Brasil, principal socio regional de Uruguay, se adentra en la crisis

El año pasado la economía norteña se contrajo 3,8%, su peor desempeño en 25 años
Por Emilia Salaverría y Mayte De León

En línea con la recesión que registra la economía brasileña en el último tiempo, el año pasado la actividad económica del país norteño se contrajo al mayor ritmo en 25 años y redujo su Producto Interno Bruto (PIB) 3,8% frente al prácticamente nulo crecimiento que mostró en el año anterior, cuando la suba había sido de 0,1%, según los datos oficiales que divulgó ayer el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE). Así, el retroceso de la actividad fue el mayor desde 1990 cuando la economía retrocedió 4,5%.

La caída libre de los precios de las materias primas fruto de la desaceleración china, a lo que se suman escándalos de corrupción como el de la estatal Petrobras y la crisis política que atraviesa al gobierno de la presidenta Dilma Rousseff han puesto en jaque a la economía del país más grande de América Latina.

La turbulencia que atraviesa el país vecino también repercutió de este lado de la frontera. El sector exportador evidenció el impacto del bajón brasileño.

El año pasado las ventas a ese destino cayeron 29,8% frente a 2014, siendo el declive más agudo desde al menos catorce años, según los datos de Uruguay XXI. La baja sucedió por segundo año consecutivo cuando en el período previo el declive fue de 7,8%, tras tres años consecutivos de desaceleración.

A su vez en el bimestre enero y febrero de este año las colocaciones locales en Brasil profundizaron la caída con un descenso de 42,3% respecto a igual periodo de 2015.

"El importador todo lo que es riesgo no le gusta asumirlo, cosa lógica, y a su vez los costos en Brasil medidos en dólares han bajado significativamente, de manera mucho más significativa que acá", sostuvo el presidente de la Unión de Exportadores del Uruguay (UEU), Álvaro Queijo.

El directivo de la gremial exportadora señaló que, por un lado, el mercado brasileño recortó su consumo y, por el otro, se produjo un fenómeno de tonificación de los competidores en ese país de los exportadores uruguayos, que ahora tienen capacidad ociosa para presionar sobre los precios.

Así, de acuerdo a los datos recopilados por el instituto uruguayo desde hace al menos cuatro años, la cantidad de empresas que exportan a Brasil viene en descenso acentuado. El año pasado 414 empresas locales vendieron a ese destino, lo que implicó que 10,6% menos empresas colocaran en el mercado brasileño frente a 2014. De igual modo, si se compara con el último dato anterior disponible –2011– el número de empresas se redujo 22,5%.

Sin considerar a las firmas que comenzaron a vender en 2015, de las que ya estaban participando en ese mercado, el 70,1% vendieron menos, mientras que el resto (29,9%) aumentaron sus colocaciones.

De ese modo, el menor dinamismo generó una pérdida en la participación total de exportaciones a ese destino. Mientras que en 2010 las colocaciones uruguayas a Brasil tuvieron un récord de ventas respecto al total exportado, al representar 21,7% del total, en los años siguientes la participación del vecino país comenzó a perder peso de forma ininterrumpida hasta representar el año pasado el 15,1% total vendido. En lo que va del año, la participación volvió a descender y alcanzó 12,9% del total exportado.

Competitividad


Por otro lado, Queijo sostuvo que, dado que los productos que se colocan en Brasil "tienen un poco más de valor agregado" que los que se exportan a otras latitudes y que cuentan con la ventaja de abonar un flete barato por la cercanía de ese país, es complicado pensar qué otros mercados pueden actuar como sustitutos.

"Siempre se están buscando mercados y alternativas pero para los productos estos –como autopartes, plásticos, incluso la cebada– es difícil pensar en mercados más lejos porque no tenemos la competitividad para cubrir esa diferencia de flete", apuntó Queijo.

El empresario indicó que se trata de sectores que hoy están "sufriendo mucho", a los que hay que tratar de "apuntalar".

Como armas para lograrlo nombró la devolución de impuestos o la mejora de algunos costos como la energía, para "que se parezcan más a los costos actuales de Brasil, para que estos sectores puedan competir en esta coyuntura".

Para el presidente de la UEU, se necesita trabajar más en el terreno de la competitividad para tener siempre mercados abiertos.

"Muchas veces cuando nos concentramos en un mercado, como ha pasado quizá con los tan mencionados lácteos en Venezuela, es porque no tenemos capacidad competitiva para llegar a otro", dijo. En relación a la concreción de vínculos comerciales con países como el caribeño, Queijo apuntó que hay que "jugar con fuego porque es la única manera de que los números cierren".

La competitividad con Brasil alcanzó el año pasado los menores niveles desde 2003, según el Índice de Tipo de Cambio Real de El Observador (ITCR-EO).

Aun así, según el informe semanal Focus del Banco Central de Brasil y los datos procesados por la Unidad de Análisis Económico de El Observador, se espera que para este y el siguiente año el panorama se no sea tan oscuro en términos competitivos, y que la relación con el principal socio comercial mejore 5,8% durante 2016 y 7% en 2017.

De acuerdo a Queijo, la solución de fondo es "ser competitivos para el mundo y no solamente para algunos mercados, que después cuando se caen o sufren efectos económicos tan nefastos como los que está teniendo Brasil hoy" dejan a los exportadores "colgados del pincel".

Intervención sin mejora

El presidente de la Unión de Exportadores (UEU), Álvaro Queijo, hizo alusión al rol "muy importante" que juega el tipo de cambio en la competitividad. "Siempre nos dijeron que el tipo de cambio acá iba a flotar libremente (pero) hace prácticamente nueve meses que el (Banco) Central está interviniendo seguido en el mercado, haciendo que no tenga esa flotación limpia que debería tener y que es sano para el país que tuviera". Esto, dijo, recortó a "más de la mitad" las reservas del BCU y no mejoró la competitividad del país.

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