Brasil comenzó a definir futuro político en maratónicos debates

Primera sesión de la Cámara ocupó toda la jornada del viernes y hoy continuarán debatiendo
La Cámara de Diputados comenzó ayer con la primera de las tres sesiones extraordinarias que definirán el futuro del proceso de impeachment contra la presidenta Dilma Rousseff, acusada de maquillaje de cuentas públicas. La sesión se extendió a lo largo de toda la jornada y continuará hoy durante todo el día. En total, serán 25 horas de testimonios, ya que la cámara está fragmentada en 25 partidos y cada uno de ellos tendrá una hora para realizar sus alegatos. La finalización de esta fase del proceso está prevista para mañana, cuando cerca de la hora 21 se realizará una votación final que decidirá si la moción pasa a la Cámara de Senadores.

La aprobación del impeachment en Diputados requerirá el apoyo de 342 de los 513 escaños (dos tercios), cualquiera sea el número de legisladores presentes. Si la moción no suma ese número de votos, el proceso se archivará.

La jornada en el Congreso brasileño estuvo marcada por los discursos de los legisladores, que en función de su afiliación partidaria se situaban a favor o en contra de una eventual destitución de Rousseff. Los diputados proclamaron discursos pasionales, en busca de modificar una historia que, según los sondeos, esta prácticamente definida.

La sesión comenzó con la presentación de los argumentos de la acusación, que señalaron los "crímenes de responsabilidad" cometidos por la presidenta al haber manipulado las finanzas del Estado y abrir créditos sin la aprobación del Congreso en 2014 y a inicios de 2015. El abogado general del Estado, José Eduardo Cardozo, negó los cargos y denunció una tentativa de "golpe", lo que indignó a los opositores y ganó los aplausos de los diputados del Partido de los Trabajadores (PT), que gritaban "¡No habrá golpe!".

A su vez, Cardozo apuntó contra el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, uno de los principales enemigos del PT, por ser quien dio el visto bueno al juicio político contra Rousseff. Cunha también es investigado por el Supremo Tribunal Federal por denuncias de sobornos vinculados al escándalo de la petrolera estatal Petrobras.

Antes de ingresar a la sesión, Cunha reconoció la gravedad del proceso y aseguró que la Cámara asumirá la responsabilidad de conducir las sesiones de manera que "haya una decisión, sea cual sea, para que el país tenga una respuesta y siga su vida normal".

Otro de los protagonistas de la jornada fue el ex presidente Lula da Silva, quien a través de un video defendió a su discípula de los ataques de la oposición. El exsindicalista metalúrgico instó a los diputados a no embarcarse en "aventuras, creyendo en el canto de sirena de los que se sientan en la silla antes de tiempo". "Quien traiciona un compromiso sellado en las urnas no va a respaldar acuerdos hechos en las sombras (...; el golpe del impeachment no pasará", declaró Lula.

La destitución de Rousseff también parece encontrar su sustento en la aprobación de los brasileños, ya que este índice alcanzó mínimos históricos. Asimismo, según una encuesta de Datafolha publicada la semana pasada, 61% de ciudadanos está a favor del impeachment, mientras que 60% considera que la presidenta debería renunciar. Llama la atención, sin embargo, que casi el mismo porcentaje quiere que el vicepresidente Michel Temer también renuncie a su cargo y no asuma como eventual presidente de Brasil.

Estos resultados contra Temer parecen seguir la línea del resultado que podría obtener si fuese candidato presidencial.

Según la misma encuestadora, si Temer se presentara a elecciones regulares, obtendría tan sólo 1% de los votos, dato que los oponentes al impeachment han utilizado con frecuencia a la hora de argumentar su posición.

Los Sin Tierra amenazaron con una huelga general

Las primeras repercusiones de las sesiones de la Cámara de Diputados fueron de parte del movimiento social de los Sin Tierra, que amenazó con convocar una huelga nacional si los diputados aprueban el impeachment.

El líder del movimiento, João Pedro Stédile, afirmó que hablará con los sindicatos para "parar el país" y "no dejar dormir" al vicepresidente Michel Temer, primero en la línea de sucesión en el caso de que se apruebe la destitución de Rousseff.

"Si no vamos a la calle, no ganamos esta", dijo Stédile en una charla con militantes de izquierda, en un campamento instalado en Brasilia por los grupos que apoyan a la presidenta.

Según el líder campesino, el proceso de destitución ha sido orquestado por las empresas y tiene como objetivo "la vuelta al neoliberalismo" y "quitar los derechos de los trabajadores"

Stédile vaticinó que la contienda será "de larga duración" y "probablemente va a durar hasta 2018", año de las próximas elecciones, por lo que pidió a la militancia que se mantenga movilizada.

El Movimiento Sin Tierra es la mayor asociación campesina de Brasil y se originó durante la década de los 70.

Fuente: Agencias

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