Brasil, Argentina y Paraguay querían dejar tratados sin efecto

Los tres países pensaban tomar acciones unilaterales contra Venezuela
Salvar el Mercosur no fue una mera aspiración utópica del gobierno en la forma de una expresión de deseo, un proyecto de revisionismo histórico o un eufemismo oculto. Cuando el canciller, Rodolfo Nin Novoa, hablaba de "salvar al Mercosur" se refería de manera puntual a un riesgo concreto que Uruguay corría si seguía tirando de la piola en su postura sobre Venezuela: la posibilidad real de quedar por fuera de la dinámica regional que proponen Argentina y Brasil desde un lugar de dominancia.

La actual situación de parálisis y crisis institucional inédita, que fuentes del gobierno alertaron a El Observador en repetidas ocasiones, podía devenir en una ruptura del bloque por impulso de Brasil. Eso fue lo que le transmitió el Poder Ejecutivo al Frente Amplio, según el semanario Búsqueda.
Sin embargo, Brasil no era el único que estaba dispuesto a dar un paso cualitativo para la creación de un nuevo orden regional, explicaron fuentes de gobierno. Además, Paraguay y Argentina estaban dispuestos a seguir su camino sin Uruguay.

En varias de las reuniones del último mes entre los socios fundadores, la diplomacia uruguaya leyó algunas acciones que interpretó en un sentido inequívoco: nada iba a parar a Brasil, Argentina y Paraguay en su decisión de seguir adelante. De hecho, en alguna de las últimas reuniones los tres países llegaron a dejar en claro cuál sería el mecanismo que utilizarían para cumplir con su objetivo: dejar sin efecto de forma unilateral, y cada uno por su lado, los tratados que los mantenían ligados con el Estado venezolano dentro del Mercosur.

La posibilidad que este escenario se concretara dejaría al gobierno de Tabaré Vázquez en una posición muy comprometida como miembro del Tratado de Asunción. Brasil, Argentina y Paraguay, que ya desoían los llamados a reuniones de Venezuela, podían eventualmente hacer lo mismo con Uruguay. Esta situación podía impactar en temas tan sensibles como las negociaciones externas del bloque, sobre todo con la Unión Europea. El gobierno no solo debía "salvar al Mercosur" sino que debía salvarse a sí mismo.

En consecuencia, el Ejecutivo se vio obligado a diseñar una estrategia en la que pudiera salir de esta situación sin cometer el suicidio político que equivalía enfrentarse a Brasil y Argentina.
Había dos hechos incontrastables. Primero, el 12 de agosto vencía el plazo que cuatro años atrás se le había fijado a Venezuela para incorporar a su ordenamiento interno la normativa aprobada por el resto de los miembros plenos del Mercosur. Segundo, a Caracas le quedaban casi 300 normas y muchísimos acuerdos internacionales por incorporar, entre ellos el Acuerdo de Complementación Económica (ACE) N° 18 que es fundamental para el bloque.

De manera tal que, basado en la Convención de Viena sobre el respeto a los tratados internacionales (que en el caso de Venezuela se aplicaría por costumbre) y en el reglamento del Grupo de Mercado Común que en su artículo cuarto permite a los coordinadores adoptar cursos de acción a los efectos de asegurar el funcionamiento del Mercosur en aquellas materias esenciales, la cancillería uruguaya no se opuso a una declaración que intima al gobierno de Maduro a regularizar su situación en el bloque, so pena de quedar sin voto en la organización.

El vicanciller, José Luis Cancela, dijo el miércoles que Uruguay no compartió el planteo de "algunos países" de querer suspender a Venezuela.

"No tenemos una postura sancionatoria, sino más bien cooperativa. Pero había Estados que, en una posición respetable, afirmaron que ante el incumplimiento se debía suspender. Uruguay entendió que desde una posición más constructiva había que darle la posibilidad a Venezuela para que cumpliera. Lo planteamos, se negoció y finalmente los países resolvieron extenderle el plazo a Venezuela hasta el 1º de diciembre para que incorpore la normativa", señaló Cancela.

Todas las miradas apuntan ahora al gobierno de Nicolás Maduro.

Vázquez buscará impulsar la relación con Brasil

El presidente Tabaré Vázquez mantendrá la primera reunión bilateral con su par brasileño, Michel Temer, la próxima semana en Nueva York cuando los dos líderes lleguen a esa ciudad para participar de la Asamblea General de las Naciones Unidas.

El encuentro fue solicitado por Brasil y tendrá lugar después de que los dos Estados pasaran recientemente por un espacio de tensión en sus relaciones. De forma tal que el gobierno uruguayo aprovechará la ocasión para dar un impulso político a las relaciones.

"Las relaciones entre el Uruguay el Brasil son muy viejas, muy antiguas, muy sólidas, y son relaciones de fundamental importancia para nuestro país, independientemente de los gobierno que pueda haber en un país o en el otro. El encuentro entre los presidentes deberíamos leerlo como un impulso político a estas relaciones", dijo el vicecanciller José Luis Cancela el miércoles en rueda de prensa.

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