

El nuevo sistema de patrullaje está operativo en 52 circuitos del área metropolitana, de los cuales 28 corresponden a Montevideo. Esas áreas en conjunto tienen un extensión de 42 kilómetros cuadrados, es decir el 8% del total de la ciudad. Bonomi detalló que allí viven 360.000 personas.
Justamente la mayor cantidad de rapiñas (94,4%) durante el 2015 se concentraron en el área metropolitana.

A pesar de que el efecto del impacto de los cubiertos contra los platos y un barullo sostenido durante algunos momentos imposibilitó que los comensales se hicieran eco de todos los números que lanzó el ministro, la conferencia terminó con un aplauso y una ironía. "Ahora que está el PADO todos podemos dormir con las puertas abiertas", dijo el diputado nacionalista, Pablo Abdala, cuando abandonaba Punta Cala.

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